Ray Allen, ¿exilio por traición? Una historia de amor y desamor en Boston
Rajon Rondo (9), Ray Allen (20, Paul Pierce (34) y Kevin Garnett (5). | Fotografía: Jim Davis / Boston Globe

Ray Allen es, para muchos, el mejor triplista de la historia. Puede que Curry haya pulverizado ya muchos de sus records, y seguramente vaya a hacer lo propio con los que restan; pero Allen seguirá estando en otra dimensión.

En cuanto a tirador puro se refiere, seguramente sea el mejor que se ha visto jamás. Siempre seguro, siempre calmado y siempre letal, Jesus Shuttlesworth es una auténtica leyenda que volvía locas a todas las defensas de la liga. Su sola presencia en pista alteraba a todos los defensores, obligados a tener siempre un ojo encima suyo. Y es que, si no lo hacían, lo acababan pagando.

Orgullo celtic

Una de las etapas más importantes de su carrera y seguramente por la que más se le recuerda es el tiempo que vistió de verde celtic. Es cierto que jugó más tiempo en Milwaukee y que promedió sus mejores números en Seattle, pero en Boston fue grande, fue campeón.

Inicio de algo grande

Todo comenzó en la noche del Draft de 2007, cuando Danny Ainge fue capaz de hacerse con los servicios de Ray Allen tras un ingenioso traspaso. Así, Allen se unía a Paul Pierce y fundaban lo que días después se convertiría en un Big Three, cuando los Celtics se hicieron, también, con Kevin Garnett. De esta manera, la ciudad  de Boston volvía a llenarse de esperanza, tras dos temporadas para olvidar.

El éxito de los nuevos Celtics fue inmediato. El equipo pasó de quedar último de la Conferencia Este y tener el peor balance de la liga, a ser el mejor equipo de la NBA. Gracias a las tres superestrellas, que promediaban juntas casi 56 puntos por encuentro, y a un joven Rajon Rondo, fueron capaces de conseguir la mayor mejora en la historia de la liga. Pasar de 24 victorias a 66 en un solo año es algo nunca visto en la historia de la liga. Lo más parecido a eso que ha ocurrido fue cuando LeBron se marchó a los Heat, lo que hizo que los Cavaliers pasasen de 61 victorias a 19. También fueron 42 partidos de diferencia pero, como es obvio, ese hito no provocó el mismo orgullo.

Se hicieron pronto con el control de la liga, mostrando cada noche que la mente privilegiada de Danny Ainge había obrado prácticamente un milagro. La temporada regular fue un mero trámite para ellos. Mientras anotaban 10.2 puntos más que sus rivales cada noche, los jugadores tenían la cabeza puesta en junio, donde les esperaba su verdadero objetivo.

Fue en abril cuando, por fin, llegaron los playoffs y con ellos, la verdadera competición. Tal vez demasiado confiados, los Celtics tuvieron una andadura más dura de lo esperado. En primera ronda, los Hawks los pusieron contra las cuerdas, pero los de Boston fueron capaces de llevarse la serie en siete partidos. Lo propio pasaría contra los Cavs de LeBron James, en una serie que marcaría el inicio de una de las mayores rivalidades en la carrera de LeBron. Fue la primera vez que se vieron las caras, pero nada acabaría allí.

Llegaban así los Celtics a las Finales de Conferencia, donde le esperaban los siempre duros Detroit Pistons. La serie fue un toma y daca constante, donde solo las genialidades de Kevin Garnett y Paul Pierce pudieron inclinar la balanza. Así era como los Celtics llegaban, 21 años después, a unas nuevas Finales de la NBA. Después de tanto tiempo, no podían encontrar otro rival que los Lakers, su mayor némesis.

Por fin llegaban las Finales, lo que tanto habían ansiado durante la temporada. Fueron unas series duras, contra unos Lakers de Kobe y Pau que empezaban a carburar pero el Big Three fue demasiado. Ray Allen se salió en cada encuentro, anotando más de un 50% de sus tiros de campo y más de un 52% de sus triples. Kevin Garnett defendió y capturó rebotes como solo él sabe. Paul Pierce siempre estuvo listo en los momentos más tensos. Entre los tres promediaron 60 puntos por partidos y derrotaron a los Lakers en seis encuentros, aniquilándolos por 39 puntos en el último encuentro y llevándose el anillo 22 años después.

Plantilla al completo de los Celtics, celebrando el título en 2008. | Fotografía: Boston Globe
Plantilla al completo de los Celtics, celebrando el título en 2008. | Fotografía: Boston Globe

El trébol no dio suerte

Tras ganar el ansiado decimoséptimo anillo en la historia de los Celtics, las cosas pintaban muy bien para lo que parecía ser una nueva dinastía. La primera temporada había sido sublime, prácticamente inmejorable, y comenzaron su segunda campaña con las mismas ganas.

Durante el inicio de temporada, siguieron asustando. Fueron capaces de empezar con un gran balance de 27 victorias y dos derrotas, el mejor comienzo en la historia de la liga. Todo iba viento en popa hasta que Kevin Garnett se lesionó, perdiéndose los últimos 25 partidos de liga regular y todos los playoffs. Como era de esperar, los Celtics acusaron en gran medida la baja de Garnett y, pese a acabar con el segundo mejor balance de la Conferencia Este, los playoffs fueron demasiado duros para ellos. Unos Celtics cojos cayeron en semifinales de conferencia frente a los Orlando Magic de Dwight Howard.

La temporada 2009-2010 debía ser en la que se redimiesen y demostrasen que aún podían ganar el anillo. Empezaron, de nuevo, como una exhalación, y Doc Rivers decidió dar descanso y disminuir la carga de minutos de sus estrellas el resto de temporada. El intento de que llegasen con energía a los playoffs les hizo caer hasta la cuarta plaza del Este, obligándoles a enfrentarse a los Cavs de LeBron en Semifinales de Conferencia. La serie despertaba muchas dudas en el entorno de los Celtics; pero su, ahora, Big Four al que se había unido Rajon Rondo fue capaz de atar a King James y eliminarlo en seis partidos. Esta sería una serie vital para la NBA, ya que daría energía a los Celtics para seguir y haría que LeBron se marchase de Cleveland, rumbo de South Beach.

Los Celtics continuaron su andadura, eliminando y vengándose de los Magic para volver a las Finales de la NBA para enfrentarse, de nuevo, a los Lakers. Los de púrpura y dorado eran ahora los vigentes campeones y tenían la experiencia y la química necesarias para enfrentarse a los de Boston. La serie estaba siendo, como se esperaba, muy igualada, pero los Celtics se pusieron en una magnífica posición, ganando la serie por 3-2 a falta de los dos últimos partidos, en Los Angeles. Durante el sexto partido, el que esperaban que fuese el definitivo, Kendrick Perkins cayó lesionado. Es cierto que no era el mejor jugador del equipo, pero los obligados cambios en la rotación y los ajustes defensivos de los Lakers acabaron pasándoles factura. De tal forma, cayeron en el sexto y séptimo partido, perdiendo el campeonato en manos de los Lakers.

A título individual, la serie fue un suplicio para Ray Allen, que promedió 14.6 puntos por encuentro y unos mediocres 36.7% de acierto en tiros de campo y 29.3% de acierto en triples. Más allá de la lesión de Perkins, muchos creen que la culpa de la derrota fue de Allen, que no pudo sobreponerse a la defensa de los Lakers como lo había hecho dos años atrás.

Kevin Garnett, Paul Pierce (34) y Ray Allen (20), frustrados durante las Finales de 2010 frente a los Lakers. | Fotografía: NBA.com
Kevin Garnett, Paul Pierce (34) y Ray Allen (20), frustrados durante las Finales de 2010 frente a los Lakers. | Fotografía: NBA.com

El calor pudo con ellos

Pese a la derrota en las Finales, los Celtics seguían siendo un grandísimo equipo y su proyecto aún no había acabado. Es cierto que cada vez pasaba más tiempo y la edad les empezaba a pasar factura, pero aún estaban decididos a dar guerra.

La temporada 2010-2011 estuvo marcada en la NBA por ser la primera de LeBron James en Miami Heat, junto a Wade y Bosh. Este nuevo Big Three estaba llamado a dominar la liga, pero había algo diferente en ellos. El hecho de que se hubiesen juntado como agentes libres, hacía que la opinión de los aficionados no fuese la misma que la que tenían respecto a los Celtics. Mientras unos eran admirados, los otros eran odiados.

La campaña de los Celtics siguió siendo buena, acabando terceros del Este solo por detrás de Bulls y Heat. Llegaron los playoffs y aniquilaron a los Knicks en primera ronda, pasándoles por encima y eliminándolos en cuatro partidos. En Semifinales de Conferencia la película fue un poco diferente ya que, en esta ocasión, se enfrentaban a los temibles Heat. Es cierto que se esperaba una serie dura para los Celtics, pero nadie podía adivinar lo que acabó ocurriendo.

Los de Miami mostraron una superioridad inaudita y eliminaron a los de Boston en cinco partidos. Pierce, Allen y Garnett se vieron superados por una versión más joven, más fuerte y más ágil de ellos mismos. Los más de 16 puntos que promedió Allen y sus grandes porcentajes no fueron suficiente para plantar cara a los Heat de Lebron, Wade y Bosh, que avanzaron hasta las Finales de la NBA en su primera campaña juntos.

La siguiente campaña tuvo una historia relativamente similar. Pese a que la temporada regular de los Celtics no fue tan buena como la anterior, acabaron cuartos en el Este y entraron en unos playoffs que marcarían su dinastía, así como la historia reciente de la liga.

En primera ronda, se encontraron con unos Hawks que les llevaron hasta los seis partidos pero que no fueron capaces de detenerlos.  En las Semifinales de Conferencia se encontraron con unos Sixers que venían de derrotar al primer clasificado del Este y contra los que disputaron una dura serie que acabó decidiéndose a favor de los verdes en el último y séptimo partido. De esta forma, los Celtics avanzaron hasta las Finales de Conferencia donde se enfrentarían, de nuevo, a LeBron James y sus Heat.

La serie pintaba muy negra para los de verde, que se enfrentaban a los grandes favoritos a ganar el anillo. Los Heat se llevaron los dos primeros partidos y pusieron a los Celtics contra las cuerdas. En aquel momento, los de Boston reaccionaron y ganaron tres partidos consecutivos para darle la vuelta a la eliminatoria. Tal vez los Heat se habían confiado demasiado pero ya era tarde para lamentarse, tenían que ganar dos partidos para evitar que les apearan de la lucha por el anillo. Los Heat estaban a las puertas de una eliminación que habría confirmado su fracaso y hubiese puesto fin, probablemente, al proyecto. Fue entonces cuando LeBron firmó una de las mejores actuaciones en la historia de los playoffs y los Heat se hicieron con el sexto partido, aprovechando la inercia para llevarse también el séptimo y la serie, avanzar a las Finales y llevarse el anillo.

LeBron James (6), en el legendario sexto partido de 2012, anotando sobre Paul Pierce (34) y Kevin Garnett (5). | Fotografía: AP Photo / Charles Krupa
LeBron James (6), en el legendario sexto partido de 2012, anotando sobre Paul Pierce (34) y Kevin Garnett (5). | Fotografía: AP Photo / Charles Krupa

El fin de una dinastía

De manera extraoficial, esa fue la manera en la que los Heat y LeBron acabaron con la dinastía de los Celtics. Cuando empezase la temporada, Pierce, Garnett y Allen superarían ya los 35 años de edad y se veían lejos de disputar el trono a LeBron y los suyos. Fue entonces, con el panorama más que turbio para los Celtics, cuando Ray Allen decidió abandonar el equipo. Lo que hubiese sido algo comprensible, se convirtió en prácticamente una traición cuando firmó por los Heat por menos dinero, con tal de poder luchar por el anillo.

Sin Ray Allen, los Celtics intentaron reconstruir el equipo a fuerzas forzadas, pero no fueron capaces. Consiguieron ganar 41 partidos y entrar en los playoffs, pero cayeron ante los Knicks en primera ronda. Tras la mala campaña vieron que era imposible volver a la cima con el bloque de jugadores que tenían y desmontaron completamente el proyecto. Doc Rivers se marchó a entrenar a los Clippers, mientras Paul Pierce y Kevin Garnett fueron traspasados a los Brooklyn Nets.

Los Celtics del Big Three ya no existían. Cinco años juntos en los que consiguieron llegar a dos Finales de la NBA y ganar un anillo. Cinco años en los que la dureza de Garnett, la decisión de Pierce y la técnica de Allen dominaron la liga y mostraron el camino a otros ‘súper equipos’, marcando la tendencia de la liga en estos últimos años. Sin saberlo, los Celtics fueron mucho más importantes de lo que ellos imaginaron y crearon un monstruo contra el que ellos mismos tuvieron que enfrentarse.

Y el trébol ardió

Como era de esperar, la marcha de Ray Allen en 2012 a los Heat no fue recibida de la mejor manera posible. Es cierto que el proyecto tenía los días contados y era cuestión de tiempo que se desmantelase, pero sus compañeros no pudieron evitar sentirse traicionados. Los Celtics entendían su equipo como una hermandad y el hecho de que Allen la abandonase para cobrar la mitad de lo que la franquicia le ofrecía, con tal de ir a parar a los Heat, les pareció una puñalada por la espalda.

Una decisión imperdonable

Desde el mismo instante en el que se anunció su decisión, sus antiguos compañeros cortaron cualquier tipo de relación con él. Paul Pierce declaró no tener intenciones de desearle suerte en el futuro próximo, mientras Garnett dijo que ya no tenía el número de Ray y que no buscaba comunicarse con él. Por su parte, Rondo parecía el más dolido e incluso evitaba pronunciar el nombre de Allen cuando le preguntaban por la situación.

Al parecer, Ray Allen había sido una especie de mentor para Rondo en sus primeras temporadas, pero la relación se había deteriorado de manera drástica, llegando incluso a tener acaloradas discusiones en su última campaña juntos. Como ha podido verse esta temporada con sus declaraciones acerca de los Bulls, Rondo siempre ha valorado la hermandad y compromiso de un vestuario, con lo que la marcha de Allen le dejó más que tocado.

Nadie podía creer lo que acababa de suceder.  No era solo que Allen se marchase a otro gran equipo; era a dónde se marchaba. Se marchaba al equipo más odiado de la liga. Aquel equipo que les había eliminado dos años seguidos. Aquel equipo al que habían tenido contra las cuerdas pero que había remontado la eliminatoria gracias a una actuación legendaria de LeBron James. Sí, LeBron. Además se marchaba para jugar con él. Aquel jugador al que se habían enfrentado en tantas ocasiones. Aquel jugador al que prácticamente habían obligado a marcharse de Cleveland. Aquel jugador que había tenido que formar el Big Three de Miami para poder derrotarles. Ray Allen traicionaba a la hermandad verde para marcharse al peor lugar donde podía ir.

Ray Allen (34), en su primera vuelta a Boston como miembro de los Heat. | Fotografía: Nancy Lane / Boston Herald
Ray Allen (34), en su primera vuelta a Boston como miembro de los Heat. | Fotografía: Nancy Lane / Boston Herald

La única salida

Para Allen, él había tomado una decisión de negocios y había elegido la única salida posible. El jugador siempre había valorado la capacidad de decidir su futuro y, teniendo en cuenta que había sido traspasado en dos ocasiones, nunca había sido realmente capaz de elegir el rumbo de su carrera.

En los últimos años en los Celtics, su nombre había aparecido siempre en los rumores de traspaso, y parecía el único miembro del Big Three que la franquicia estaba permitida a perder. Su situación era, en este aspecto, muy diferente a la de Garnett y Pierce. Mientras ellos gozaban de un puesto y una confianza inamovibles, Allen parecía estar siempre rodeado de dudas.

Según él lo veía, podía renovar por el equipo y que lo traspasasen en cuestión de una o dos temporadas o podía elegir su propio destino. Una decisión que parece más que sencilla. Hasta ahí, ningún problema. El problema para sus compañeros fue a dónde se marchó. El hecho de que se fuera al enemigo, al equipo más odiado de la liga… Eso era algo que no podían perdonar.

Un movimiento sin precedentes

La situación es muy difícil de analizar, porque no hay ningún caso real con el que compararlo. Incomparables eran aquellos Heat a los Celtics del Big Three. Los Celtics se formaron desde los despachos, a raíz de una serie de traspasos magistrales del propio Danny Ainge, mientras que los Heat se formaron a través de la agencia libre. Eso significa que los Heat no dieron nada a cambio de LeBron y Bosh y, además, que los jugadores pudieron elegir su futuro. Fueron ellos los que decidieron que querían formar ese equipo, dando otro nuevo precedente a lo que es la NBA hoy en día. Los Heat se formaron a raíz del deseo de tres super-estrellas y que Allen se marchase para jugar con ellos, también durante la agencia libre, poniéndolos por encima de los Celtics, fue algo muy duro.

Pero tampoco era comparable la marcha de Ray a la de LeBron a Miami porque, mientras Allen y su equipo estaban de capa caída, James estaba en la cima de su carrera. Ni es comparable a la marcha de KD a los Warriors porque sí, ambos se marcharon al enemigo, pero uno para ser la nueva estrella y el otro para ser un revulsivo desde el banquillo. Mientras unos podrían haber continuado todas sus carreras en sus respectivos equipos, la etapa de Ray Allen en los Celtics estaba llegando a su fin, lo quisiera él o no.

Paul Pierce (34  Celtics) y Ray Allen (34 - Miami)
Paul Pierce (34 – Celtics) y Ray Allen (34 – Miami), sin mirarse durante la temporada 2012-13. |
Fotografía: Brian Babineau / NBAE via Getty Images

Nada parece haber cambiado

Prácticamente cinco años después de la decisión que acabó con el Big Three de Boston, los miembros de aquel equipo siguen sin entender lo que ocurrió. Pese a que ya no se respira ese odio que podría palparse justo después de su marcha, nada ha vuelto a ser lo mismo. La relación de Allen y sus ex compañeros parece irreparable y no se atisba ninguna señal de cambio.

Las heridas siguen abiertas

Hoy en día, poco o nada ha cambiado en cuanto a los Celtics y su opinión acerca de Ray Allen. Según parece, Rajon Rondo está planeando unas vacaciones conjuntas este verano para celebrar, con antelación, el décimo aniversario del equipo que fue campeón en 2008 y no tiene ninguna intención de invitar a Allen.

“Estábamos en guerra con ellos [Miami Heat],” comentaba Rondo sobre la marcha de Allen. “Irse al enemigo es algo inaudito en el mundo del deporte. Bueno, ya no lo es tanto. Es realmente común hoy en día”.

Pero la decisión no es solo de Rajon Rondo. Según ha declarado el base, preguntó a algunos de sus antiguos compañeros y todas las respuestas que recibió fueron negativas. Es de suponer que Rondo tampoco se esforzó demasiado para intentar convencerles, pero la respuesta unánime no deja de sorprender.

Por lo que parece, la sensación sigue siendo de traición al ver que Allen se marchó al enemigo. Pese a que estos días no ha querido declarar sobre el asunto, hace apenas un año, Paul Pierce explicaba la situación desde su punto de vista.

Fue una situación dura porque sentimos que era una traición. Por eso dejamos de hablarle,” comentaba Pierce. “Intenté llamarle antes de que firmase con Miami. Eran nuestros rivales. Éramos hermanos. […] Entonces, de golpe, se marchó. Aquella fue la mayor decepción. Que ni siquiera me devolviese las llamadas”.

Hora de pasar página

El revuelo que se ha causado en los últimos días acerca de la fiesta organizada por Rondo no ha dejado a nadie indiferente. Y, como no podía ser de otra manera, la noticia a llegado a oídos de Danny Ainge. La leyenda de los Celtics, tanto por lo conseguido sobre el parqué como desde los despachos fue el que orquestó la formación del Big Three y tiene todo el derecho de opinar sobre el asunto.

Que Ray no sea invitado a la reunión sería como si yo celebrase el título de 1986 sin Kevin McHale. Parece ridículo,” comentaba la leyenda y actual presidente de los Celtics el pasado lunes. “Llegamos a donde llegamos gracias a Ray. Fue una parte importante del éxito del equipo”.

“Sé que hubo una pequeña grieta en el equipo,” continuó comentando Ainge. “Pero no sé hasta qué punto como para que, a estas alturas, Ray no sea invitado a la reunión del equipo de 2008… Solo cabe esperar que el tiempo cure las heridas”.

No hay nadie que conozca los Celtics mejor que Danny Ainge. Tanto en su etapa de jugador como en la de directivo, Ainge ha sido capaz de conocer todos los entresijos de la franquicia y amarla como pocos lo han hecho. Es muy difícil que Rondo y los demás miembros de aquel equipo perdonen lo que hizo Ray Allen, ya que el sentimiento de traición no se olvida así como así; pero si Ainge, que posee una de las sangres más verdes del planeta, ha sido capaz de pasar página, tal vez sería hora de que todos enterrasen el hacha de guerra.

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