Quini, el alquimista del gol

Quini, el alquimista del gol

La Alquimia surgió del estudio y la experimentación de la transmutación de la materia, de la búsqueda de la Piedra Filosofal y la Panacea Universal. Los alquimistas buscaban de forma incesante la tintura, elixir o la quinta esencia capaz de transmutar por simple contacto el metal fundido en oro. Jugando a aprendiz de brujo estos viejos sabios demostraron que la magia era ciencia y viceversa, sospechosos de brujería llegaron a ser perseguidos y el objeto de su estudio prohibido. En sus antiguos y rudimentarios hornos de carbón se fundieron sueños sobre piedras filosofales y se comenzaron a sentar las bases de la química, la metalurgia y la siderurgia.

pivarnic
Mariano Jesús Camacho

Una apasionante historia de brujos y sabios, la de una ciencia precursora de la química, quizás tan antigua como el propio hombre. El estudio y la afanosa investigación en busca de la transmutación de la materia y la conversión del metal innoble en oro.

Personajes y elementos esenciales para el desarrollo de la historia futbolística que hoy rescato para vosotros, del fondo de una polvorienta caja olvidada de nuestro desván del recuerdo. En su interior un viejo álbum de Ediciones Este de la temporada 72/73 me transporta a otro fútbol y proporciona la desvencijada imagen de un viejo cromo y un futbolista que con sus brazos en jarra y los colores del Sporting me recuerda vivamente que convirtió su oficio en pura alquimia futbolística, su nombre Enrique Castro Quini, "El Brujo"

Y digo bien al vincularlo con la alquimia porque siendo aprendiz de brujo esférico surgió como tal de elementos tan próximos a ella como el carbón y la siderurgia, con los que logró transmutar en oro y metales nobles la piedra filosofal de su existencia futbolística: el gol. No en vano este ovetense nacido en 1949 y residente en Oviedo hasta los cinco años comenzó a vivir su particular aventura esférica en Aviles, localidad equidistante a Oviedo y Gijón, en la que el Colegio Salesiano Santo Ángel y el Grupo Deportivo Bosco le proporcionaron sus primeros sueños alquímicos sobre el carbón. Correteando por el que fue su primer campo de fútbol "La Carbonilla", que como su nombre indica, era de carbón fino esparcido por encima del duro terreno.

Hijo de Enrique Castro -del cual heredó su célebre apodo Quini- sus otros dos hermanos también dedicaron buena parte de sus vidas al fútbol, aunque curiosamente en la posición más antagonista posible a la que le convirtió a él en leyenda. Una familia sin duda modesta pero muy noble, tanto como aquel preciado metal. Con cinco años se establecieron en Avilés, en el poblado de Llaranes, en el que su padre encontró el sustento familiar en la Empresa Nacional Siderúrgica Sociedad Anónima -ENSIDESA-.

En Avilés mantuvo sus primeros contactos con la Metalurgia y la Siderurgia, y comenzó a sentar las bases de su alquimia futbolística. En las filas del Bosco Ensidesa transcurre su infancia y su adolescencia, su recital goleador. Luego pasa a las filas del Club Deportivo Ensidesa de Tercera División, donde reafirma su sueño de ser futbolista y comienza a hacer alquimia y brujería con un balón. Su hermano Suso Castro le veía desde la portería, dicen que jugaba con el once y como extremo, pero ya en aquel entonces los defensores no se explicaban cómo habiendo tocado un solo balón era capaz de convertir en oro todo lo que tocaba. ¿Era brujería, era alquimia? No, era Enrique Castro González, "Quini".

Siendo aún un simple aprendiz de brujo y trazando su trayectoria hacia el gol desde la posición de extremo logró captar la atención de los técnicos del Oviedo, que intentaron sellar su incorporación para su conjunto filial, pero la seguridad de seguir creciendo en Llaranes y en las filas del Ensi pesaron más en una decisión que a la larga se comprobó ser acertada. Especialmente por la llegada al Ensi de un nuevo técnico llamado José Luis Molinuevo, que tomó la crucial decisión de colocarle en la posición de delantero centro.

Jugando aún a aprendiz de brujo recupera su alquímica búsqueda hacia el gol y se exhibe firmando cuatro tantos en un partido ante el filial del Sporting. Hecho crucial que propicia su pase al Sporting, el 9 de noviembre de 1968 y su posterior debut, un 22 de diciembre en el Estadio Benito Villamarín de Sevilla, ante el Real Betis. Un debut materializado pero quizás no el soñado puesto que el joven Quini se mató a correr pero no consiguió culminar su trabajo con un gol. Una semana más tarde arrancaba su leyenda con un primer gol ante el Racing de Ferrol, un perfecto cabezazo con el que nos mostró los fundamentos técnicos de uno de los remates que mejor dominaba en busca de la piedra filosofal.

A partir de ese momento el estadio El Molinón le rindió pleitesía, el atronador "Ahora Quini" de la grada puso la banda sonora a su carrera y alentó de forma inalterable los momentos previos a su estelar aparición. Por aquel entonces ya se había ganado el apodo de "El Brujo" y lo que hacía en el arte del remate era pura alquimia, con ambas piernas, con su sensacional remate de cabeza -sin el tempo y el salto de Carlos Santillana-, pero con una sublime colocación. Con su temible volea, la posiblemente mejor ejecutada por un futbolista español, al nivel del gran Marco Van Basten. Y con su sapiencia para colocarse en el área y ese instinto que hacía que el balón enviado por el Músico Ferrero fuera siempre a la posición en la que él estaba.

Su carrera una sucesión de momentos únicos, pura alquimia fueron sus goles, el anotado de cabeza a Iribar rematando desde fuera del área, o aquel otro sensacional a Urruti, al que engañó en el remate y por el que recibió los aplausos y el reconocimiento del propio portero azulgrana. Y qué decir de su volea, un complicado remate y un gesto técnico que el delantero asturiano dominaba de forma sublime. Para la crónica legendaria quedó aquél gol al Valencia con reconocimiento del portero Pereira. O la sensacional volea que le hizo al Rayo Vallecano, considerada por Quini como el mejor gol de su carrera.

Indiscutible ídolo sportinguista durante quince temporadas repartidas en dos etapas -entre 1968/1980 y 1984/1987-. Firmando nada más y nada menos que dos ascensos, un subcampeonato de Liga, una media de veinte goles por temporada, dos trofeos Pichichi de la Segunda División -1970 y 1977- y tres trofeos Pichichi de la Primera División española -1974, 1976 y 1980-.

Ese fue Quini, con siete trofeos el jugador español con más trofeos Pichichi en la historia de nuestra Liga, cinco de primera y dos de segunda. Ese mismo futbolista que firmó por el Barça a la edad de 30 años y sumó dos trofeos Pichichi más con la camiseta azulgrana. Autor del gol 3.000 de la historia del Barça y campeón de la Copa del Rey ante su ex-equipo del alma y de una Recopa. Un futbolista que compartió vestuario en Can Barça con futbolistas de la talla de Simonsen, Maradona, Carrasco, Schuster, Alexanco, Migueli...

Conocedor de la cara A y la cara B del fútbol, la vida y la fama, todo un caballero, un tipo de naturaleza noble y curtido en mil batallas. Dijo en una ocasión la escritora Concepción Arenal la siguiente frase: "El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído." Cita de la que "el Brujo" hizo toda una filosofía de vida, especialmente desde aquel fatídico 1 de marzo de 1981, cuando poco después hacerle tres goles al Hércules fue secuestrado por dos individuos que a punta de pistola le hicieron subir a una furgoneta DKW. Quini iba a recoger a su esposa al aeropuerto y desapareció del mapa. Fueron 25 intensos días en los que Quini estuvo retenido el subterráneo de un taller mecánico situado en el número 13 de la calla Jerónimo Vicens, de Zaragoza. El móvil, económico, -cien millones de las antiguas pesetas- y el principal obstáculo encontrado por la policía la ausencia de antecedentes de penales de sus raptores, -electricistas de profesión- que acabaron sucumbiendo al trabajo policial. "El Brujo" reapareció cansado, pero en su enorme corazón no había lugar para el odio, lo hizo perdonando a sus secuestradores en una muestra más de su grandeza humana. Para el Barça ya era tarde, el tren de la liga se había marchado en aquellos 25 días de ausencia.

El primer serio revés que se cruzó en su camino vital y le hizo aún más grande, pilar también en la selección española, aquella que el 25 de marzo de 1981 jugaba en Wembley ante Inglaterra y que al conocer la noticia de la liberación de su compañero, cuentan que logró la remontada y una histórica victoria ante los pross.

Un cúmulo de sensaciones que volvió a experimentar en 1993, cuando su hermano Suso -en una muestra más de la nobleza de la familia Castro- se dejó la vida en la playa cántabra de Pechón, cuando trataba de salvar a dos niños que se estaban ahogando.

Toda una vida dedicada al deporte, a la enseñanza y a la alquimia del gol, hasta 1987, cuando a la edad de 38 años colgó sus mágicas botas y sus sueños en las redes del Molinón. Esas mismas que le rescataron del olvido cuando la vida le puso a prueba por enésima vez y le dieron fuerza para superar un cáncer y seguir dando ejemplo de grandeza y señorío por todos y cada uno de los campos de España.

Para todos Quini "El Brujo"pero para mí el "Alquimista del gol", y es que como dijo Confucio: "Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo".

 

VAVEL Logo