Donde el canguro dejó de brincar
Montaje de Asier Ganuza [VAVEL.com].

"Volveremos". Así reza el lema de la campaña de socios que puso en marcha el Club Atlético Osasuna tras el descenso a Segunda. Pero, ¿"volveremos" a dónde? ¿A Primera? La cosa tiene mucha más chicha. Que sí, que está claro que regresar a la máxima categoría es una prioridad, pero quedarse con ese mensaje significa nadar en la superficie. Y así lo evidencian Mikel Merino, José García, David García y todos esos canteranos, navarros de cuna, que han asaltado las filas del primer equipo durante la presente temporada. Si nos zambullimos en las profundidades del mensaje, ese "volveremos" habla de regresar a los orígenes, a los valores rojillos. Y nadie mejor que los chavales de Tajonar para conseguirlo.

No obstante, y a pesar de la euforia general que vive actualmente el osasunismo en ese sentido —tras pasar de un equipo sin navarros en Primera, a uno con hasta seis en el partido frente al Zaragoza—, los tiempos en los que la escuadra rojilla estaba compuesta únicamente por jugadores de la tierra quedan ya muy lejanos. El danés Michael Pedersen abrió la veda en enero de 1986 generando un debate interno entre la parroquia rojilla de épicas proporciones. Y, aún así, el fichaje de este delantero del norte de Europa no ha sido, ni mucho menos, el más llamativo y sorprendente de todos los que ha realizado Osasuna desde entonces.

No hay que ser un lince para intuir cierto gustillo por el golfo pérsico en la secretaría técnica rojilla. Se la jugaron con Nekounam y acertaron; se la jugaron con Masoud y el chaval no lo hizo mal. Está claro: nos la jugamos con Ansarifard. Esta obsesión llegó con el auge del fútbol iraní, tras la Copa Mundial de la FIFA en Alemania 2006. Pero antes que ellos, muchos otros jugadores procedentes de los más exóticos parajes del globo han vestido, con peor o mejor fortuna, la elástica rojilla.

La estirpe polaca de Osasuna, el dueto británico Michael Robinson-Sammy Lee, el suizo Margairaz y su compañero majiar Vadocz, el checo Plasil... También de fuera de nuestro continente como Sunny (Nigeria), Nico Medina o Gato Silva (Chile), Gancedo y Armentano (Argentina), etc. Pero ni siquiera ellos pueden acercarse al exotismo de la tribu persa. Y con exótico no nos referimos a futbolísticas como el mítico Paqui Veza —siempre grande—. Hablamos de jugadores como Fabián De Freitas, natural de Surinam. Pero, aunque a muchos gustaría, hoy no es el día de hablar del entreñable De Freitas, sino que, recordando tiempos mejores, el protagonista de estas líneas será otro de esos exóticos de Osasuna, quizá el de mayor renombre en los últimos años: el australiano John Aloisi.

Generalmente se entienden por exóticos aquellos países alejados de la mano del hombre —según nuestra visión occidental, por supuesto— o de nombre impronunciable y sin vocales. Sin embargo, en el mundo del fútbol, esta palabreja tiene sus matices. Y con matices nos referimos a países en los que, a pesar de ser de sobra conocidos para la inmensa mayoría de la población, el gusto por el fútbol —o soccer, como le llaman los infieles— queda sepultado por la popularidad de otros deportes. Vamos, que no le pegan al balón con el pie ni aunque les estorbe en el camino. Países como Estados Unidos, Canadá o nuestro objetivo geográfico: Australia.

Aloisi posa con el mural de un canguro a su llegada a Pamplona. Fotografía: as.
Aloisi posa con el mural de un canguro a su llegada a Pamplona. Fotografía: as.

Un tipo raro en la tierra de los wallabies

Por ello, John Aloisi (Adelaida, 1976) era un tipo raro en su juventud. El balón con el que jugaba era esférico y no ovalado como el del resto de sus compañeros. Tampoco fue casualidad. De padre italiano e hincha ferviente de la Juventus de Turín, John y su hermano mayor, Ross, heredaron el gusto por el balompié. De hecho, ambos llegaron a dedicarse profesionalmente al fútbol tras criarse juntos en la cantera del equipo de su ciudad natal, el Adeleide City FC, fundado originalmente por inmigrantes italianos y aficionados de La Vecchia Signora.

El Standard de Lieja fue el primer equipo que apostó por Aloisi, cuando apenas tenía 16 años

Fue en la temporada 1991/92, a la temprana edad de 15 años, cuando Aloisi debuta con el primer equipo de 'los zebras' en una temporada de éxito para ellos, alzándose con la copa de Australia y el título de campeón de la A-League —máxima categoría en el país oceánico—. John apenas tuvo una intervención con su club y, a pesar de las grandes expectativas que tenían en torno a este poderoso delantero zurdo, los aficionados del Adeleide City FC no volverían a verle vestir la camiseta blanquinegra. El Standard de Lieja, de la Belgian Pro League, se fijó en el joven punta de 16 años y lo incorporó a su disciplina nada más finalizar el campeonato.

No obstante, su primera toma de contacto con el fútbol europeo no fue como él esperaba. Aloisi no llegó a participar en ningún partido oficial con 'les rouches' y, al verano siguiente, volvió a hacer las maletas, esta vez dirección Amberes: al Royal Antwerp FC —también de la liga belga—. Y aunque mejoró sus números —disputó 35 partidos en dos temporadas en las que anotó un total de siete goles—, el delantero australiano decidió cambiar de aires en el verano de 1995 —y esta vez de forma drástica—.

Para Aloisi, no había mejor lugar para dar el salto de calidad que la tierra de donde nacía su amor por el deporte rey: Italia. Fichó por el Cremonese de la Seria A y su primera toma de contacto con el Calcio no pudo ser mejor: anotando un tanto el día de su debut y convirtiéndose en el jugador más joven que lo hacía en la máxima categoría del fútbol italiano. En el club lombardo permaneció durante dos temporadas en las que participó en 48 partidos y consiguió tres goles más, pero su aventura en el país de sus antepasados había llegado a su fin. Su próximo destino sería Inglaterra, concretamente el Portsmouth de la First Division, a donde llegó a cambio de 300.000 libras.

Aloisi con las camisetas de Antwerp, Cremonese y Portsmouth. Fotografías: Antwerp4ever, Ioamolaseriea y sporting-heroes.
Aloisi en Antwerp, Cremonese y Portsmouth. Fotografías: Antwerp4ever, Ioamolaseriea y sporting-heroes.

Y fue allí, en el Pompey, donde realmente el australiano despuntó como esperaban en el Adeleide City. Aloisi alcanzó sus mejores registros goleadores en el Fratton Park: 12 goles en 38 partidos durante la temporada 1997/98 y 13 en la 1998/99 con apenas 22 partidos disputados, tiempo que le dejó el Coventry vestir la camiseta del Portsmouth antes de reclutarlo para sus filas durante el mercado de invierno a cambio de 650.000 libras.

Aloisi fue el fichaje más caro de la historia de Osasuna en su momento: 300 millones de pesetas.

Así, un año y medio después, John llegaba a la Premier League, para muchos la mejor liga del mundo. Estaba, sin duda, en el mejor momento de su carrera. Con 23 años, ya era uno de los referentes internacionales del fútbol australiano y, por supuesto, un fijo en la selección aussie. Pero su escalada a la máxima categoría inglesa no fue un camino de rosas: permaneció tres temporadas con los 'sky blues', participando en tan solo 42 partidos y anotando 10 goles. Aloisi jugaba al máximo nivel y su presencia en la selección no era discutible para el seleccionador —a pesar de la eclosión de jugadores como Damian Mori y Harry Kewell—, no obstante, su carrera se había vuelto a estancar. John necesitaba rápidamente un cambio de aires y, fue entonces, en un momento crucial de su carrera, cuando un equipo de difícil localización en el mapa y que se había salvado por los pelos del descenso ese mismo año, presentó al Coventry una oferta de más de 300 millones de pesetas por el australiano. Era el año 2001 y ese equipo, como no, era Osasuna.

Aloisi con el Coventry y con la selección australiana. Fotografías: Sporting-heroes.
Aloisi con el Coventry y con la selección australiana. Fotografías: Sporting-heroes.

Pamplona: vino tinto y Rosado

La Liga —para el resto, la mejor liga del mundo— llamaba a su puerta. Aloisi aterrizaba en Pamplona levantando gran expectación entre la afición rojilla. Haciendo gala de un ingenio nivel ninja, pronto se le empezó a conocer por el tan manido como necesario sobrenombre de "El Canguro". Era uno de esos fichajes exóticos, casi el primer ejemplo de futbolista aussie en España —exceptuando a Aurelio Vidmar (CD Tenerife, 1966) y Kostas Salapasidis (SD Compostela, 2000)—, pero no tardó demasiado en meterse a la afición rojilla en el bolsillo con su entrega en el campo. Pronto Aloisi se dio cuenta que, tras muchos intentos fallidos, había encontrado su sitio —y hasta le había cogido el gustillo a la txistorra—.

Aloisi se enfundó la elástica rojilla en más de cien ocasiones

"En Pamplona se vivía muy bien. ¡Y cómo se comía! Eso sí, meter goles con Osasuna no era fácil", decía Aloisi en una entrevista para El País el pasado mes de junio. Y es que, si bien siempre estuvo arropado por el graderío de El Sadar, sus números nunca fueron de otro mundo: 9 (2001/02), 8 (2002/03), 6 (2003/04) y 6 goles (2004/05) durante los cuatro años que permaneció en la capital navarra y en los que disputó más de un centenar de partidos con la elástica rojilla.

A Aloisi le gustaba El Sadar, y a El Sadar le gustaba Aloisi. Nunca dejó estela de megacrack, pero siempre un reguero de sudor a su paso. Cuando pisaba el césped, el australiano se dejaba la piel por el equipo. Con más o menos suerte, pero siempre con un compromiso innegable. Pues, en Pamplona, John no solo encontró su sitio, sino su casa. Tanto él como su inseparable mujer, Angela, se adaptaron a las mil maravillas a su nueva vida en Pamplona. No era difícil verles pasear por la vieja Iruñea e, incluso, charlar con ellos y su imperturbable sonrisa.

Pero si a algo se adaptó realmente bien el bueno de John fue a su compañero de fatigas —y no hablamos de César Cruchaga, con quien entabló gran amistad al poco de llegar a Pamplona, hasta el punto de disfrutar juntos de la Nochevieja de 2001 disfrazados de gladiadores—. Junto a Iván Rosado, Aloisi formó una delantera ya mítica en Osasuna. O más que mítica, entrañable. Desde que el australiano llegara a Pamplona, sus caminos se unieron como el olor al queso. Durante dos temporadas (2001/02 y 2002/03), ambos formaron una dupla indiscutible del ataque rojillo —eran tiempos en los que 4-4-2 no estaba mal visto— para, en los dos siguientes cursos, ir reduciendo su participación hasta finalizar sendos contratos en el verano de 2005.

Números similares: Aloisi disputó con Osasuna 121 partidos, consiguiendo 29 goles; Rosado 122, con un total de 26 dianas

John era el tipo duro. El punta, el delantero centro tanque que atraía a los defensas y fajaba con los centrales para bajar los balones aéreos. Iván, en cambio, era el segundo punta. Pequeño, ratonero, oportunista y con muy mala leche —del estilo de Alfredito, vamos—. El onubense fue uno de los grandes artífices del ascenso del año 2000 a Primera, en una temporada en la que anotó 11 goles, y el mayor responsable de la agónica permanencia de la temporada 2000/01 con la friolera de 14 tantos, cifra que a día de hoy todavía es la mejor de un delantero rojillo en una misma temporada desde tiempos de Julián Vergara —20 dianas en 1936—. Y aunque la llegada del australiano redujo significativamente los números de Rosado —5 en la 2001/02 y 6 en la 2002/03—, juntos se encargaron de llevar la salsa del futbol a los aficionados navarros: en esas dos primeras temporadas de Aloisi en Pamplona, juntos alcanzaron la mágica cifra de los 14 goles posibilitando la permanencia y llevando el peso del equipo en ataque.

Ivan Rosado y John Aloisi celebrando un gol. Fotografía: ABC.
Ivan Rosado y John Aloisi celebrando un gol. Fotografía: ABC.

Pero el fútbol es rápido y desagradecido. Miguel Ángel Lotina había dejado el banquillo de El Sadar en el verano de 2002 y con él se fue el estilo rocoso, batallador y nada atractivo que había caracterizado a Osasuna en los últimos años —y del que la pareja en cuestión eran sus principales valedores—. Llegaba Javier Aguirre, quizá el mejor técnico que ha tenido el equipo en sus más de 90 años de vida, y, tras una primera campaña de transición, llegó la revolución del mexicano. Esa temporada llegaron a Pamplona jugadores de ataque y calidad contrastada como Valdo, procedente de la cantera del Real Madrid; Bakayoko, del Olympique de Marsella; y el Chengue Morales, jugador franquicia del Nacional de Montevideo e —inevitable decirlo— número 10 del ranking de la FIFA sobre los mejores jugadores el mundo. Estos fichajes, unidos a la eclosión de futbolistas como Pablo García y Pierre Webó, condenaron al ostracismo a grandes ídolos del osasunismo como César Palacios, el Pipa Gancedo o incluso el propio Iván Rosado. Solo Aloisi —con 33 partidos disputados— pudo aguantarle el pulso al vasco Aguirre. Sin embargo, este sería su último curso en la cresta de la ola.

Aloisi y Rosado vistieron por última vez la camiseta de Osasuna en el año 2005

Durante la temporada 2004/05, John e Iván llevaron su sociedad ilimitada al banquillo. La llegada de un delantero de la talla de Savo Milosevic lapidaba por completo las opciones de la pareja de regresar al once. Ese año, Aloisi rebajo a 15 sus como titular —con un total de 26 intervenciones— y Rosado se quedó en apenas un partido saliendo de inicio —apareciendo en un máximo de 7 encuentros—. Y es que el onubense había tenido sus más y sus menos con el técnico azteca. A pesar de tener contrato hasta junio de 2007, el menudo punta onubense se marchó cedido durante el curso 2005/06 al Xerez, en Segunda, para regresar a Osasuna un año más tarde y acabar rescindiendo su contrato con Osasuna en septiembre de 2006 tras quedarse sin dorsal en el equipo. Y si el caso Rosado cabreó a una buena parte de la grada de El Sadar, la salida de Aloisi de Osasuna no iba a ser menos.

El australiano terminaba contrato con Osasuna en el mes de junio de 2005. A pesar de los fichajes, Aloisi siempre acababa entrando en las segundas partes y su presencia en el equipo suponía un desahogo para técnicos y aficionados en vistas de las posibles bajas que se producen a lo largo de una temporada. Por ello, el expresidente Patxi Izco le ofreció al australiano la renovación, pero en unos términos muy lejanos a los que pedía el jugador: ampliación de contrato por una temporada con opción a una segunda y una considerable reducción a la baja de la ficha. John había tenido una actuación destacada en la Copa Confederaciones del mes de junio —días antes de que terminara su contrato—, siendo el máximo goleador de la selección aussie y logrando la bota de bronce del torneo. Su caché había subido y Portsmouth y Panathinaikos le querían.

Finalmente Aloisi aceptó la oferta griega que, según decían, contemplaba dos temporadas más una opcional y un salario superior al millón de euros por año firmado. Sin embargo, el reconocimiento médico dejó al australiano en la cuneta y, a pesar de que Aguirre había pedido a la directiva hacer un esfuerzo por mantenerle, el canguro tuvo que saltar lejos de Pamplona para continuar su dilatada carrera. Lejos, aunque no mucho. John firmó por el Alavés e, incluso en su presentación, dejó latente el amor que sentía por la que había sido su casa durante cuatro años: "Estoy feliz. Estoy muy cerca de Pamplona y no tengo que cambiar mucho mi vida".

2005: el año del canguro

Aloisi fue el autor del gol del empate de Osasuna en la final de Copa de 2005

Aloisi dejaba la capital navarra y, si bien no iba a cambiar mucho su vida, él estuvo a punto de hacer cambiar la vida de toda la familia rojilla pocos meses antes. El canguro, de forma casi premonitoria, había preparado una traca final para su etapa en Osasuna y, aunque interruptus, llevó al nirvana a los aficionados navarros con un tanto que quedó guardado en miles de retinas osasunistas y que, por supuesto, ya forma parte importante de la historia reciente del club navarro. Fue en torno a las 22:40 de la noche del 6 de junio de 2005. Delporte corría la banda izquierda del Calderón como animal en celo. Cabeza gacha, melena al viento y velocidad de crucero. Casi en línea de fondo, el francés levantaba la pelota en uno más de los miles de centros que realizó con la camiseta de Osasuna y, tras superar a Doblas por alto, el balón caía sobre el segundo palo de la portería bética. Y allí, con un salto poderoso y remate antológico, Aloisi ponía las tablas en el marcador a falta de menos de diez minutos para el final. Miles de aficionados rojillos estallaban de júbilo. Era la final de la Copa del Rey, o lo que es lo mismo, el momento de la historia en que más cerca ha estado el equipo navarro de conseguir un título de primer nivel. El desenlace de esta historia, desgraciadamente, es de sobra conocido, pero aquel instante continúa siendo, para muchos, uno de los momentos de mayor felicidad en su vida como rojillos. Y Aloisi fue el responsable.

Un penalti de Aloisi le valió a Australia volver a un Mundial 30 años después

Sin duda, y a pesar de dejar su casa y frustrarse en el último momento la oportunidad de firmar por un gran club europeo, aquel 2005 fue el año de Aloisi. Durante su paso por Osasuna, su peso en la selección australiana se había recuperado e, incluso, incrementado. John era uno de los hombres fuertes del vestuarios de los socceroos y, como tal, tuvo en sus botas la mayor responsabilidad con la que el fútbol australiano había cargado desde hacía 30 años. El 16 de noviembre, en el Telstra Stadium de Sídney, el Canguro fue el encargado de lanzar el penalti más importante de la historia del país oceánico; el penalti frente a la Uruguay del Chengue Morales que podía darle a su selección la oportunidad de volver a una Copa del Mundo de la FIFA, cita que se perdía desde 1974. Y John, como no podía ser menos, protagonizó aquel momento.

Marcelo Zalayeta había errado el último penalti de los charrúas y Aloisi tomaba carrerilla hasta la frontal del área. Su disparo, perfecto, a media altura y pegado al poste izquierdo de Carini, desató la locura en el país. El estadio, a reventar, saltó al unísono coreando el nombre de su héroe. Esta vez sí. Aunque no era raro que lo anotara. Un dato: estando él en cancha era el primer lanzador de penas máximas rojillas por delante de Patxi Puñal. Casi nada. Tampoco que lo tirara él, pues el canguro es el tercer máximo goleador de la historia de la selección aussie —27 goles en 55 partidos—, solo por detrás de Tim Cahill y Damian Mori.

El retorno del hijo pródigo

Aloisi tuvo una estancia más que destacable en Vitoria: 16 goles en dos temporadas

Aloisi era un héroe nacional y, a pesar de que durante su estancia en Vitoria fue bastante notable —33 partidos y 10 goles en su primera temporada más 25 y 6 en la segunda—, regresar a su país siempre fue una opción más que interesante para John. Y de hecho, a pesar del interés del glorioso por renovar su contrato que expiraba en junio de 2007, el delantero, de 30 años, decidió poner punto y final a su dilatada trayectoria europea para regresar, convertido en mito, al país que le vio nacer y donde el fútbol había pasado de ser un deporte para tipos raros como Aloisi a seguir —aún desde la distancia, eso sí— al rugby en términos de aceptación social.

Su fichaje por el Sydney FC le convirtió en el jugador mejor pagado del país

Tras varios meses de inactividad, Aloisi firmó un contrato de tres meses por el líder de la A-League australiana: el Central Coast Mariners, de Nueva Gales del Sur. En un campeonato de ocho equipos y con nueve jornadas disputadas, el ex delantero rojillo disputó un total de 15 partidos en los que consiguió siete goles y se proclamó campeón de liga con su club. Finalizada su efímera vinculación con los Mariners, Aloisi protagonizó uno de los fichajes más sonados del fútbol aussie, el que le enroló en las filas del Sydney FC por dos temporadas y 1'4 millones de dólares por cada una de ellas —convirtiéndose así en el jugador mejor pagado del país—.

Dos temporadas, 40 partidos y 12 goles después —además de una operación fallida que casi acaba con el jugador en el Shanghai Shenhua FC—, Aloisi dejaba la gran ciudad para irse, con la carta de libertad, al Melbourne Heart. Con 34 años y en el ocaso de su carrera, John sorprendió a propios y extraños convirtiéndose en un jugador importante para el equipo y sumando ocho goles en los 20 encuentros que disputó. Aloisi se había ganado el corazón de la afición de Melbourne —nunca mejor dicho— y el 12 de febrero de 2011 le rindió un merecido homenaje. En su último partido como profesional, precisamente ante su ex equipo, el Sydney FC, ​​en la última jornada de la A-League, fue sustituido en el minuto 83 recibiendo una cerrada ovación que el público, en pie, le dedicó a su entrega y compromiso; una dedicación marca de la casa y que en Pamplona conocen bien. Y otro dato: minutos antes de despedirse por última vez del césped, John Aloisi dejaba su último zarpazo anotando un tanto el día de su despedida.

Aloisi con los Mariners, Sydney FC y Melbourne Heart. Fotografías: ABC, The Australian y Melbourne Heart
Aloisi con los Mariners, Sydney FC y Melbourne Heart. Fotografías: ABC, The Australian y Melbourne Heart

Fútbol como forma de vida

Tras retirarse, Aloisi inició su carrera como entrenador en el Melbourne Heart

Pero un hombre como él, que dejó su país con apenas 16 años para intentar ganarse la vida como profesional del fútbol y que había pasado por más de una decena de equipos a lo largo de su carrera, no podía hacer borrón y cuenta nueva para olvidarse por completo y empezar una vida de cero. De hecho, durante sus últimos meses como jugador del Heart, Aloisi se preparó en Inglaterra para obtener el título de entrenador y, nada más finalizar su contrato, renovó con Melbourne pero, esta vez, pasando a formar parte del cuerpo técnico, concretamente entrenando al juvenil. Pero su buen hacer al frente de las bases le llevaron a alcanzar, en solo un año, el puesto de entrenador jefe del primer equipo del Melbourne Heart (12 de mayo de 2012).

Aloisi en un partido del Melbourne Heart. Fotografía: News.com.
Aloisi en un partido del Melbourne Heart. Fotografía: News.com.

No obstante, la carrera como entrenador de Aloisi es, hasta ahora, corta y poco destacable. De las tres temporadas que marcaba su contrato apenas permaneció en el banquillo del Melbourne Rectangular Stadium un curso y medio. El 28 de diciembre de 2013, tras diez jornadas disputadas —con un balance de 4 empates y 6 derrotas— John era cesado por la secretaría técnica del club al considerar que su rendimiento no había sido el esperado. Desde entonces, Aloisi no ha vuelto a entrenar. Sin embargo, el eterno canguro sigue ligado al balompié. Su nombre sigue escrito con letras de oro en las páginas de la historia del fútbol aussie y su imagen es hoy explotada como analista deportivo por la cadena FOX, compartiendo equipo con otras dos leyendas del fútbol australiano: Ned Zelic y Mark Bosnich.

El mensaje de todo esto es que, a día de hoy, el canguro sigue dando saltos por el mundo del fútbol —de una manera o de otra— y, por consiguiente, una pequeña parte del corazón rojillo viaja con él de un lado a otro. Porque no hay que olvidar que Australia es su país, pero Pamplona es su casa y, como tal, si alguna vez decide volver, se le recibirá como los brazos abiertos. Y no, no es un decir. Hasta once son las camisetas que el canguro ha vestido y, sin embargo, solo la de Osasuna le quedó bien en todo momento; prueba de ello es que, cuando su carrera deportiva ya ha tocado a fin, el navarro es el club al que más tiempo ha pertenecido como futbolista. Y, ¿para qué engañarnos? A día de hoy todavía a más de uno se le erizan las carnes recordando aquel gol en la final de Copa de 2005. Sin duda, el gran salto del canguro.

Aloisi celebra su gol en la final de Copa de 2005. Fotografía: Diario de Navarra.
Aloisi celebra su gol en la final de Copa de 2005. Fotografía: Diario de Navarra.
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