Simeone resucita al Barcelona

Las precauciones del Atleti resultaron ser antibiótico para un FC Barcelona que adolecía de una seria infección a todos los niveles del club. Le cedió el espacio y el balón, y por tanto, el gobierno del partido al rival sin méritos previos de éste. En su repliegue, redujo el ancho y el largo del terreno buscando la proximidad de sus líneas y la intensidad defensiva que tantas veces le otorgan el control del juego, aún sin disponer de la posesión de la pelota. Ni mucho menos resultaría suficiente ante un rival de gama alta que, esta vez, sí dio su mejor versión. El conjunto rojiblanco ni siquiera amenazaba a su rival con la posibilidad de salir con éxito tras robo, lo que reforzaba el dominio azulgrana.

Sin méritos previos, el Atleti le cedió el gobierno del partido al Barça

Simeone abandonó las bandas para blindarse por dentro, dejando a Neymar y Messi con espacios por fuera. Quizá incitando al Barça al centro lateral para hacer valer la supremacía en el juego aéreo de Godín y Giménez. Pero los locales no caerían en la trampa. El balón volaba pero a ras de hierba para construir ventajas tácticas en el área atlética. Y con el balón en el suelo, se devalúa la calidad defensiva de los centrales rojiblancos.Sin espacios por la acumulación de jugadores atléticos, era necesario manifestar constantemente la velocidad de balón y la calidad individual de los jugadores, y el Barça lo hizo en sus combinaciones. Pronto llegó el 1-0 de Messi (11') seguido de dos claras ocasiones en pleno festival local.

En el ecuador del primer tiempo, el equipo colchonero consiguió sacudirse el sometimiento blaugrana y adelantó líneas. Fue el remedio peor que la enfermedad. Los de Simeone no conseguían finalizar las jugadas y la réplica del Barça a la contra era letal. Se daba el escenario ideal para Luis Suárez en su mejor actuación en España.

Además, la presencia de Rakitic en detrimento del lesionado Xavi, ofreció al equipo mayor verticalidad. El croata abreviaba trámites junto a Iniesta para llevar el balón a los tres de arriba -Messi, Suárez, Neymar-. Por momentos era un Barça despojado del gen de La Masía, del juego de posesión y desde la posición. Con un fútbol rompedor, vertical, al espacio. Más identificado con la aceleración que con la pausa, con la profundidad y el campo abierto que con la asociación en corto.

Así llegaba el 2-0 (34'), obra de Suárez previo control con el brazo de Messi. Y sin nada que alterara el estado de las cosas llegó el descanso. Allí estaban las esperanzas de los atléticos. En la aparición de una pócima mágica de Simeone que pudiera revertir la situación.

Los daños sufridos en la primera mitad, resultarían irreversibles

Un riguroso penalti de Messi a Gámez (55') transformado por Mandzukic añadió incertidumbre al marcador aunque no al gobierno del partido que seguía siendo azulgrana. Un Barça intenso, instalado en campo rival, se dedicó a atacar y recuperar rápidamente tras pérdida. La consecuencia: un Atleti de nuevo enjaulado.

Agitó el árbol Simeone dando entrada a Torres por Gabi (67'). Sobre la pizarra, un equipo ultraofensivo con Arda, Koke, Torres, Griezmann, Mandzukic. En la reanudación, el Cholo adelantó 30 metros sus líneas y presionó la base de la jugada rival El Atleti no claudicaba ante el mejor Barcelona de la temporada. Es el gen del Cholo. El partido entró en una fase de ataques y contras por ambos bandos que le embelleció aún más de cara al espectador.

En la reanudación, el Cholo adelantó 30 metros sus líneas y presionó la base de la jugada rival

Tocaba al equipo superior técnicamente que además ganaba 2-1, sedar el ritmo del juego para asegurar su control y evitar los intercambios de golpes que suelen reducir diferencias en fútbol. Pero este Barça está inmerso en una catarsis hacia un juego más vertical y acelerado. Un modelo que le resultó muy rentable en términos futbolísticos. Otra cuestión es si los Piqué, Busquets, Iniesta, Xavi...están capacitados para transitar con velocidad y a campo abierto por caminos de ida y vuelta. La respuesta es: no.

Cuando el partido agonizaba, llegó el definitivo 3-1 de Messi protagonista en los tres goles y auténtico salvador el día que su gente más le necesitaba. Utilizó la zona del lateral izquierdo Gámez como abrevadero para su insaciable hambre de fútbol, y desde allí destrozó al Atlético de Madrid.

Ganó un Barcelona al que el exceso de precaución de su rival le devolvió la vida. Esta victoria supone tiempo y oxígeno para Luis Enrique. El asturiano pudo comprobar que poniendo a los mejores, el equipo es capaz de desplegar un juego versátil, dominando todos los registros ofensivos tanto en ataque posicional como a la contra. No tocar lo que funciona y dirigir ese vestuario desde el convencimiento y no desde la imposición, pueden ser la clave de que todo el mundo conserve su puesto de trabajo en Can Barça.

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