La Rosaleda registra su peor entrada en 12 años
Roberto Rosales defendido por Sergi Darder con numerosos asientos vacíos de fondo / laliga.es

La triste imagen que ofreció el Málaga en lo deportivo con una derrota más (0-1 ante el Espanyol sin generar apenas ocasiones de gol) terminó de culminarse con otro panorama desolador, el que mostraron las gradas de La Rosaleda. La cifra de espectadores es cuanto menos preocupante: 12.149 en un estadio con capacidad para 30.044, lo que deja un escasísimo 40% de asistencia.

El dato más escalofriante llega cuando, echando la vista atrás, hay que remontarse 12 años para encontrar un partido con menos afluencia de público del que se contabilizó ante el Espanyol en el feudo malaguista. Se trata de un Málaga-Sevilla de la temporada 2005/2006, encuentro que solo 12.000 espectadores presenciaron en directo desde el estadio. No deja de ser curioso ya que un derbi suele registrar una grandísima entrada. Sin embargo, la situación de aquel Málaga era ya insalvable. Corría la jornada número 37 y la entidad de Martiricos ya estaba matemáticamente descendida, lo que explica por completo la baja asistencia a aquel derbi andaluz.

Lo cierto es que no se puede culpar a la afición malaguista respecto a la pobre cifra de espectadores en el choque frente al Espanyol. El horario (lunes a las 21:00) hace estragos en todos los estadios que tienen que sufrirlo. La Liga, sabedora de estos datos, sigue empecinada en planificar fútbol los lunes y jornada tras jornada se pueden ver estadios semivacíos. Además, cabe mencionar que siempre son los mismos equipos los perjudicados por este horario. Málaga, Éibar, Betis, Las Palmas, el propio Espanyol... los grandes no saben lo que es jugar un lunes, como tampoco lo saben sus aficiones.

Para colmo, al mal horario hay que añadir la situación crítica en la que se encuentra emplazado el Málaga. Los blanquiazules son penúltimos en la clasificación (empatados a puntos con el colista) y la permanencia se aleja ya a cinco puntos. El juego y los resultados del equipo entrenado por Míchel no hace más que empeorar, por lo que no sorprende que la afición, que llegó a acudir en masa en anteriores partidos jugados en lunes, comience a perder la fe en su club y por ende pierda también las ganas de llenar La Rosaleda.

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