Análisis post partido: tocados y hundidos
Imagen vía: La Liga Santander

Decepcionante. Ese fue el resumen de la jornada 36º en Butarque para un Valencia que una vez más regresaba a la capital del Turia sin puntuar como visitante. El conjunto de Voro volvía a ver la derrota en una nueva jornada liguera en la que saltó al terreno de juego sin ideas y cometiendo errores que pagaron por un alto precio ante un Leganés que necesitaba sumar para continuar su andadura en Primera División.  

El pasado encuentro del Valencia contra el Valladolid dejaba la victoria in extremis en Mestalla, pero también el conocimiento de que el equipo ché ya estaba fuera matemáticamente de la máxima competición europea. Por si fuera poco, el nuevo batacazo de los valencianistas complica cada vez más incluso su clasificación por Europa League ocupando ya las posiciones de media tabla y evidenciando la inexistencia de un proyecto deportivo. ¿Cuántas debacles van ya?

Errores y más errores

El retorno de la Liga para los valencianistas ha dejado cuanto menos, más errores que ocasiones de gol. Una jugada accidental en la que Geoffrey Kondogbia volvía a ser quien cometía un descuido que valió el tanto de penalti para los pepineros. Se suma un encuentro más en el que los fallos permiten al rival no solo adelantarse en el marcador sino también debilitar y desmoralizar a un Valencia sin alma.  

Partido a partido la imagen desconsolada y decepcionante del Valencia ha ido consolidándose. Un equipo poco profundo y afectado tras el gol consiguió en muy pocas ocasiones hacer temblar la portería que defendía Pichu Cuéllar.

Las bajas que acumulan los de Mestalla dejaron un once inicial con muchos interrogantes. De tal modo que el poco entendimiento en el carril que ocupaban Wass y Coquelin fueron una certeza más de la inutilidad de la banda derecha. La incomprensión entre jugadores no solo fue determinante sino también la desconexión de parte de ellos. ¿Dónde está Dani Parejo en los últimos partidos? El capitán valencianista, experto en los tiros de once metros no supo como romper la portería del Leganés con un penalti a favor.

El último pase

La entrada de Ferran y un Guedes que no paró de intentarlo denotaron una ligera mejoría en los ché. Sin embargo, el último pase no dejó de resistirse para los valencianos y reflejó un claro ejercicio de supervivencia defensiva de los madrileños frente a un conjunto que no atravesaba más de las tres cuartas partes del terreno.

Pese a la pequeña e insignificante dosis de moral del inicio de la segunda parte, la superioridad en posesión, con un hombre más y con un penal a favor, el conjunto de Voro era incapaz de imponerse a un rival al que el agua le llegaba al cuello.  

Los cambios del técnico interino dejaron ver a un equipo más que necesitado, prescindiendo de uno de los centrales indiscutibles y dejando únicamente a dos defensas.

Sin juego, sin alma y sin club

La derrota del conjunto valencianista es un reflejo más de la deriva en la que se encuentra un equipo sin juego, sin alma y sin club. La inexistencia de un proyecto consolidado, la falta de estructuras, sin director deportivo, ni entrenador ni presidente, confundieron por un momento cual era el equipo más necesitado: si un Leganés que sueña con quedarse en Primera o un Valencia que cada vez tiene más cerca la posibilidad de quedarse el próximo curso sin competir en territorio europeo.

Se suman 10 partidos consecutivos en los que los blanquinegros no ganan como equipo visitante, sumando 3 empates y 7 derrotas. Desde diciembre los de Mestalla no consiguen puntuar fuera de casa y encadenan la peor racha liguera en territorio enemigo desde el año 2012.

Apagándose lentamente y con un fútbol ofensivo decadente, era la primera vez en su historia que el Valencia perdía ante el conjunto de Javier Aguirre. Incapaces de atrapar las oportunidades de reengancharse a Europa, la actitud de unos jugadores tocados y hundidos fueron una prueba más del proceso de destrucción al que se dirige uno de los grandes históricos de España.

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