Un león que se rasuró la melena
(Foto: Agencias)

Las historias de los grandes futbolistas en un equipo pueden escribirse pronto si se afianza desde un principio con el plantel en cuestiones históricas y futbolísticas. Pero a veces, un jugador puede llegar a un gran club pero no acoplarse lo suficiente y llegar a otro y ser una leyenda. Encontramos ese tipo de historias con el gran mediocampista, Leandro Augusto.

El hombre nacido en Paraná en 1977 llegó a un Club León lleno de incertidumbre en el Invierno 2000. El club, en ese entonces adquirido por el empresario Roberto Zermeño, empezó a tener serios problemas de descenso, a pesar de que tres años atrás habían llegado a una final contra Cruz Azul que perderían como locales. Simplemente, la magia de aquella Fiera se estaba desvaneciendo.

Augusto arribó junto con otros dos brasileños en paquete. Él venía del Sport Club Internacional sin mucho cartel. Solamente tenía el sueño de destacar en un futbol totalmente distinto al carioca, que exigía siempre que llegaran a balompiés de élite, como el europeo. Adelino y Joao Batista, junto con Ailton da Silva quien venía de los Rojinegros del Atlas, intentarían salvar el barco que comandaba Jose Luis Zaldívar.

El brasileño de 23 años tenía empuje y garra. Fue de los hombres que destacaron aquella temporada llena de viejos experimentados como Sigifredo Mercado, Misael Espinoza o Luis Islas. Ese torneo, León pudo sumar algunos pocos puntos, pero el rubio tenía un carácter especial. Y las ofertas por él empezaron a llegar a las oficinas de los Panzas Verdes.

Fue hasta el Invierno 2001 que llegaron las ofertas grandes. La primera fue del Atlas, equipo que gustaba del buen futbol de recuperación gracias a las bases que había dejado Ricardo Antonio Lavolpe. El segundo fueron los Pumas de la UNAM, una escuadra que estaba en plena reestructuración después de malas decisiones del presidente del patronato Javier Jiménez Espriu y la salida de Hugo Sánchez del banquillo para la segunda etapa de Miguel Mejía Barón.

Parecía que los rojinegros se llevaban a Leandro, incluso ya lo había presentado como el refuerzo deseado. Pero León y el jugador tenían un as en la manga y aceptaron la oferta de los universitarios en la última instancia. A pesar de la polémica y el reclamo oficial en la Federación Mexicana de Futbol, Augusto se fue a Pumas de forma sorpresiva.

El movimiento fue exitoso a futuro. A pesar de que aquel torneo Pumas fue último lugar y la vuelta del “Pentapichichi” lo hicieron cambiar de posición, Leandro se consolidó como titular y en 10 años no lo quitaron de su posición. Cuatro campeonatos, récord de minutos jugados, selección nacional e incluso el gafete de capitán fue lo que consiguió el sudamericano en su paso por la institución.

Hoy, Leandro Augusto se ha retirado de las canchas. Formará parte de la directiva del Club Universidad en próximos días, pero en varias declaraciones ha dicho que agradece mucho a La Fiera que se fijaran en él para traerlo a México. Quizá aquel león se rasuró la melena para convertirse en puma, una decisión acertada para el jugador y la institución universitaria.

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