La Contracrónica: tradición VS Tradición
(Foto: Liga MX)

Dentro del libro de oro del futbol mexicano, Necaxa y Atlas, el rival de esta noche, ocupan un lugar destacado. No cabe duda que el cuadro de Colomos, desde la primigenia Liga de Occidente hasta el día de hoy, ha sido un referente en cuanto a institucionalidad, historia, tradición y afición; dentro de los parámetros clásicos que definen a un equipo como ‘grande’, a los rojinegros solamente les falta por cubrir el rubro de los títulos, pues en sus más de cien años de historia, solamente tienen un título de Liga, desde la profesionalización de la misma.

Del Necaxa, por su parte, conocemos bien su historia y sería prolijo enumerarla, sin embargo, es importante destacar que, bajo esa misma forma de pensamiento, es decir, lo que hace a un equipo ‘grande’, también queda a deber: no es ninguna novedad, y tampoco esto se trata de evidenciar esas carencias, sino de resaltar, por ambos clubes, aquello que los hace trascendentales en el balompié nacional, pues, aunque coexisten en el Olimpo de los clubes mexicanos, no se encuentran coronados de estrellas como los demás.

Quizá, incluso, son los únicos clubes tradicionales de México (junto con Atlante, que en estos momentos está como Prometeo: encadenado en el Ascenso MX) que no tienen más de tres estrellas adornado su emblema. Eso, desde luego, no es una situación particularmente grata para sus seguidores, quienes reivindican su identidad como tales en la tradición y la historia de sus colores, y aquí es, entonces, en donde encontramos la clave de todos aquellos equipos que llevan un tiempo de vida lo suficientemente amplio para ser considerados como ‘tradicionales’: su tradición.

En el caso de los ‘Académicos’, la tradición en Guadalajara de gritar ‘¡Arriba el Atlas!’ tiene como una de sus motivaciones fundamentales la existencia del Club Guadalajara. El hecho de que exista una dicotomía es un factor sin duda fundamental en la construcción conceptual de ‘Los Amigos del Balón’, puesto que el Atlas lleva más de medio siglo creciéndose ante la adversidad, simplemente porque existe otra idea a la cual oponerse, que en este caso se viste de rojo, blanco y azul. Una dualidad que divide a una ciudad, aunque exista espacio para otros colores, pero que, finalmente, dota del sentido de vivir a una afición que cada año suma otro sin ver a su equipo coronarse.

Por otra parte, del lado de los ‘Electricistas’ ha existido un ir y venir, un trajín prácticamente permanente, que le ha impedido formar un vínculo de antipatía (que todo equipo que se precie de su propia afición debe tener si se quiere considerar relevante) con algún otro combinado. Más allá de la clásica, canónica, histórica, rivalidad con el anteriormente mencionado Atlante, rivalidad que el tiempo, que nunca perdona, se encargó de diluir con arena de Cancún, el Necaxa anda solo por su recorrido en las plazas de la Liga. Si bien, ya se mencionó que quizá ha aparecido un nuevo prospecto para rival de los aguascalentenses, es muy pronto para hablar de ello como la némesis que tanto bien le haría a los rojiblancos, eso hay que reconocerlo.

Ahora bien, ¿cuál es la relevancia de esto? Que en el partido de esta noche no existieron pretextos para que la afición del Atlas (denominada de forma amplia como ‘La Fiel’) se hiciera presente y medio llenara el ‘Coloso de la Colonia Independencia’, sin necesidad de presentar excusas semejantes a las que gustan de presentar en su homólogo de la colonia Héroes de Aguascalientes. Esto sucede porque, aunque Atlas y Necaxa no tienen grandes puntos en común, por lo que no se pueden considerar mutuamente más que el rival de turno, pues la hinchada atlista asume como su deber de aficionados demostrar que son del club, juegue contra quien juegue, así sea un rival que en la ‘Perla Tapatía’ tiene una presencia más que modesta, como lo es el Necaxa.

Esta noche les tocó ver una derrota más, que se suma al largo rosario de lágrimas que han estado tejiendo desde 1951. Tanto tiempo ha transcurrido desde ello, que una derrota en la temporada regular debe ser algo absolutamente irrelevante, aunque se queden atrás en la lucha por un boleto a postemporada. Si esto, por otra parte, hubiese ocurrido en el Estadio Victoria, para el siguiente partido se tendrá en la tribuna solamente a los empleados del mismo.

Ambos equipos tienen cosas qué aprenderse entre sí: del Atlas para el Necaxa, el sentido y el significado de ser de ese club, la motivación para sobreponerse al bravísimo sol del Bajío y a los horarios laborales inclementes, mientras que, del lado contrario, probablemente lo más asequible en este momento sean algunas lecciones sobre compra y venta de elementos.

Necaxa volvió a ganar, volvió a quedar como líder absoluto de la competencia y volvió a tener al líder de goleo. El Necaxismo sonríe.

VAVEL Logo