Una década cumpliendo sueños

El 20 de mayo del 2006 Godoy Cruz hizo historia tras convertirse en el primer club de Mendoza en ascender a Primera División. Los hinchas, siempre presentes, recuerdan aquella noche en el Malvinas Argentinas.

Una década cumpliendo sueños
El Tanque Giménez, uno de los más recordados por los hinchas.

Recordar: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

El 20 de mayo del 2006 es una de esas fechas para que todo hincha de Godoy Cruz vuelva a pasar por su corazón azul y blanco.

Aquella noche, tras ganarle 3 a 1 a Nueva Chicago, el Tomba ascendió a Primera División. 

Cuántos sueños cumplidos, cuántas lágrimas derramadas, cuántos abrazos con desconocidos y con tu familia se vivieron esa noche.

Cuántos nervios, cuántas ansias, cuántas almas ilusionadas llenaron las gradas de aquel Malvinas Argentinas con asientos claros.

Hoy, diez años después, muchos hinchas recuerdan aquel día como si hubiera sido ayer. A muchos se les pianta un lagrimón, a muchos se les moviliza el corazón, de nuevo.

Desde el que tenía ocho años, hasta que el pasó los cuarenta. Desde el hincha que fue con su abuelo, hasta el que fue a acompañar a personas cercanas por el gran momento histórico, todos anhelando un sueño que se iba a cumplir en 120 minutos. Y a pesar de muchos recordar aquel clima frío de pleno mayo, el calor de ascender a Primera no les impidió copar el estadio.

En VAVEL.com hablamos con varios hinchas que vivieron esa noche y te contamos sus mejores recuerdos.

La felicidad nos invadía el cuerpo, el sueño estaba cada vez más cerca”, decía Marcos Muñoz en su relato sobre aquella noche que vivió con su papá, su mamá y sus hermanos; “todos juntos esperando el milagro”. Marcos, con 16 años en aquel entonces, recuerda cómo se cumplió un sueño y contó: “En el gol del Tanque Giménez me abracé con mi familia, con gente que no conocía pero que sentía lo mismo que yo. Mi papá fundido en un abrazo con nosotros y entre lágrimas diciendo: ‘Somos de Primera’, algo que me eriza la piel cada vez que lo recuerdo”.

Con 14 años Germán García también estuvo presente y relató: “Arranqué tipo 10 de la mañana a la casa de mi mejor amigo de la infancia para ir con él y su familia; por ellos empecé a seguir a Godoy Cruz desde los 8 años; sí, les debo la vida y mucho más”. Germán recuerda la cantidad de gente que había, y que no pasó mucho tiempo para que la popular se llenara y agregó: ”Estábamos apretadísimos, ni hablar de la noche de invierno que nos tocó, pero que ni se sintió con los nervios, ansiedad, alegría, todo junto mezclado por estar tan cerca de la Primera División”.

“No puedo describir lo que fueron los goles del Tanquela alegría de ver a tanta gente desconocida abrazándose y siendo como conocidos de toda la vida. Es uno de los recuerdos que más grabados tengo a pesar de ser chico. Hay imágenes y sensaciones que jamás se me van a olvidar”, cerró Germán este recuerdo que aún lleva a flor de piel.

Leonardo Mastrangelo vivió ese momento que lo marcó con 17 años y junto a su familia. “Era muy emotivo el hecho de que todos estuviéramos con una ilusión intacta. Me acuerdo que lloré y mis hermanos también. Era una ilusión llegar a Primera, en ese momento no lo podía creer. Fue muy grande ver a tu club de barrio, al club donde jugaste al fútbol, en Primera”, relató.

Danilo Gurrieri tenía 17 también, recuerda que el recibimiento fue impresionante y a pesar de hacer mucho frío, saltando y cantando se pasó rápidamente. Resalta la actitud de Mauro Poy, que jugó habiendo sido operado de apendicitis hacía unos días.

“Luego del partido me fui caminando con los jugadores a la Virgen del Challao y después a festejar al Gambarte. En las buenas y en las malas, siempre le agradezco a mi abuelo que me hizo del Tomba”, finalizó Danilo.

La misma edad de Leonardo y Danilo tenía Eduardo en esa época, que en pocas palabras pudo definir lo que significó para él ese suceso histórico. “Era una emoción gigante, el Malvinas estaba que explotaba, fue un locura”.

"De pendejo yo te decía"

No importa la edad que hayan tenido en esa época, son momentos que a todo hincha del fútbol le marca la vida.

Eber Abad, por ejemplo, vivió el 20 de mayo del 2006 con 9 años y junto a su familia. “Me acuerdo de ver a mi papá emocionado cuando Villar hizo el golazo y todavía se siente una felicidad cuando se recuerda esa final”, dijo.

Mariano Gubinelli también estaba por cumplir sus diez años y mantiene latente en su recuerdo el abrazo que se dio con su papá y su abuelo, al cual se le caían las lágrimas al ver a su querido Tomba logrando la hazaña de jugar en la máxima categoría. “Sin dudas ser Bodeguero es lo más grande que hay”, agregó.

Juani Vargas, con 9 años, nunca había estado tan ansioso ni con tantas emociones juntas. Siempre le va agradecer a su papá, Juan Vargas y a su amigo, Juan Montilla, por haberlo hecho hincha de estos colores. “De lo que más me acuerdo fue cuando hizo el gol el Tanque, mi viejo me abrazó y me dijo: subimos. Después de eso se me cayó el mundo, porque todo lo viví siempre con mi viejo”. De ahí se fue a celebrar al Gambarte, porque nunca hay que olvidarse de donde salió uno. Y en su caja de recuerdos de Godoy Cruz aún conserva recuerdos de esa noche:

Maximiliano Barrera guardó este momento para siempre con apenas 10 años. Recuerda haber ido con mil camperas –por las bajas temperaturas-   y la camiseta de Godoy Cruz encima de todo. “No entraba un alfiler en la popular”, dice Maxi. Y agregó: “Ahí viví mi primer abrazo con un desconocido, un señor mayor parado al lado de nosotros me alzó. Fue una euforia, me temblaban las piernas. Cuando hizo el gol el Tanque me largué a llorar, no podía creer lo que estaba viviendo”. Pero eso no fue todo para aquel niño, Maxi también fue a festejar al Gambarte y sin dudas, nunca se va a olvidar de eso.

Valentina, con 12 años, recuerda en aquella noche haber ido con su papá y su hermana. “Fue una experiencia del carajo” y contó: “Estábamos todos muy nerviosos por el partido y cuando ascendimos fue una fiesta la cancha. Todo azul y blanco, la gente saltando y cantando a morir, llorando de emoción y abrazados todos con todos”.

Sin dudas ningún hincha del Tomba va a olvidar aquella noche. Gabriel Campos, recuerda haber ido con 12 años junto a su papá y amigos, decía seguido de un: “Fue algo inigualable, jamás me voy a olvidar del abrazo que nos dimos con mi primo cuando terminó el partido; las lágrimas que cayeron ahí fueron las más lindas que he tenido en toda mi vida”.

Como mencioné anteriormente, no importa la edad que hayan tenido en esa noche, estos recuerdos no se borran nunca. Porque va más allá del haber ascendido, traspasa la historia, supera expectativa, cumple sueños y lo sigue haciendo…

El Tomba es pasión de multitudes, y también lo es de Mariano Reginato, quien rememora, con 38 años actualmente, que nunca esperaba ver a Godoy Cruz jugar en Primera, así que esto es todo gratis para él. Mariano aún conserva fotos de ese día que vivió junto a sus amigos y recuerda la experiencia inolvidable e inoxidable que le dio un equipo con coraje mayúsculo y con una bestia como el Tanque Giménez.  Mariano guarda de aquella noche varios recuerdos, pero también conserva fotos y no olvida la emoción de la camiseta autografiada por los protagonistas del 3 a 1.

Alejandro vivió esa locura con sus dos hijas, su ilusión era inmensa, remarcó. Y relató “Por primera vez sentí que Godoy Cruz era más que cualquiera de los grandes. Solo existe mi Tomba, mi Expreso, mi Bodeguero. Era una utopía pensar que en dos meses podríamos jugar contra esos grandes”. “¡Que frio! Parecía que iba a nevar, pero teníamos 2000 grados en el corazón”, cuenta Alejandro. Y agrega: “El Seba Torrico con sus manos de Cóndor nos salvó justo y el Tanque nos dio la alegría con ese golazo sobre el final. Saltábamos, llorábamos, nos abrazábamos, nos pellizcábamos y no podíamos creerlo”.

Además, Alejandro acompañó a los jugadores al Challao y después al Gambarte a dar la vuelta. Para cerrar su recuerdo de ese 20 de mayo contó: “Inolvidable, desde ese día, como había pasado en el 94, volvíamos a hacer historia para jugar en la primera división”.

Fabricio Espinoza vuelve a pasar por su corazón y relató: "Sabíamos que se sentía en la atmósfera de Mendoza algo distinto, se olía fútbol, había mucha expectativa en todos lados, hasta los que no van nunca ese partido fueron, como su papá; quién lo acompañó por primera vez a la cancha. “Fue uno de los días más felices de mi vida y con regalo doble”. Incluso recuerda que su padre le decía “tranquilo cabezón ahora el gordo -por el Tanque- los clava". Y así fue. “Nada más lindo que llegar a primera y por primera y última vez con mi viejo abrazándome y llorando como locos”.

“Dejo el trabajo la familia y todo para volverte a ver”

Con ocho años, Mauro González recuerda como su papá lo llevaba a cada partido, y el del ascenso no iba a ser la excepción. “Me acuerdo que justo el día del partido festejaba el cumpleaños mi vieja, y no nos quería soltar. Fuimos igual y mi papá me miró cuando íbamos en él auto y me dijo que algún día iba a entender”.

Siendo fiel al subtítulo de esta parte, Leandro Renna con 28 años vivió ese momento junto a su hermano, quien le contagió esta ‘enfermedad’.  “El 20 de mayo cumple años mi hermana y esa noche toda la familia estaba reunida para celebrarlo, salvo nosotros que nos fuimos al estadio”, contó Leandro. “Después fuimos al Gambarte donde había un escenario en la cancha y todo el mundo festejaba junto al plantel”, cerró.

Hinchas del fútbol

No sólo hinchas coparon las tribunas del Malvinas Argentinas. Aquel partido era un suceso histórico para Mendoza y Cecilia Amadeo, que fue con amigos, lo recuerda así: “No éramos tan fanáticos pero la verdad es que por esos días Mendoza era una fiesta, todos estábamos expectantes y era algo único... era impensado que un equipo mendocino llegara a Primera”.

Recordando el gol del Tanque Giménez, Cecilia agregó: “Todo era puro grito, pura emoción, se nos corrían las lágrimas. Mis amigos estaban afónicos de tanto gritar. No lo podíamos creer. Le cantábamos a Chicago ‘Vos sos de la B... Vos sos de la B...’. Creo que fue el día que más frío pasé en mi vida, pero también el más emocionante si de fútbol hablamos”.

Joaquín Montrbun, con 21 años actualmente, admite que le gusta y es fanático de la gente con pasión por un club, ya que a él mucho no le pasa. Estando presente aquel 20 de mayo del 2006, recuerda que la gente decía: "no importa descender al otro año, con jugar un año en Primera ya era increíble". Y sin dudas no olvida la emoción que vivió aquella noche.


Por el Tanque Giménez,

por Mauro Poy,

por el Pipa Villar,

por el Chocho Llop,

por las miles de almas que coparon y cumplieron un sueño.

Diez años después, sigamos haciendo historia.

¡Salud, Tomba!