Dominique Rocheteau, humanista del balón
Foto: ouest-france

En estas líneas no ha lugar para el egoísmo, la violencia, en cambio sí ha lugar para la difusión de la caballerosidad y el juego limpio en el fútbol y otros deportes. El ejemplo que ello transmite a millones de niños, niñas y adultos es impresionante y necesario. Por ello la historia de un Ángel verde del balón es rescatada hoy del viejo baúl del fútbol…

Nacido un 14 de enero de 1955 en Saintes, Charente-Maritime, a Dominique su afición por el fútbol ascendía por su árbol genealógico, su padre Gerard Rocheteau jugaba al fútbol en la década de los cincuenta y rechazó una suculenta oferta del Stade Reims, porque prefirió una vida apacible cultivando ostras en la costa Atlántica. Precisamente su padre encauzó en gran medida la noble personalidad de Dominique, pues fue el Sr. Gerard el que le inculcó valiosos principios vitales como la lealtad, el respeto y la alegría de vivir.

Bajo estas premisas la aparición del vertiginoso driblador que descubrió un ojeador del AS Saint-Etienne con quince años, supuso una bocanada de aire fresco para un conjunto que estaba a punto de hacer historia en el fútbol francés. Forjado en la cantera stephanoise Dominique Rocheteau llegó a convertirse en icono nacional, pero no un futbolista al uso, su personalidad distaba enormemente de la de los grandes jugadores de élite. El Ángel verde era un ala derecha elegante y audaz, que escenificó su leyenda en la capital de la región del Loire. Rocheteau fue el más noble caballero mosqueteros verde de la gloriosa época del AS Saint-Etienne de la década de 1970, y uno de los líderes de la selección de Francia de la década de 1980. Precisamente en la selección tuvo el magisterio de Michel Hidalgo, que dirigió Les bleus entre 1976 y 1984, uno de los mayores defensores de la belleza del juego y para el que el placer de jugar era primordial.

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De aquel primoroso equipo verde, de lo que susurran a solas las gradas del el Geoffroy-Guichard quedan congeladas imágenes de un equipo en el que compartió edad de oro junto a los hermanos Revelli, Santini, Larqué… Tan solo su debilidad física impidió que le fuera reconocido su talento en mayor medida, pero la historia del fútbol francés nunca olvidará su elegantísimo bouquet de gran reserva. Muy especialmente querido por Les Verts de Sainté, que siguen pensando firmemente que de haber estado presente algo más de esos ocho minutos en el terreno de juego en aquella final de la Copa de Europa de 1976 que perdieron ante el Bayern, la historia del club sería bien diferente. Rocheteau había sido decisivo hasta entonces para Les Verts, sobre todo en cuartos de final con el gol milagroso en la prórroga ante el Dinamo de Kiev.

Humanista del balón

Talento con el balón y todo un ejemplo social de sólidos y positivos valores del deporte que practicó. Jamás vivió el fútbol como un fin monetario, como un negocio, para Rocheteau el juego era una diversión, un modo de expresión. Luchó por preservar el espíritu de una pelota libre y creativa, útil herramienta para combatir los problemas de los barrios, asidero al que asirse cuando la escasez, la pobreza y la desesperación, sitúa a los chicos jóvenes en los bordes del abismo. Dominique era un futbolista de inusuales costumbres, destacando por su alto nivel cultural, su afición por la literatura, su conocimiento de la filosofía, y su pacifismo. Rocheteau era un humanista con un balón como excusa, su cabellera rizada firmó regates que le convirtieron en icono de muchos jóvenes franceses aficionados al fútbol de su generación.

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Permaneció en las filas del St.Etienne durante ocho temporadas, hasta 1980, cuando firmó por el París Saint Germain, club en el que una importante variante táctica benefició crucialmente a un futbolista que siempre se había desempeñado como extremo derecha, posición desde la que explotó su excepcional calidad para el regate. En cambio en París tuvo libertad para desenvolverse en posiciones de ataque, otorgándole la posibilidad de jugar en punta, aumentando exponencialmente su capacidad goleadora, al punto de que llegó a firmar 99 goles con la camiseta parisina. La irrupción del conjunto de Saint Germain en la primera escena del fútbol galo y europeo, se explica en buena medida gracias al aporte de este ángel del fútbol verde que había dejado para el recuerdo el citado color, pero que por entonces voló a su antojo por los campos franceses con la camiseta del Paris. Dos Copas de Francia y un título de Liga, conquistó el conjunto parisino con Rocheteau en sus filas, que además fue en cuatro ocasiones campeón de la Lige y en tres ocasiones de la Copa gala. Fue semifinalista en dos Mundiales, campeón de la Eurocopa de Naciones de 1984 y subcampeón de la Copa de Europa con el Saint Etienne.

Ejemplo del juego limpio

Con medio centenar de internacionalidades, estuvo presente en tres Mundiales, en el descalabro de Argentina 1978, en España 1982 y México 1986, donde formó parte de la magnífica generación de los Giresse, Tigana, Platini, un periodo mágico coronado con la Eurocopa de Naciones de Francia de 1984. En 1987 se marchó al Toulouse, donde por fin pudo alejarse del ruido mediático, coincidiendo con Santini, compañero suyo que iniciaba su carrera de entrenador. Dominique pasó en el conjunto occitano los dos últimos años de su carrera deportiva, poniendo fin de esta manera a una docencia futbolística que dejó huella en Francia. En sus más de dieciocho años como jugador profesional recibió una sola cartulina amarilla, mostrada por el colegiado portugués Silva Valente, en el Mundial de México 1986, en un Francia-Uruguay. Algo difícilmente imaginable en el fútbol actual y muy complicado en el fútbol de su época, pues como extremo encarador fue sometido a duros marcajes para los que jamás tuvo una palabra más alta que la otra. Para él el rodar de un balón siempre estuvo vinculado a los valores populares del respeto, la solidaridad, y la humildad competitiva, que aunque parezca una quimera también es posible, tal y como demostró este idealista del fútbol.

A su retirada siguió vinculado al fútbol, aportando, su experiencia, caballerosidad y positiva concepción de este deporte en varios cargos directivos. Como parte integrante la Comisión de ética de la Federación Francesa, intenta reflejar una imagen sana del fútbol, como deporte en el que se ven identificados numerosos jóvenes, poniendo especial énfasis en la educación de la estrellas como modelos de los citados jóvenes. Luchando por tanto por el correcto comportamiento ante los rivales, los colegiados y las respectivas aficiones.

Porque ser una estrella, ser futbolista, ser culto, humilde, competitivo y noble, ser Rocheteau, sigue siendo posible.

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