Italia 1982: Bearzot y los proscritos de Vigo
Italia 1982: Bearzot y los proscritos de Vigo. | Imagen: Martín Velarde (VAVEL)

Italia 1982: Bearzot y los proscritos de Vigo

La historia de Enzo Bearzot, "un Don Quijote solo contra todo el mundo", en palabras de Antonio Cabrini. De "un hombre de una sinceridad cristalina", según su capitán Dino Zoff. De un entrenador que solamente alzó un trofeo y lo hizo buscando el cielo de Madrid: era la Tierra transformada en oro, sostenida por dos figuras humanas; quizá él mismo y Paolo Rossi. Una perfecta alegoría del triunfo imborrable de un grupo maltratado y menospreciado que Bearzot convirtió en un equipo para la eternidad.

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Marcos López Aragón

La Copa Mundial de la FIFA no solo corona cada cuatro años al rey del mundo futbolístico, también acostumbra a regalar bellas historias que permanecen indelebles en el imaginario colectivo. Hazañas que solamente se consiguen apelando al talento máximo, a la grandeza de los mejores o a valores perennes del fútbol como el trabajo en equipo y el espíritu de superación. Paradigma de esto último fue el camino hacia la gloria de la selección italiana en el Mundial de España 1982 dirigida por Enzo Bearzot (Aiello del Friuli, 26/09/1927 - Milán, 21/12/2010), un peregrinar de espinas que tornaron laureles para vestir de inmortalidad a un grupo de proscritos capaces de recuperar el trono de la Azzurra 44 años después.

Enzo Bearzot, entrenador campeón del Mundial 1982 con Italia. | Foto: FIFA
Enzo Bearzot, entrenador campeón del Mundial 1982 con Italia. | Foto: FIFA

El calor, excusa perfecta para el aislamiento

La numerosa expedición italiana (42 personas) arribó a Pontevedra el dos de junio de 1982, pero el ambiente llevaba enrarecido desde hacía tiempo. El dulce sabor del cuarto puesto en el Mundial de Argentina 1978, ya de la mano de Bearzot, quedó engullido por el amargor de la decepción sufrida en la Eurocopa de 1980, disputada en el país transalpino. En esa cita Italia terminó cuarta, sin perder ninguno de los cuatro partidos, pero anotando solo dos goles. Un triste empate a cero ante Bélgica dejó a Italia fuera de su final y las críticas florecieron feroces. Por si fuera poco, la discutida convocatoria para el Mundial de España y el pobre juego mostrado en los amistosos de preparación hicieron que el aire fuera irrespirable.

El Parador Casa Do Barón fue el cuartel general de Italia en el Mundial 1982. | Foto: Paradores
El Parador Casa Do Barón fue el cuartel general de Italia en el Mundial 1982. | Foto: Paradores

El sofocante calor de aquel verano ibérico fue la excusa perfecta para Bearzot que, consciente del destructivo entorno mediático con el que debería lidiar, recluyó literalmente a su grupo de jugadores en el Parador Nacional Casa do Barón, un palacio renacentista pontevedrés del Siglo XVI, antigua morada de los Condes de Maceda. Cerca de Vigo, donde Italia disputaría sus tres encuentros de la primera fase, más cerca aún del Estadio de Pasarón, donde se entrenaron y lejos no solo (físicamente) de las tórridas temperaturas del interior, sino también (retóricamente) de la prensa italiana.

La discutida convocatoria de Bearzot para el Mundial 1982. | Fuente: El País
La discutida convocatoria de Bearzot para el Mundial 1982. | Fuente: El País

Las medidas de seguridad adoptadas por la Federación Italiana fueron también duramente criticadas por los medios de comunicación, que solo en contadas ocasiones pudieron acceder al Parador, previa apertura de las hoy inexistentes verjas metálicas de su entrada por parte de efectivos de la Policía Nacional. Aquello pasó a la historia como el silenzio stampa.

Vídeo: primeros días de la selección italiana en Pontevedra. (Fuente: Canale 7).

Paolo Rossi: casualidad, confianza y destino

Los partidos amistosos disputados ante el Pontevedra y el Braga solo sirvieron para recrudecer la murmuración de los numerosos detractores de la Azzurra, alimentados por una prensa que se encontraba "entre la indignación y la desilusión por el juego del equipo" (El País, 10/06/1982). La propia lista de convocados también fue objeto de debate en Italia, sobre todo por la decisión de Enzo Bearzot de incluir en la expedición a Paolo Rossi. El delantero toscano llegaba al Mundial después de no haber jugado durante dos años debido a una sanción por su implicación en el Caso Totonero, un tremendo escándalo de apuestas ilegales y amaños de partidos que terminó con el descenso administrativo de Milan y Lazio.

Paolo Rossi, de sancionado a campeón mundial y Balón de Oro. | Foto: La Gazzetta dello Sport
Paolo Rossi, de sancionado a campeón mundial y Balón de Oro. | Foto: La Gazzetta dello Sport

En un principio la sanción impuesta a Rossi fue de tres años, reducida después a dos por la Comisión Federal de Apelaciones de la Federación Italiana de Fútbol. Seguramente nada tendría que ver el horizonte mundialista, pues el ariete militaba aún en el modesto Perugia. Una casualidad. Rossi cumplió su castigo poco antes del Mundial y Bearzot, que ya lo llevó a Argentina 1978, no dudó un instante en volver a confiar en este atípico e instintivo delantero centro italiano de apenas 177 centímetros. Se cuenta que Bearzot hizo jurar ante él a Rossi su siempre proclamada inocencia, para asegurarle después que lo llevaría al éxito, confiando en que quizá la justicia poética del destino tenía algo grande reservado para el Bambino de Oro. Pero no era algo grande, sino lo máximo.

Paolo Rossi celebra su gol en la final del Mundial 1982. | Foto: Forza27
Paolo Rossi celebra su gol en la final del Mundial 1982. | Foto: Forza27

Los proscritos de Vigo, a la segunda fase sin ganar

Pero el comienzo del Mundial no hacía presagiar nada bueno para una Italia pobre en fútbol y parca en goles. La Azzurra salió de Balaídos clasificada para la segunda fase sin ganar ni uno de sus tres partidos ante Polonia (0-0), Perú (1-1) y Camerún (1-1). Igualada a puntos con la débil selección africana, solo el hecho de haber marcado un gol más (dos por uno) le dio el pase de ronda. Si Bearzot y sus jugadores ya eran discutidos antes de empezar, los tres empates de Vigo y la reclusión en Pontevedra les hizo presa fácil no solo de la prensa transalpina, sino también de toda la opinión internacional. No en vano Italia debía medirse ante Argentina, vigente campeona y Brasil, gran favorita, en la segunda fase.

Vídeo: Italia accedió a la segunda fase del Mundial 1982 tras un agónico empate frente a Camerún. (Fuente: StoriediCalcio).

En una medida impensable para estos tiempos, Bearzot decidió mantener a su equipo concentrado en Pontevedra a pesar de tener que disputar los siguientes partidos en Barcelona. El suave clima gallego, la fortaleza que suponía el Parador como medida de aislamiento, contar con un cocinero privado (única selección por aquel entonces) y con Pasarón para entrenar hicieron que Bearzot lo tuviera claro.

Sosiego en el Cantábrico, resurrección en el Mediterráneo

"En Barcelona, las cosas parecen muy diferentes". Esta frase, de la escritora británica Julie Burchill, ilustra a la perfección el periplo italiano en la Cuidad Condal durante la segunda fase, capaz de salir indemne de dos pruebas de fuego. Primero la Azzurra venció a la Argentina de Maradona y después selló su pase a semifinales en el que ha sido recientemente elegido por los aficionados, a través de la FIFA, como el mejor partido de las últimas nueve ediciones de la Copa Mundial.

El añorado Sarrià fue testigo de la eclosión definitiva de Paolo Rossi que, con sus tres goles, se encargó de dejar fuera a la gran favorita, la selección brasileña de Falcao, Sócrates y Zico. Italia terminaba, de manera sorprendente, primera de grupo.

Vídeo: partido íntegro Italia 3-2 Brasil, correspondiente a la segunda fase del Mundial de España 1982. (Fuente: FIFA).

Derrotar a dos gigantes espoleó a Italia que, a lomos de Rossi, galopaba ahora en condición de favorita en semifinales ante Polonia, la revelación del torneo. Si el ariete toscano conquistó Sarrià, el mismo destino le aguardaba en el flamante y remozado Camp Nou, desde donde Italia se propulsó hacia la final con dos nuevos goles de quien ya era considerado como la gran figura del Mundial.

Barcelona y Madrid vivieron la eclosión definitiva de Paolo Rossi en el Mundial 1982. | Foto: FIFA
Barcelona y Madrid vivieron la eclosión definitiva de Paolo Rossi en el Mundial 1982. | Foto: FIFA

El Bernabéu coronó reyes del mundo a los proscritos

Nueve de julio de 1982, Pontevedra. Un mes y una semana después, todo era diferente. Italia entera aclamaba a sus héroes y la desilusión había mutado no solo en esperanza, sino en euforia para nada contenida entre los tifosi. Incluso la ahora almibarada prensa se deshacía en elogios con Bearzot, al que pasó a considerar un gran líder y estratega y con Rossi, estrella rutilante que iluminaba el sendero hacia el trono perdido. Todo era diferente, salvo una cosa: el grupo de proscritos seguía recluido en el Parador.

Había poco que perder y todo que ganar. Italia no era favorita en la final ante la República Federal de Alemania, pero tampoco antes frente a Argentina y Brasil. Una situación que al equipo le resultaba familiar y hasta confortable. Aquellos dos días en Pontevedra antes de la gran cita con la historia fueron de un ambiente apacible, sereno. Bearzot y su grupo de proscritos se sentían con una confianza plena en sus posibilidades y, lo más importante, en paz con ellos mismos. En ese momento ya eran una familia que se cuidaba y se quería, con Bearzot como patriarca venerado. Por delante, solo la gloria.

Vídeo: partido íntegro Italia 3-1 República Federal de Alemania, correspondiente a la final del Mundial de España 1982. (Fuente: Lucho Quiroz).

Dino Zoff alza la Copa Mundial en el Santiago Bernabéu. | Foto: FIFA
Dino Zoff alza la Copa Mundial en el Santiago Bernabéu. | Foto: FIFA

La final de aquel Mundial supuso tantas cosas y tan bonitas. No solo la coronación de un equipo mayúsculo, también queda para el recuerdo el entrañable beso al entrenador de su capitán Dino Zoff que, a pesar de contar ya entonces con 40 años, sintió a Bearzot como "un segundo padre" para siempre. Igual que el inolvidable grito de Marco Tardelli en la celebración de su gol, la viva imagen que representaba la poética liberación de aquellos jugadores que habían sufrido el maltrato y el desprecio de su propio país. Y qué decir del presidente de la República Italiana, Sandro Pertini, ferviente y confeso admirador de Bearzot, que pasó divertida y entrañablemente por encima del protocolo en el palco del Santiago Bernabéu con su sincera alegría.

Vídeo: Marco Tardelli habla sobre su gol en la final del Mundial España 1982. (Fuente: Canal+).

Pero para el final de esta historia queda reservada una fotografía muy especial, la que ilustra la partida de cartas que Enzo Bearzot (con su inseparable pipa), Sandro Pertini, Dino Zoff y Franco Causio dispusieron en el avión de regreso a Italia con la Copa Mundial como ilustre testigo. El único trofeo que conquistó Bearzot en toda su carrera y que se encargó de bajar a tierra nada más aterrizar en Italia. Él y su grupo de proscritos regresaban a casa convertidos en reyes del mundo.

Zoff, Causio, Bearzot, Pertini y la Copa Mundial, de regreso a Italia. | Fuente: Federación Italiana Fútbol
Zoff, Causio, Bearzot, Pertini y la Copa Mundial, de regreso a Italia. | Fuente: Federación Italiana Fútbol

Gloria eterna para un entrenador que falleció en Milán el 21 de diciembre de 2010, curiosamente en la misma fecha pero 42 años después de que lo hiciera su colega Vittorio Pozzo, campeón del mundo con la Azzurra en 1934 y 1938.

Vídeo: remembranza de Enzo Bearzot con motivo de su fallecimiento. (Fuente: Canale 7).

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