Historia de Croacia, historia croata
Foto: Celta.

“Los jugadores de fútbol son todos unos analfabetos a los que solo les importa la fama, ganar dinero y ser ostentosos. En su vida han leído un libro”. Estas manidas observaciones sobre los futbolistas y su nulo interés cultural y político se hacen trizas cuando se piensa en Zvonimir Boban: historia viva de Croacia y profesor de Historia croata en la Universidad de Zagreb. Ávido lector, capaz de hablar cinco idiomas y siempre con una opinión formada y argumentada en temas políticos y sociales. Y sí, también futbolista. Un prodigioso futbolista.

Historia viva de Croacia y profesor de Historia croata

La vida de este singular personaje transcurre entre su Croacia natal, la Guerra de los Balcanes y el AC Milan, para acabar su trayectoria deportiva en el Real Club Celta. De vivir en primera persona lo que para muchos fue la chispa que encendió la mecha de la guerra, a ser campeón de Europa de rossonero. De una juventud activa en favor de la independencia de Croacia, a una licenciatura en Historia y un puesto de profesor en la Universidad de Zagreb. De un histórico tercer puesto en un Mundial, a dejar el fútbol sin pensárselo dos veces, por el mero hecho de no poder disfrutarlo. Simplemente Boban.

Breve, señorial, inolvidable

15 de octubre de 2001. Ese día, Boban dejó de ser futbolista del Celta. Ese día, Boban dejó de ser futbolista profesional. En una rueda de prensa en Balaídos, el croata confirmó lo que había adelantado cuatro días antes en la Gazzetta dello Sport. Lo dejaba. Lo dejaba porque no había ido a España a “ser un problema”. Lo dejaba porque no encontró la motivación para afrontar una situación en la que no era protagonista. Lo dejaba porque su amor por el fútbol siempre superó al afán por ganar dinero o notoriedad.

Un paso efímero pero inolvidable. (Foto: EFE).

“Llegué a Vigo porque me dijeron que podía ser importante para este equipo y este proyecto. He visto que no lo soy y no quiero dar problemas a nadie, prefiero irme a casa. Podría quedarme a la sombra en el vestuario, cumplir mi contrato y llevarme el dinero, pero mi ilusión siempre fue jugar”, declaró Boban en su último día como profesional; en su último día en el Celta.

Meses antes, en agosto, el Zorro llegó a las Rías Baixas ilusionado y motivado. El mediapunta fue una petición expresa de Víctor Fernández, el técnico de Celta en aquella época dorada del club. Pronto, muy pronto, Boban descubrió que la cosa no iba como esperaba. Con Mostovoi en plenitud, el entrenador maño no supo encontrarle sitio al exmilanista. Probó con él de mediocentro. No cuajó. Era el ruso o el croata. El croata o el ruso. No había sitio para los dos.

La temporada arrancó y la estrella del Rey del Ajedrez no brillaba de celeste. Carne de banquillo. Apenas cuatro partidos de Liga disputó con el Celta. En las competiciones que podía tener protagonismo, UEFA y Copa del Rey, el equipo vigués decepcionó, cayendo en la segunda ronda de ambos torneos, contra Salamanca y Slovan Liberec respectivamente. Todo mal.

"No quiero dar problemas a nadie; prefiero irme a casa"

Si bien es cierto que su paso por el Celta fue fugaz, Boban no dio ni un solo problema en los meses que estuvo en Vigo. Su clase en el verde se trasladaba a la calle. Elegante. Amable con todo el mundo, cercano, de trato fácil. Una superestrella de su caché podría haber generado problemas en el vestuario y declaraciones explosivas en la sala de prensa. No fue así. El Zorro calló, trabajó y lo intentó, hasta que no pudo más. Su gesto de marcharse renunciando a su sueldo y de colgar las botas tras su paso por el equipo gallego, todavía permanece en el recuerdo del aficionado celeste, que solo puede tener elogios para el superclase croata.

Ideas claras desde el principio

“Mi país es lo que más amo en la vida. Moriría por él. El pueblo croata tiene derecho a caminar su camino, a levantarse de su sueño, a salir de cincuenta años de opresión”. Boban nunca lo escondió. Siempre ha sido un fervoroso nacionalista croata, incluso cuando unió fuerzas con bosnios, eslovenos, serbios, macedonios y montenegrinos para ganar el Mundial sub-20 del año 87, disputado en Chile. Aquella maravillosa selección contaba con futuras figuras de primer nivel como Suker, Prosinecki o Mijatovic.

"El pueblo croata tiene derecho a caminar su camino"

13 de mayo del 90. Para muchos, la fecha en la que arrancó la Guerra de los Balcanes. Un partido de fútbol el motivo, el estadio Maksimir de Zagreb, el escenario. El Dinamo de Zagreb y el Estrella Roja de Belgrado, los contendientes. Una monumental trifulca, con ultras, policías y futbolistas, con Boban como parte activa y muy simbólica, el detonante.

Foto: ESPN.

Una semana antes del suceso, tuvieron lugar en Yugoslavia las primeras elecciones regionales desde su unificación en el 45, de la mano del mariscal Tito. Una clara victoria del partido nacionalista croata de Franjo Tudjman. No había vuelta atrás. El propio Boban analizó lel momento histórico que iba a suceder: “El futuro del fútbol parece muy crudo aquí, si las cosas van a peor, habrá una separación, una fractura”. Un duelo ya muy peligroso de por sí, se había vuelto prohibitivo. 3.000 delije (ultras serbios del Estrella Roja) viajaron al partido en medio de proclamas antiseparatistas, “Zagreb es Serbia”, “Mataremos a Tudjman”, acompañados por el líder paramilitar Arkan y sin la más mínima medida de seguridad del gobierno de Slobodan Milosevic. En el lado contrario, los Bad Blues Boys, ultras nacionalistas croatas. El simulacro de la última gran guerra en Europa estaba a punto de darse en un recinto deportivo.

Kilos y kilos de piedras, quemas de banderas del rival, proclamas violentas e incluso ácido para quemar vallas y lo que se pusiera por delante, entraron al estadio. Lo que tenía que pasar, pasó. El partido ni siquiera había arrancado cuando se desató la locura. Los ultras serbios saltaron a la zona croata y comenzó la batalla: puñetazos, patadas, asientos por el aire… Los ultras croatas respondieron. La sangría estaba en marcha y la policía se limitaba a mirar.

"Ahí estaba yo, dispuesto a arriesgar mi carrera por un ideal, por la causa croata"

Boban se acercó al cordón policial para pedir una intervención que solo se produjo cuando varios aficionados del Dinamo saltaron al césped. Entonces sí actuaron las fuerzas de seguridad. Los jugadores del Estrella Roja corrieron hacia los vestuarios. Los del Dinamo, permanecieron sobre el verde. Fue en ese momento cuando se produjo, según muchos, la patada que dio inició a la Guerra de los Balcanes. Un policía estaba golpeando a un aficionado croata cuando Boban se lanzó contra él, con los tacos por delante.

La disputa nacionalista pasaba a ser una cuestión bélica y un futbolista había dejado clara su postura: "Ahí estaba yo, una cara pública, dispuesto a arriesgar mi carrera, todo lo que la fama puede comprar, por un ideal, por una causa: la causa croata". Con la palabra y con los actos. Desde ese día, Zvone es un héroe nacional en Croacia.

De mito político a futbolístico

Al año siguiente de aquel suceso, la Guerra de Croacia comenzó. Boban fue suspendido seis meses por el incidente con el policía y decidió irse a Italia. El Bari fue su destino. Solo un año duró en el equipo sureño: el AC Milan le fichó en el 92. Vestido de rossonero, el Zorro inició una década de magia. Nueve años de pura clase que le llevaron a tocar el cielo con el equipo lombardo.

Fue Fabio Capello el que le reclutó para la causa milanista. El técnico italiano, enamorado de Boban, reconoció varias veces la debilidad que sentía por el jugador croata: “Es uno de los futbolistas más completos que he visto. Lo tiene todo: juego corto, largo, fuerza, inteligencia, sentido táctico y una extraordinaria calidad técnica. Un futbolista así puede ganar un partido él solo en cualquier momento”.

“Es uno de los futbolistas más completos que he visto", Capello

Boban cayó de pie y ganó dos Scudettos consecutivos nada más llegar, en las campañas 92/93 y 93/94. Dos Ligas más alzaría el mediapunta balcánico (96 y 99) vestido de rossonero, en una etapa fabulosa, la que marcó su carrera y en la que coincidió con futbolistas de una dimensión extraordinaria. Zvone presenció el ocaso de Marco Van Basten, la leyenda de Maldini, la jerarquía de Baresi, la magia de Savicevic, el poderío de Desailly, el instinto asesino de Weah, la fantasía de Roberto Baggio, el despunte de Shevchenko y el testigo de la clase, entregado a Andrea Pirlo, que llegaba al Milan el año que Boban se marchó al Celta, el año que acabaría retirándose del fútbol.

Tanto con Capello como con Zaccheroni, el rol de Boban fue siempre el mismo: el trecuartista, el fantasista, el regista. En algunos partidos arrancaba desde un costado, pero en esencia, Zvone era el enganche del equipo. El croata era un surtidor constante de balones para los delanteros. Mágico en el último pase. Tenía esa cualidad tan escasa, la de poner la pausa en medio de la vorágine. Clarividencia. El Zorro siempre veía el camino en una maraña de piernas, en un bosque de rivales, en los muros mejor construidos.

Además, tenía un guante en su bota derecha, que le hacía el principal ejecutor de todos los balones parados del equipo. Su gran lastre fue su limitada capacidad goleadora: en 251 partidos con el Milan, solo hizo 30 goles. Boban no veía puerta con facilidad, siempre prefería buscar una asistencia en lugar de un remate. Esa losa le impidió ser más grande de lo que fue, meterse en el olimpo de los supercracks.

"Yo sé lo que hizo Pelé en Suecia con 17 años; me hace recordar que los demás no somos nada"

Pero más allá de los cuatro Scudettos y de la Supercopa italiana que conquistó, Boban tocó el cielo futbolístico el 18 de mayo de 1994, en Atenas. La cuna de la cultura occidental le dio la gloria al futbolista culto. El Milan sentenció a muerte al Dream Team de Johan Cruyff, aplastándole en una histórica final. Un 4-0 inapelable que dio la quinta orejona al club lombardo y en el que la gran estrella fue balcánica, pero no fue Zvone. La noche ateniense coronó a Dejan Savicevic como el crack del partido, con un golazo de vaselina a Zubizarreta, una asistencia y una colosal actuación. El Barça llegaba como claro favorito, pero Capello planteó un partido perfecto. Supo sobreponerse a la baja de su pareja de centrales (Costacurta-Baresi) y, con una presión asfixiante a la salida de balón desde atrás de los culés (como ejemplifica el gol de Savicevic) y una intensidad tremenda durante los 90 minutos, desarmó a los azulgrana que cayeron sin paliativos.

Foto: AC Milan.

Boban y el Milan volvieron a tocar metal unos meses después, cuando alzaron la Supercopa de Europa tras imponerse al Arsenal. (0-0 en Highbury, 2-0 en San Siro). La influencia del croata creció todavía más en el equipo lombardo esos años, llegando a convertirse en el eje indiscutible del ataque milanista. Solo en los últimos dos años se diluyó su protagonismo. La edad, la competencia con Leonardo y el posterior fichaje de Rui Costa, abocaron al croata hacia el desenlace natural de cualquier carrera, hasta de las más gloriosas. Zvone abandonó el club de su vida, destino a las Rías Baixas, para reconciliarse con el fútbol y poder seguir disfrutando un poco más del juego que amaba. El amor no fue correspondido.

El profesor de Historia es Historia

Con la templanza de la experiencia y sin ganas de hacerse más daño, Boban colgó las botas para emprender nuevas aventuras vitales, fieles a sí mismo. El amor por la cultura y por su país, siempre presentes en su vida, le llevaron a acabar la carrera de Historia en la Universidad de Zagreb, en la que ya se había matriculado antes de probar suerte en Vigo. Además del interés por la historia de Croacia, Zvone demostró en multitud de ocasiones su pasión por las efemérides y los mitos del mundo del fútbol: "Si te gusta el fútbol, si vives del fútbol, debería ser obligatorio estudiar a todos estos grandes equipos y grandes campeones. Yo sé lo que hizo Pelé en Suecia con 17 años, yo vi todos sus partidos, yo sé lo que significa eso. Nos hace recordar a los demás, que no somos nada", comentó una vez.

Pero ese amor a las letras y a su país ya venía de muy lejos. Boban leía a Dostoyevski y Chekhov cuando apenas tenía 20 años, en el Dinamo de Zagreb. En su etapa en Italia, esa pasión cultural se desató. Conoció a Bocaccio, a Petrarca, a Miguel Ángel. También despertó su interés por el mundo grecolatino, que años más tarde le llevaría a licenciarse defendiendo una tesis sobre el cristianismo en el Imperio Romano.

Suker y Boban, probablemente los mejores jugadores de la historia de Croacia. (Foto: Cultura Redonda)

Boban siempre tuvo claro que era croata. Así lo sentía, incluso cuando jugó con Yugoslavia, a la que representó en ocho partidos con la selección absoluta y con la que se proclamó campeón del mundo sub-20. "Sí. Jugué con gran honestidad, respetando el equipo. Pero Yugoslavia nunca podría ser lo que mi corazón croata anhelaba. Lo di todo por mis compañeros. No por Yugoslavia", declaró a Sport años más tarde.

El 8 de octubre de 1991 es la fecha clave para cualquier patriota croata. También para Boban. Ese día, Croacia pasa a ser una república independiente a todos los efectos, cumpliendo el sueño de muchísimas personas que no sentían Yugoslavia como algo propio. Pero fue antes, cuando la selección croata de fútbol se configuró. Sin contar una quincena de partidos amistosos disputados durante el desarrollo de la II Guerra Mundial, el equipo ajedrezado hizo su debut el 17 de octubre de 1990 (un año antes de su independencia) contra Estados Unidos. Boban no pudo estar en ese partido ya que todavía arrastraba la suspensión de seis meses por los incidentes del Maksimir, pero sí pudo participar contra Rumanía, el 22 de diciembre de ese mismo año, en lo que supuso su debut con la camiseta de su país. De su verdadero país.

"Conocer la historia te da una visión diferente de lo que está pasando"

A partir de ahí, Boban fue partícipe activo del crecimiento de una selección talentosa que había nacido con el mismo ímpetu por prosperar que el país al que representaba. 51 partidos, ocho goles y el brazalete. Zvone fue el líder de una selección que logró sus mayores éxitos en su nacimiento. En el año 92 entró a formar parte de la FIFA y en la fase de clasificación para la Euro del 96, disputó sus primeros partidos oficiales. Croacia logró el gran éxito de meterse en la fase final del torneo, disputada en Inglaterra. Pero no se frenó ahí: Boban y sus compañeros se clasificaron para cuartos de final, en un grupo con Portugal, Dinamarca y Turquía. El choque contra los otomanos, el 11 de junio del 96 en Nothingam, ya está en la historia de la república balcánica, como el primero de su selección en una fase final.

Croacia cayó en cuartos contra Alemania, pero dejó impronta de lo que podría llegar a ser. Dos años después llegó el mayor éxito de su breve historia. Un tercer puesto en el Mundial de Francia. Historia de Croacia. Historia del fútbol. Aquel equipo todavía es el mejor debutante en una Copa del Mundo. Junto al capitán Boban, una generación inolvidable formada por los Prosinecki, Jarni, Stimac, Vlaovic y un Suker superlativo, proclamado Bota de Oro del torneo, se quedó a un paso de la final.

Croacia superó el grupo H, en lo que ya era un gran éxito para la joven selección balcánica. Victorias ante Jamaica y Japón y una derrota ante Argentina, metieron a la Ajedrezada en octavos como segunda. Un gol desde los once metros de Suker dio la victoria a su equipo ante Rumanía. De nuevo los cuartos de final y de nuevo Alemania. Como dos años atrás en la Eurocopa, Croacia parecía estar ante su techo. No fue así. En el mejor partido de Boban en el campeonato, los croatas se deshicieron de la Mannschaft con goles de Vlaovic, Jarni y por supuesto de Suker.

"Mi filosofía es ser mejor persona cada día"

Un aplastante 0-3 que dio el pase a semifinales contra la anfitriona. Un gol del delantero del Real Madrid disparó los sueños del joven país bañado por el Adriático, pero Liliam Thuram, con dos tantos, le devolvió a la tierra de un golpe y metió a Francia en la final de su Mundial. Pero un desempeño tan brillante no merecía un final así. Croacia resurgió en el tercer y cuarto puesto y se impuso a Holanda (1-2), de nuevo con una gran actuación de Boban y Suker, autor de un nuevo gol para completar los seis que le otorgaron la Bota de Oro del torneo, superando a Batistuta y a Vieri.

A su regreso a Zagreb, los miembros de aquella selección fueron recibidos como héroes nacionales. Su capitán, su líder, Zvonimir Boban, volvía a ingresar en la historia de Croacia, como había hecho ocho años antes, también en Zagreb, cuando una patada suya daría inicio a una Guerra que cambiaría todo para él y su país.

Y como el destino es caprichoso, la paradoja de alguien que es historia de Croacia sea profesor de Historia de Croacia en una facultad de la ciudad donde, precisamente, entró en la historia de Croacia, se ha cumplido. El profesor Boban imparte clases sobre el pasado de su país en la Universidad de Zagreb, algo que, como muchas veces ha declarado, le colma como persona: "Cuando eres futbolista, eres futbolista. No naces filósofo o historiador. Conocer la historia te da una visión diferente de lo que está pasando. Es algo que me ha dado mucho en el sentido de crecer como persona".

Persona. Una palabra de amplio significado, con un espectro enorme de subjetividad. “Mi obsesión es ser mejor persona cada día. Esa es mi filosofía”. Para Zvonimir Boban siempre estuvo por delante de ser un simple futbolista. Lo estuvo cuando puso en juego su carrera por defender a su país, lo estuvo cuando siempre mostró su opinión política, lo estuvo cuando se cultivó y estudió una carrera para cuando acabase la que tenía en curso sobre el césped y lo estuvo cuando renunció a un contrato y al dinero que había firmado porque no podía disfrutar del fútbol, ese deporte que ama y al que sigue ligado como columnista en La Gazzetta dello Sport y como comentarista en la televisión italiana y croata. Clase en el campo, clase en las aulas, clase en los micrófonos. Zvonimir Boban, el maestro. Pura clase.

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