Supercopa de Europa 2018, un título con sabor especial
Los jugadores del Atlético de Madrid celebran la Supercopa de Europa conquistada ante el eterno rival, el Real Madrid.

Supercopa de Europa 2018, un título con sabor especial

Primer triunfo europeo del equipo rojiblanco a costa del eterno rival. Tallin entra en el particular Olimpo colchonero.

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Javier Fajardo

Entrando en la última curva de 2018, toca hacer balance de lo que ha sido el año para el Atlético de Madrid, si bien no comenzó muy prometedor tras la prematura eliminación del equipo en la Fase de Grupos de la Champions League (a pesar de encajar sólo cuatro goles, pero tampoco marcó muchos más y sin goles no se ganan partidos), las declaraciones de Gabi tras caer a la Europa League, que muchos interpretaron como un desprecio al torneo que luego terminarían conquistando o la desconexión de Antoine Griezmann en el primer tramo de la temporada, junto al coqueteo posterior del francés con el F.C. Barcelona que puso de uñas a la afición contra el galo. El caramelo que endulzaba un poco tanto varapalo fue la llegada del ansiado Diego Costa, ese que Simeone viene reclamando desde antes incluso que el hispano-brasileño cogiese rumbo a Londres allá por 2014. Un Simeone que, una vez más, supo reinventarse y enderezar el rumbo rojiblanco hasta el punto de quedar segundo en la liga regular y conquistar por tercera vez la UEFA Europa League, lo que daba derecho a disputar nuevamente la Supercopa de Europa, esta vez contra el Real Madrid, la auténtica bestia negra rojiblanca en competiciones continentales.

Europa, en el debe

Llegando Simeone a Madrid hace ahora siete años, acumulaba el Atlético una nefasta racha de doce años sin ganar al eterno rival, una racha que se prolongó dos años más hasta la final de la Copa del Rey de 2013, en la que un gol de Miranda en la prórroga rompía por fin esa maldición. Desde entonces, el Atlético empezó nuevamente a mirar a los ojos a su eterno rival. Y a ganarle partidos en Liga (principalmente en el Bernabéu, donde lleva cinco años sin perder), en Supercopa de España, nuevamente en Copa del Rey... pero con una asignatura pendiente que no era capaz de superar: Europa.

Momento en el que Miranda anota el gol que rompía la racha de catorce años sin ganar al eterno rival. Foto: RTVE
Momento en el que Miranda anota el gol que rompía la racha de catorce años sin ganar al eterno rival. Foto: RTVE

 

La máxima competición, único testigo europeo

Si bien sólo se han visto las caras en la máxima competición continental (ni en Copa de Ferias, posteriormente Copa de la UEFA y actualmente Europa League ni en la extinta Recopa de Europa), nunca consiguió el Atlético de Madrid derrotar en eliminatoria o final europea a su rival vecino. Sí ganó partidos como en la vuelta de las semifinales de la Copa de Europa 1958-59, en la que ganó por 1 - 0 (tras perder en la ida 2 - 1; actualmente, esos resultados hubiesen hecho pasar a la final al equipo rojiblanco, sin embargo, en la época se jugaba un partido de desempate en el que tras vencer los blancos por 2 - 1 pasaron a la final donde conseguirían su cuarto entorchado consecutivo). O en la edición de 2016-17, en la que se encontraron nuevamente en semifinales, ganando el equipo rojiblanco por 2 - 1 en el último partido como local en partido europeo en el estadio Vicente Calderón, pero sin que sirviese para remontar el 3 - 0 cosechado en la ida en Concha Espina.

Hubo un tercer enfrentamiento en fase eliminatoria de Champions en la temporada 2014-15, en la que un solitario gol de 'Chicharito' Hernández a pocos minutos del final dio el pase a semifinales al equipo merengue.

Dos finales de Champions históricas

Pero si hay dos partidos en los que la rivalidad madrileña alcanzó su punto álgido, fue sin duda en las finales de Champions League de 2014 y 2016. Nunca antes dos equipos de la misma ciudad se habían enfrentado por el máximo cetro continental, consiguiendo ese hito Atlético de Madrid y Real Madrid por dos veces, primero en Lisboa y luego en Milán, viajando la "Orejona" en ambas ocasiones a la sala de trofeos del club blanco.

Duelo de campeones

Toda fecha en la que el Atlético de Madrid y Real Madrid se enfrenten es una fecha especial, marcado en todos los calendarios, pero ese 15 de agosto adquirió una dimensión mayúscula. No en vano, se enfrentaban dos equipos enormes, pero también varias rachas que podían romperse o perpetuarse una vez más. Por un lado, el Atlético jugaba su tercera final de Supercopa de Europa (todas llegando como campeón de la Europa League) siendo vencedor en las dos anteriores. Por otro lado, llegaba el Real Madrid a su cuarta final de supercopa europea en cinco años (todas llegando como campeón de la Champions League) sin que Sevilla (en dos ocasiones) ni Manchester United fuesen capaces de tumbarlo. Si se sumaba la eterna rivalidad existente y la posibilidad de romper la racha europea por un lado o prolongar la agonía por otro, quedaba un cóctel explosivo, un duelo titánico, una final europea con mayúsculas. Otra más.

Diego Costa en su mejor versión

Y ya podía el Real Madrid plantarse en Tallin e invocar a Juanito o al "marqués de Qarabag", pero tenía el Atlético a su Gato con Botas con las uñas afiladas. No era Benzemá, era un Diego Costa que en el primer minuto ya había dado el primer zarpazo llevándose por delante a Sergio Ramos, Varane y todo lo que se pusiese por delante para adelantar a su equipo. Aunque fue Benzemá quien puso la igualada tras un gran centro desde la banda derecha de Bale. El duelo de “gatos” estaba servido. E igualado. Y así se llegó al intermedio. Y la segunda parte comenzó como la primera, con el Atlético en modo Rock ´n´ Roll y con el Real Madrid en chancletas. Quiso poner un poco de picante Juanfran para poner a prueba una vez más los corazones colchoneros con un penalti por manos que transformó Sergio Ramos. Con la entrada de Modric previa al penalti y el marcador a favor, se le ponía la final de cara al Real Madrid. Y los corazones colchoneros, subiendo por la garganta. Pero tenía ganas Juanfran de redimirse por el penalti anterior y robó un balón a Marcelo que se iba por la línea de banda para habilitar a Correa y que este dejase en bandeja el gol a Diego Costa. Y vuelta a empezar. Pues con el empate a dos se llegaba al final del partido y a la prórroga. Una prórroga que empezó con una sucesión de córners para el equipo blanco, pero que solventó Saúl con un auténtico golazo de volea que noqueó al Real Madrid. Aún dio tiempo a que llegara el cuarto gol rojiblanco, obra de Koke, que terminó por finiquitar la primera parte de la prórroga y la final. Porque aunque el Real Madrid lo intentó hasta el final del partido no le dio para remontar. Lanzó el colegiado los tres silbidos al cielo de Tallin y el Atlético de Madrid se proclamó Supercampeón de Europa por tercera vez, por vez primera en Europa ante el eterno rival, taponando en parte las heridas de Lisboa y Milán. No era una Champions League. Pero era una final europea. Era ante el eterno rival. Había motivos para celebrarlo. Que se lo cuenten al centenar de aficionados que salieron a la calle a festejar la victoria, a pesar de que horas antes se había hecho oficial que no habría celebración programada en los puntos de encuentro habituales, Cibeles para el Real Madrid, Neptuno para el Atlético de Madrid. Noche feliz para el aficionado colchonero. Y Para Fernando. Y Para Gabriel. Este título también fue de ellos.

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