Una final bañada de blanco en una noche inolvidable
Imagen: Getty Images

Una final bañada de blanco en una noche inolvidable

Gareth Bale enamoró al madridismo en la final de la Copa del Rey 2013/14 disputada en Mestalla. Sin duda, un partido que todavía perdura en la mente de muchos.

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Pablo Rodríguez

Los enfrentamientos entre Real Madrid y FC Barcelona dan para rellenar una enciclopedia al completo. La historia que reúnen entre ambos guarda una cantidad de recuerdos inolvidables que han provocado que cada enfrentamiento se viva con una pasión y emoción única.

Uno de los eventos más seguidos es, sin duda alguna, el cara a cara entre dos de los equipos más prestigiosos a nivel mundial. Este cruce fruto del azar genera una gran cantidad de memorias entre los aficionados más pasionales. Las calles de Madrid y Barcelona se paralizan durante hora y media con los ojos puestos sobre una batalla que copará portadas a la mañana siguiente.

Corría el 16 de abril de 2014 por la costa del Mediterráneo. Mestalla acogía una de las citas más importantes de la temporada. El camino de los dos equipos hacia la final había sido bastante contundente en cuanto a resultados se refiere. Sin embargo, en esta ocasión no se trataba de una eliminatoria a doble partido y tenían únicamente 90 minutos para llevarse el gato al agua. El conjunto blanco contaba con la gran baja de Cristiano Ronaldo, cuyo lugar sería ocupado por Ángel Di María.

El futbolista argentino marcaría la diferencia desde los primeros minutos. Más allá del gol, con el que adelantó al Real Madrid en los primeros minutos de juego, sembró el pánico en la defensa blaugrana. Su velocidad hizo temblar a una endeble zaga formada por Mascherano y Bartra en el centro de ésta. Ocurrió desde los primeros compases del juego, es más, el primer tanto estuvo precedido de una larga carrera que culminó en el fondo de las redes.

Los minutos corrían y el luminoso se mantenía intacto desde el minuto 10. Fue entonces cuando un córner botado por Xavi Hernández llegó a la testa de Marc Bartra ante la pasiva mirada de los defensas merengues. Nada pudo hacer Iker Casillas para evitar el gol del empate, que abría por completo la final.

Gareth Bale, en su primera final como jugador del Real Madrid, estaba ansioso por demostrar los motivos por los que había recalado en la entidad de Chamartín. Una galopada decisiva, una carrera para el recuerdo. La velocidad punta del galés quedó patente durante varios segundos que pararon el tiempo. Bartra fue el testigo principal de la acción al ver pasar un flash al que no pudo alcanzar. El final ya es conocido por todo el mundo, con una instantánea para el recuerdo del grito de Bale portando la capa de superhéroe bajo el cielo de Valencia. 

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