Anuario VAVEL 2018. Stefanos Tsitsipas: esculpiendo al Dios griego del tenis
Foto: Gallo Images

 Anuario VAVEL 2018. Stefanos Tsitsipas: esculpiendo al Dios griego del tenis

Stefanos Tsitsipas inició la temporada en el 91° puesto del ranking de la ATP. Tras haber alcanzado tres finales en el circuito de élite y conquistado el primer título de su carrera en el Estocolmo Open de Suecia, tuvo un ascenso exponencial en los últimos seis meses de competencia, que le permitió trepar hasta la 15° posición y finalizar el 2018 dentro del Top-20 con 20 años.

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Alejo Casado

La temporada 2017 no había empezado ni terminado de la mejor manera para el griego Stefanos Tsitsipas. Los Challengers formaron la mayor parte de su itinerario. Comenzó con una caída en la segunda ronda de Numea, Nueva Caledonia, y cerró su año tenístico al caer en la final de Brest, Francia. 14 fueron los certámenes de esa categoría que debió disputar para tratar de que el traspaso al profesionalismo tenga el menor impacto posible en su cabeza. Sin embargo, los resultados no auguraban un ascenso exponencial al corto plazo: un subcampeonato y el trofeo del torneo de Genova, Italia, indicaban que el 2018 iba a ser sin pena ni gloria para el joven de 20 años. Se equivocaron.

Un comienzo con tropiezos

De arranque nomás, hubo una diferencia de jerarquía con respecto al año anterior. Los escenarios de los primeros pasos de Tsitsipas en la temporada 2018 fueron las canchas auxiliares del complejo Khalifa International Tennis and Squash Complex en el ATP 250 de Doha. El austriaco Dominic Thiem, en los cuartos de final, le puso punto final a su accionar. La siguiente estación previa al Australian Open fue el ASB de Auckland, Nueva Zelanda, pero su nivel no fue el mejor y cayó en debút. Una vez en tierras australianas, el desempeño no subió ningún escalón. En consecuencia, el canadiense Denis Shapovalov lo despidió rápidamente del major oceánico en la ronda inaugural.

Para recuperar el ritmo exhibido en Doha, el griego disputó su primer Challenger. Quimper, Francia, fue el elegido. El haber llegado a las semifinales significó hilvanar tres victorias consecutivas después de cuatro semanas sin alegrías. El regreso a la actividad ATP tampoco fue fructífero. Los tres certámenes siguientes: Montpellier, Marsella (ambos en Francia) y Rotterdam (Holanda) no lo acogieran de buena manera debido a que Jeremy Chardy, Nicolás Mahut y Martín Klizan, respectivamente, lo superaron en el estreno.

Recién en el ATP 500 de Dubaí, Emiratos Árabes Unidos, el triunfo caería nuevamente del lado de Tsitsipas. Mikhail Kukushkin y Philipp Kohlschreiber fueron las víctimas. Pero el tunecino Malek Jaziri lo frenó un paso antes de las semifinales. El inicio de los Masters 1000 también estuvo cuesta arriba. Aunque superó al rumano Radu Albot en la ronda inicial de Indian Wells, Estados Unidos, cayó por segunda vez en el año ante Thiem en los dieciseisavos de final. En Miami, Estados Unidos, tanto su desempeño tenístico como personal escribieron otra página negra en el libro de su corta carrera. Después de caer ante Daniil Medvedev, al tener que saludar al ruso en la red, su rival lo acusó de haberlo insultado: “Me dijo ‘ruso de mierda’”, le explicó al juez de silla, que tuvo que bajar a intervenir para que los jugadores no se vayan a golpes de puños.

Resurgir desde la tierra

El griego no encontraba el rumbo con la raqueta, pero tampoco con la cabeza. Por eso, otra vez, decidió disputar el Challenger de Le Gosier, Francia, pero el desenlace continúa en la senda negativa. Se despidió en la segunda ronda. En el inicio de la etapa de polvo da ladrillo, empezó a cambiar el contexto de su tenis. El Masters 1000 de Monte-Carlo, Mónaco, representó el punto de inflexión para su temporada. Después de superar la qualy al vencer a Florent Diep y Mirza Basic, derrotó en el debut a Shapovalov. Los tres triunfos fueron en dos sets. A pesar de que en los treintaidosavos de final sucumbió ante Goffin, de a poco mostró una nueva faceta de su juego con un mayor despliegue dentro de la cancha y golpes más angulados, principalmente con el revés a una mano.

España fue la tierra donde plantó raíces y se estableció en los primeros planos de la élite del tour. En el ATP 500 de Barcelona consiguió cinco victorias consecutivas. Vencer sin ceder parciales a Corentin Moutet, Diego Schwartzman, Albert Ramos Viñolas, Thiem y Pablo Carreño Busta le permitió acceder a la primera final de su trayectoria. El rival por el título era nada más ni nada menos que el diez veces campeón del evento, Rafael Nadal. Si bien su rendimiento semanal fue excelente en comparación a los meses anteriores, en el encuentro decisivo fue completamente superado, y cayó por 2-6 y 1-6.

Semanas más tarde, logró situarse en la semifinales del ATP 250 de Estoril, instancia en la que tropezó ante el local Joao Sousa. Haberse despedido tempranamente de los Masters 1000 de Madrid y Roma (Italia), en la primera y segunda ronda, respectivamente, y de Roland Garros, donde perdió ante Thiem en los sesentaicuatroavo de final, no opacaron el notoria cambio que hubo en su nivel.

Se afianza con confianza

En la etapa de hierba continuó con su andar regular. Los cuartos de final en Hertogenbosch, Holanda, y la segunda ronda en Halle, Alemania, fueron coronados el acceso a la cuarta ronda de Wimbledon, el resultado más destacado, hasta el momento, que registró en cualquiera de los cuatro Grand Slams.

La gira norteamericana de cemento aumentó aún más las expectativas que los fanáticos del mundo de la raqueta empezaron a depositar sobre la figura de Tsitsipas para ser un estandarte del deporte blanco en los próximos años. En el ATP 500 de Washington, Estados Unidos, llegó hasta las semifinales. Allí, perdió ante Alexander Zverev, el protagonista de mayor renombre de los Next-Gen. La siguiente parada fue el Masters 1000 de Toronto, Canadá. Luego de derrotar a Damir Dzumhur en el debut, hilvanó por primera vez en su carrera cuatro alegrías consecutivas ante Top-10. Doblegó a Thiem (N°8), Novak Djokovic (N°10 y reciente campeón de Wimbledon), Zverev (N°3) y Kevin Anderson (N°6). De esa forma, avanzó a la final. Otra vez, en la duelo por el trofeo, se topó con Nadal, quien volvió a vencerlo.

Previo al último major de la temporada, el griego había disputado 63 partidos, con un registro de 41 alegrías y 22 caídas. El desgaste se hizo sentir en el US Open y en el periodo de certámenes asiáticos. En el Abierto de los Estados Unidos cayó en la segunda ronda ante Medvedev. Posteriormente, sucumbió an el debut en los ATP 250 de Metz, Francia, y Shenzhen, China. Haber alcanzado los cuartos de final en el ATP de Tokio, Japón, y la tercera ronda del Masters 1000 de Shanghái, China, sumado a lo hecho en la segunda mitad del calendario, decantaron en el primer título profesional de Tsitsipas. Al doblegar a John Millman, Kohlschreiber, Fabio Fognini y Ernests Gulbis, levantó el galardón del Estocolmo Open.

El moño de cierre

La frutilla del postre tenística la obtuvo en Milán, Italia. Tras finalizar la agenda oficial con los cuartos de final en el ATP 500 de Basilea, Suiza, y la segunda ronda del Masters 1000 de París, Francia, jugó el Next Generation ATP Finals, evento que reúne a los siete mejores tenistas menores de 21 años y a un invitado local, como el gran favorito. No defraudó. El español Jaume Muñar, el estadounidense Frances Tiafoe, el polaco Hubert Hurkacz, el ruso Andrey Rublev y el australiano Alex de Miñaur fueron los escollos que debió evadir para coronarse campeón y posicionarse, junto a Zverev, como la raqueta que dominará el circuito en los años venideros.

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