Café Kutz 1920
La afición de Osasuna en un partido. Fotografía: Osasuna.

Osasuna es un club pequeño, pero hemos llevado la cabeza alta por todos los sitios y nos hemos sentido orgullosos, tal y como ha dicho Patxi Puñal. Esta frase carecería de sentido si ilustres como Felipe Esparza, Eduardo Aizpún o Gerardo Arteaga no hubieran aportado el primer grano de arena. La fusión de New Club y Sportiva dio el pistoletazo de salida a una sólida andadura.

Los triunfos extradeportivos y deportivos consolidaron el nombre de Osasuna. Caballos elegantes y con marca como el Boca Juniors y el Barcelona visitaron los establos del viejo San Juan. Las giras internacionales echaron una mano y los ascensos comenzaron en la década de los 30.

Más tarde, antiguos juglares entonaron el "¡Vergara! Llevas de Olite su sangre y su corazón. Por ti conquista Osasuna la Primera División". Y así fue, Julián Vergara se convirtió pronto en un ejemplo rojillo gracias a su amistad con el gol. Un parpadeante 11 de diciembre de 1932 el de Olite incó cinco astillas al Atlético de Madrid (1-5). Las victorias y las derrotas en el campo de batalla transcurrían, pero Osasuna jamás renunció a sus valores de honor, garra, lucha, fuerza y limpieza. Los rojillos con un claro 2-3-5 se lanzaban al ataque pensando únicamente en el escudo que llevaban en el pecho.

Hacia los años 40 un nubarrón negro se entrometió. Las cosas en Osasuna iban de 'Guatemala a Guatepeor' y finalmente se consumó el desenlace fatídico. Osasuna descendió a Tercera División. Siguiendo la tónica del sentimiento que hierve Osasuna, hombres como Ángel Vizcay, Amadeo Labarta o Antonio Lizarza no tiraron la blusa escarlata por la borda. Juntos reestructuraron, renovaron y mejoraron sustancialmente a Osasuna.

Allá por los años 50

Ya en los años 50, con Osasuna en Segunda División tras la ampliación de treinta y dos equipos, Maxi Ros tiró un penalti por los agujeros de San Juan y se disiparon las esperanzas de ascender a Primera División. Lo que estaba claro era que Osasuna verdaderamente encontró una senda factible y sin turbulencias de la mano de su patrono, San Francisco Javier, a partir del 30 de agosto de 1952.

Los juglares siguieron cantando, pero esta vez desde Castellón. ¿Desde Castellón? Por supuesto, ¡y con nombre propio! ¡Vicente Fandós! "Hasta parecerme la camiseta rojilla el traje natural que me corresponde llevar deportivamente, porque llega a crear una conciencia, un cariño y hasta casi una confidencialidad", llegó a escribir el primer defensa central de Osasuna. No muy lejos de éste apareció de la nada Sabino Andonegui. El guipuzcuano disputó la friolera de 131 partidos y anotó el gol número 100 en Primera División, en la victoria ante el Celta de Vigo.

La llegada renovadora

La llegada de don Fermín Ezcurra marcó un antes y un después en el equipo navarro. ¿En lo deportivo? En todos los campos. Fueron años de ascensores constantes pero la seña institucional de Osasuna olía a otra cosa. Si me lo permiten, olía a azahar. Haciendo honor a su nombre, Osasuna era salud. Un club saneado como un bebé recién nacido. El Sadar surgió y tras dicecisiete años de oscuridad Osasuna volvió a la categoría de oro.

Echverría, Iriguibel o el veloz extremo Martín Monreal llevaron a Osasuna a los banquetes de los grandes reyes europeos. Los emperadores de Bélgica, Bulgaria, Alemania y Holanda degustaron el caramelo rojillo. El 30 de diciembre de 1990 Osasuna enmudeció el Santiago Bernabeú fruto de los cuatro zarpazos de Iñigo Larrainzar y el 'siete' Jan Urban. Al igual que éste último, otros galácticos vistieron la zamarra rojilla como Javier Aguirre, Michael Robinson o Sammy Lee.

¿Se acuerdan de "el milagro de Martín Monreal"?

La Junta Directiva tuvo muy claro que sería Enrique Martín Monreal el encargado de evitar la caída libre a la Segunda División B, y así fue. El de Campanas, junto a un puñado de jugadores de la cantera, venció los últimos cuatro partidos de liga (Badajoz, Levante, Alavés y Mallorca) y empató el último (Eibar) logrando así el milagro de la salvación.

Enrique apostó por un once que no varió en exceso, ya que casi siempre fue similar. Un once poblado de casta navarra, orgullo, coraje, corazón, valentía y amor por los colores rojillos. Tanto el entrenador como los jugadores que disputaron aquel final de competición supieron entender los valores de Tajonar y sobre todo plasmarlos. Osasuna formó con López Vallejo; Mateo, Iban, Orbaiz, Yanguas; Nagore, Palacios; Lacruz, Tiko, Morales; Bolo. Entre estos también destacaban Aitor, Eduardo o De Freitas.

Aquel equipo liderado por Enrique y por otros jugadores como César Palacios pudo ante la adversidad y ahora sólo falta que entre los de fuera y los de casa, sin distinción, se logre un nuevo milagro. El milagro podrá ser de Mateo, de Lucas o de Javier, eso no importa.

¡Trzeciak!

Tras una etapa en la que Osasuna tocó el cielo futbolero llegaron seis terribles años de sombras y amagos de luz. Sin embargo, un sufrimiento sin precedentes tocaba fondo y llegaba a su fin. Un final ansiado por todo el osasunismo. La luz apareció y el Recreativo de Huelva tocó la puerta. Tanto el equipo navarro como el onubense llegaban al partido con la máscara de oxígeno. El Decano del fútbol español se jugaba la permanencia y los navarros el ascenso a Primera División. El encuentro con la recompensa bajo el brazo comenzó.

El Sadar rebosaba con bufandas, banderas, trompetas, tambores, blusas escarlta, cánticos y aplausos. Un día de gloria se esperaba. Un día para dar portazo a la sombra de seis años de pesadilla. ¿Y la Plaza del Castillo? La Plaza de la Vieja Pamplona no se quedaba lejos de El Sadar y cerca de siete mil pamploneses y navarros pusieron de su parte para enrojecer aún más el corazón osasunista.

El león rugió, y de qué manera. A los siete minutos, Pedro Nieto derribó a Iván Rosado y el colegiado del partido señaló la pena máxima. Un punto blanco en mitad del área marcaba el destino. Fue Pablo Orbaiz el encargado de disparar y batió a Diezma con templanza y entusiasmo rojillo. Poco faltaba para el final cuando Markovic desde la esquina ponía mansa y con lazo en la cabeza de Mateo un gran centro. Mateo la peinó y ahi estaba Trezciak para rematar el balón que tantos disgustos y tardes taciturnas repartió a la parroquia osasunista.

Cita con la historia

Una Copa, dos equipos. Una Copa, rojillos y béticos. Una Copa, Pamplona y Sevilla. ¿Una Copa? Aunque ahora parezca increíble Osasuna se citó con la historia en el Vicente Calderón. Los Cruchagas, Josetxos, Valdos, Delportes o Webós no estuvieron sólos. Cerca de veinte mil rojillos pintaron con brocha gorda el Manzanares. Las bufandas entonaban el "Riau-Riau", las banderas enrojecían la grada, las trompetas y tambores hacían vibrar el césped. ¡Ah! Y hablando de vibrar... ¡Alooooooiiisiiiiii! El azote rojillo no puso en excesivos problemas a un Betis que dejó un mar de lágrimas escarlata.

Y, ¿se acuerdan ustedes de Roberto Soldado? El Sevilla fue el rival en semifinales de la UEFA. Al cántico de ¡Gudaaaari, gudaaaaaari! Osasuna se llevó un resultado mas que esperanzador al barrio de Triana. El Cristo de los Faroles quiso que la alternativa de ganar la UEFA se quedara en casa ya que dos goles sevillanos esfumaron el sueño rojillo europeo. Pamplona y Navarra enteras viajaron por Europa. Hamburgo, Burdeos o Parma fueron testigos de un sentimiento de lucha en el que no cabe la rendición. Conocieron los valores de Tajonar en los que la ilusión y la educación priman sobre lo demás. ¡Gracias por ser así Osasuna!

Un equipo, una ciudad, una comunidad, un sentimiento, Osasuna

Osasuna permaneció en Primera catorce años consecutivos. Hazañas europeas, coperas y de salvación vibraron en el Sadar. El palmarés rojillo engordó considerablemente pero lo que realmente creció fue un corazón verdadero, una ciudad, una comunidad y una afición sin precedentes en el mundo del fútbol. La etapa más brillante de Osasuna dio paso a un día desolador. Un dia fatídico. Un dia en el que fue imposible no llorar. Un dia en el que echabas la mirada atrás y te preguntas un porqué tonto, un porqué nosotros. Un dia taciturno de corazón. El león cayó y el Sadar se encogió en un mar de lágrimas pero un palpito se dejó escuchar de la nada. "¡Volvereeeeemos, volvereeeeemos, volvereeemos, otra vez, volvereeemos a Primera, volvereeeemos otra vez!".

Como ustedes ven y posiblemente vivieron, años de oscuridad, de milagros, de sonrisas, de corazones en carne viva, de cánticos risueños y logros con ilusión y humildad invadieron los corazones de Osasuna. Las tardes grises eran comunes pero detrás de todo estaba un Sadar y una afición que nunca tiraron la blusa por la borda. Es por esto que Osasuna consiguió crecer y alcanzó la cima, su cita con la historia. Hoy en día, vivimos en la oscuridad más puntiaguda y desbordante. Los azotes extradeportivos, los supuestos latigazos de antiguos directivos y la ineptiud deportiva lastran a Osasuna. Toca apechugar. Toca arrimar el hombro. Toca alentar a jugadores y compañeros de grada. Toca aplaudir y cantar hasta el final. ¿Saben por qué? Porque Osasuna nunca se rinde. Porque todo en la vida si no se busca, no se encuentra. Porque si no se trabaja, no se triunfa. Porque si no se rema fuerte contracorriente, no se avanza. La pesadilla y el sufrimiento de hoy tendrán su recompensa, los frutos podridos se convertirán en sabrosos y Osasuna saldrá de nuevo triunfador.

La esperanza verdadera lleva a la victoria. Seamos valientes, luchadores y defendamos nuestros colores con brío arrollador y gritemos sin cesar un ¡aúpa Osasuna! Pintemos y barnicemos nuestro corazón rojillo aún más. Planchemos y luzcamos nuestra blusa encarnada junto a nuestra bandera roja y azul como falda. Plantemos nuestras raíces fuertes ante la adversidad como el roble montañés. Brindemos con una copa de vino de la Ribera por nuestro sentimiento. Vibremos recorriendo Navarra entera, de rincón a rincón, cantando y derrochando tesón. No seremos artistas en el juego ni dominaremos el balón pero si que pondremos en pie a un público entusiasta que aunque ahora tenga ganas de llorar, más tarde tendrá ganas de reír al grito de "¡Venga chavales! ¡Aúpa! ¡Pa'lante!".

Por las personas que crearon nuestra base en Café Kutz, por todos los jugadores que lucharon por propagar nuestro nombre, por Julián Vergara, por Vicente Fandós, por Sabino Andonegui, por Jan Urban, por Iñigo Larrainzar, por Bustingorri por Castañeda, por Basauri, por Iparraguirre, por César Palacios, por Clemente Iriarte, por Macua, por Tiko, por Bolo, por Rípodas, por Ibañez, por Cruchaga, por Patxi Puñal, por Raúl García, por Milosevic, por Webó, por Walter Pandiani, por Camuñas, por Juanfran, por una afición sin límites, por una afición que sangra por Osasuna, por los trabajadores de Tajonar que trabajan por y para Osasuna sin descanso, por todos los que han luchado, luchan y lucharán por Osasuna... ¡Por ellos! Osasuna es un club pequeño pero con galones y Osasuna jamás morirá. ¿Por qué? Porque Osasuna es sentimiento y los sentimientos, sentimientos son. ¡Aúpa Osasuna!

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