Una Tercera de Primera. Extremadura: el último milagro del siglo XX
Foto: Alejandro Mateos

Almendralejo es una pequeña localidad de apenas 35.000 habitantes y a buen seguro que, sin el fútbol, este pueblo extremeño hubiera permanecido en el olvido. “Esto es conocido por nosotros”. Lo dijo el presidente Pedro Nieto en el momento en el que se certificó la desaparición del Extremadura. Del histórico CF Extremadura, que alcanzó el cielo en un salto meteórico pero no pudo agarrar las nubes y acabó hundido, asfixiado y enterrado en el limbo futbolístico.

La década de los 90 no podrá ser olvidada en Almendralejo. Imposible. El Extremadura UD, en el mejor de los casos, repetirá las hazañas de su antecesor. Pero ya saben cómo es el dicho, “como la primera vez, ninguna”.

Los azulgranas lograron, en la primera temporada de la última década del siglo XX, el ascenso a Segunda División B. Todavía quedaba mucho por recorrer en el Francisco de la Hera. Lo mejor estaba por llegar.

En seis años, el Extremadura ascendió desde Tercera a Primera División

En la 93-94, con Josu Ortuondo en el banquillo, se produjo un hito histórico, que no sorprendente. El Extremadura ascendió a Segunda, logrando así lo que dos años antes se había quedado a un solo punto de distancia en favor del Lugo. El conjunto almendralejense quedó encuadrado en la liguilla con Manlleu, Numancia y Langreo. Equipo duro, rocoso. Cero derrotas, garantía de éxito en estas situaciones. Garantía de ganarse un hueco en el segundo escalón de la Liga de Fútbol Profesional.

Muchos hubieran sufrido mal de alturas. Se hubieran acobardado al pelear con tiburones ansiosos por ascender a Primera. Hubieran disfrutado del momento, olvidando que en la vida hay que ser ambicioso, inconformista. Porque solo tú eres capaz de ponerte un techo. Y el del Extremadura, quedó claro, no era la Segunda División.

Por eso, una entidad con uno de los presupuestos más bajos de la categoría (200 millones de las antiguas pesetas) no tuvo aparentes problemas para mantenerse en la que hoy se conoce como Liga Adelante. Los de Ortuondo finalizaron la 94-95 en decimoquinta posición, cuatro puntos por encima de un descenso peculiar aquel curso por la repesca de Sevilla y Celta en Primera y sus consecuencias, por mera cuestión de arrastre, en la segunda categoría nacional.

Aquella falta de Tirado...

El verdadero milagro se produjo hace ahora 20 años. El Extremadura tuvo esa pizca de suerte necesaria para grabar su nombre en la eternidad. Acabó la temporada quinto, con 62 puntos, a dos de un Castilla que, por su condición de filial, no pudo disputar la promoción de ascenso. Ese privilegio recayó en el cuadro azulgrana.

En las promociones, a ida y vuelta, a vida o muerte, el tópico de que el fútbol es un estado de ánimo resulta esencial. La ilusión pacense venció al agobio de un Albacete que temía, como cualquier otro club, abandonar la Liga de las Estrellas.

Seis mil personas abarrotaron el Francisco de la Hera en el duelo de ida, celebrado el 30 de mayo de 1996. Manuel puso en ventaja al Extremadura, pero la renta no era ni mucho menos decisiva para la vuelta. El 2 de junio, el Extremadura sufrió lo indecible en el Belmonte, hasta que, ya en la prolongación, Tirado clavó un libre directo y el éxtasis se apoderó de los extremeños desplazados y, cómo no, de los futbolistas que veían cumplido un sueño: jugar en Primera.

Gol de Tirado en el Belmonte. Foto: Extremadura UD

Precisamente, el capitán de aquel grupo era Pedro José. un jugador de los que, hoy en día, resulta difícil de ver. Un ‘one club man’ que dirían los ingleses, militó en el Extremadura desde 1986 hasta 2004. Sufrió y disfrutó la gloria y posterior caida azulgrana.

Futbolista de pueblo, sin que esto, ni mucho menos, sea un insulto. Todo lo contrario. Llano, humilde, cercano. Como aquel Extremadura. “Éramos un grupo muy bueno, maravilloso y la clave del éxito fue que, desde nuestra humildad, teníamos muchísima ambición”.

Pedro José: "El gol de Tirado fue una alegría enorme, inexplicable"

Cuando se le pregunta por el gol de Tirado todavía se muestra incluso emocionado. “Fue increíble. No se puede explicar. Nos jugábamos mucho. Llegamos al Belmonte sin cobrar. Hacía tres meses que no veíamos un duro. El Club tenía problemas para convertirse en Sociedad Anónima y todo dependía de aquel partido. El gol significó el adiós a la deuda y, sobre todo una enorme alegría para nosotros, nuestra familia y la gente que se desplazó”.

Pedro José vivió en primera persona aquel ascenso meteórico. Su vida dio un giro radical deportivamente hablando. Pasó de enfrentarse a localidades vecinas en duelos de fútbol amateur a hacerlo en un estadio majestuoso rebosante de aficionados y rodeados de cámaras de televisión. Sin embargo, él no cambió las costumbres.

Foto cedida por Pedro José

Mi vida personal continuó más o menos igual”, asegura. “Solo, eso sí, dejé de trabajar en el campo para centrarme exclusivamente en el fútbol, pero, donde más se nota es en la prensa. A medida que íbamos creciendo como equipo, más periodistas venían a vernos jugar y entrenar. Eso, para mí, fue lo máximo”.

"El mayor escalón que un futbolista debe superar es el que existe entre Tercera y Segunda B"

Pero, ¿cómo se afronta una temporada en Primera División? Pedro José explica que, al principio, fue muy complicado. “Había equipos muy superiores y nos costó aterrizar en la competición. Yo di la talla, e incluso la gente se sorprende cuando digo que el escalón más grande que hay en el fútbol español es el existente entre Tercera y Segunda B. Si llegas a la categoría de bronce es por algo, allí no juega cualquiera”.

Las palabras de Pedro José no están, desgraciadamente para el Extremadura, citadas al azar. Las estadísticas de los azulgranas en el arranque liguero de la 96-97 eran cuanto menos desalentadores. Una sola victoria, ante el Zaragoza, en la primera vuelta del campeonato.

Sin embargo, algo cambió en el mercado de invierno: “Jugar en Primera puso a Almendralejo en el mapa. Solo así se explica que los sudamericanos cruzaran el charco para venir al Extremadura”. En enero del 97, el conjunto azulgrana se reforzó con el arquero Carlos Fernández Navarro Montoya, conocido popularmente como ‘Mono’ Montoya. El colombiano no aterrizó solo. Los argentinos Silvani y Basualdo se unieron a su compatriota Duré y al paraguayo Ferreira para hacer soñar al Francisco de la Hera con la salvación.

Foto: Extremadura En Juego

El equipo de Ortuondo finalizó la liga decimonoveno con 44 puntos, uno menos que el Rayo Vallecano, que disputó la promoción. Fue, sin duda, un mazazo para Pedro José, que, sin embargo, no olvida lo que vivió aquella temporada. “El empate ante el Madrid en Almendralejo fue tremendo, totalmente inesperado. Venían con Suker, Roberto Carlos, un jovencito como Raúl...tuvimos muchísima suerte”.

"En Primera tienes tantas ganas de jugar que el partido se acaba en nada"

Sí se lamenta cuando habla de su debut en un escenario como el Vicente Calderón. “¡Le marqué al Atleti y nos adelantamos! Lástima que luego no pudiéramos retener la ventaja pero, si te digo la verdad, en esos campos tienes tantas ganas de jugar que, aunque te hinchas de correr, el partido se acaba en nada. No quieres que termine nunca”.

Pedro José, analizando aquella campaña, lo tiene claro: “Ya en esa época no se podía negar que existía una clara diferencia entre Madrid, Barça y el resto. Cuando realmente disfrutábamos del juego en sí era contra equipos de la mitad baja de la tabla, que estaban más a nuestro nivel”.

Un desconocido llamado Rafa Benitez

El Extremadura descendió y volvió a Segunda en la 97-98. Josu Ortuondo abandonó la dirección técnica de la nave pacense, que fue controlada entonces por un preparador joven e inexperto, pero que ya apuntaba maneras en el Castilla. Rafa Benítez devolvió a Almendralejo a la élite con una temporada fantástica en la que los azulgranas acabaron subcampeones por detrás del Alavés.

Foto: colgadosporelfutbol

El eterno capitán recuerda cómo era Rafa en las distancias cortas: “Benítez siempre ha sido un loco del fútbol, vive este deporte y está obsesionado con tenerlo todo bajo control, por eso estoy seguro de que el accidente de Cádiz con Cheryshev le ha tenido que sentar fatal”.

Con el madrileño en el banquillo del Francisco de la Hera en Primera División, el Extremadura, otra vez, se quedó a las puertas de la salvación. Un empate ante el Villarreal en la última jornada le obligó a jugar la promoción ante el Rayo. Y, en aquella ocasión, el fútbol y la suerte le dieron la espalda a la escuadra almendralejense. Nadie imaginaba que ese sería el principio del fin...

Fin de siglo, fin del sueño

Y lo fue porque, inexplicablemente, en la recta final de la 99-00, el Extremadura se desfondó. No ganó en las cinco últimas jornadas, cuando peleaba por estar en el podio de Segunda y finalizó la campaña en octava posición. Ortuondo fue incapaz de repetir la hazaña.

La década prodigiosa del Extremadura había finalizado. Al año siguiente, los azulgranas navegaron con tranquilidad por la mitad de la tabla antes de sucumbir, en el 2002, bajando a Segunda B. Ni Pier Luigi Cherubino ni Kiko Narváez evitaron el desastre.

El Extremadura bajó a Segunda B con Kiko y Pierre en la plantilla

“Pienso que aquel año no gestionamos demasiado bien nuestra situación. Como suele ocurrir en Segunda, realizamos una inversión importante para estar arriba. Quince o dieciseis de los veintidós equipos lo hacen año tras año y, obviamente, alguno tiene que fracasar. Nos ocurrió a nosotros, pero porque fallamos todos, no se puede culpar únicamente a Kiko y Pier de lo que sucedió”.

Pedro José, trece años después, parece seguir hablando como el capitán de aquel equipo que ya agonizaba. Dos años más tarde, en 2004, uno de los hombres, sin duda, más importantes de la historia de Extremadura colgaba la elástica azulgrana en el vestuario para no enfundársela más. “El equipo estaba muy debilitado y ya no era nada positivo. Comenzaron los problemas serios en el cobro y decidí que lo mejor era poner punto y final a una relación de casi veinte años”.

Dejó al equipo en Segunda B, tratando de evitar lo inevitable. Una promoción, el mismo formato con el que había logrado el mayor éxito de su historia en el 96, devolvía al Extremadura al fútbol de Tercera ante la depresión generalizada de toda la afición de este histórico club. Ese mismo verano, el equipo dio con sus huesos en la Regional extremeña al no poder hacer frente a las deudas.

El renacer de una ilusión

Hacía falta una nueva ilusión en Almendralejo. Parte de la hinchada comenzó a trabajar en la creación del Extremadura UD. Mismos colores, mismo estadio, mismo sentimiento. Durante cuatro años, la disputa entre los más puritanos que se negaban a abandonar al CF Extremadura y los que abogaban por empezar de cero era más que evidente. Sin embargo, en la 09-10, el glorioso Extremadura de Pedro José, Tirado, Duré, Gluscevic y demás, descendía a Primera Regional y confirmaba de este modo su muerte deportiva e institucional.

A partir de entonces, Almendralejo solo tiene ojos para el Extremadura UD. Curiosamente, Pedro José ofrece un dato esperanzador: “Cuando comenzamos la escalada, el club contaba con unos mil trescientos socios, los mismos que ahora prácticamente. En Primera, para que nos hagamos una idea del crecimiento, llegamos a contar con nueve mil, ayudados por gente de la zona”.

Pedro José: "Mi objetivo, el de Marrero y el de todos debe ser retornar a Segunda B"

El Extremadura actual está dirigido por Juan Marrero, que cuenta como ayudante con el mítico Pedro José. “Marrero me llamó para ser su segundo cuando el equipo ascendió a Segunda B en la 09-10 y, tras pasar por el Arroyo, hemos vuelto al Francisco de la Hera. Desde la temporada pasada luchamos por volver a la categoría de bronce”.

Allí es donde Pedro cree que debe estar el equipo de su vida: “Mínimo en Segunda B y, si me apuras, con las miras puestas en Segunda. El único problema que veo es que nos cuesta mucho dar el salto desde Tercera porque nuestro grupo no es de los más competitivos y en los playoffs eso pasa factura”.

Foto: El Periódico de Extremadura

¿Sueña un mito como él con dirigir al Extremadura en Primera? La respuesta es rotunda: “¡Ni en broma! Solo tengo el primer nivel de entrenador para entrenar chavales y así matar el gusanillo”.

Un gusanillo que le ‘obligó’ a vestir de corto hasta los 43 años en el Imperio Mérida de la Tercera extremeña. Casualidades de la vida, se vio en la tesitura de enfrentarse al Extremadura UD en el Francisco de la Hera en marzo de 2010. El destino, el fútbol, o quién sabe si él mismo, decidieron que aquel encuentro acabaría con victoria azulgrana. 2-1 con gol en propia puerta de Pedro José. Fue el penúltimo acto de amor al Extremadura del gran capitán. El último, nadie lo duda, todavía está por llegar.

VAVEL Logo