El penalti de Djukic: sueño roto para los deportivistas y alegría para el valencianismo
Momento en el que González detiene el penalti de Djukic | Archivo, fotógrafo: Xose Castro

El penalti de Djukic: sueño roto para los deportivistas y alegría para el valencianismo

El error del penalti de Djukic dio la cuarta victoria liguera consecutiva al Barça, acabó con el sueño deportivista de conseguir su primer título en la Liga y enriqueció al Valencia, que no se jugaba nada.

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Raquel De la Torre

Cuatro de mayo de 1994. En Riazor se vivió una de las noches más inolvidables para el fútbol español. Los nervios y la alegría inundaban el estadio gallego, donde aquel sábado, se iba a disputar una de las finales más dramáticas e inesperadas en el mundo del fútbol. Una final disputada entre el Deportivo-Valencia, en la que un error de Djukic supuso la victoria del Barça en la Liga y el enriquecimiento al Valencia,  que no se jugaba nada en la última jornada de la temporada 1993-94:

Tras 90 minutos llenos de sudor y desesperación, llegó el minuto que los deportivistas nunca hubieran querido que llegase. En una de las últimas jugadas con un 0-0 en el marcador, Bebeto recibió el cuero al borde del área de espaldas a la portería y tras atraer a varios rivales del Valencia, optó por abrir el juego a la banda izquierda a los pies del ex valencianista Nano, pero fue ahí cuando el jugador del cuadro valencianista Serer, hizo tropezar a Nano. El colegiado, López Nieto no dudó en pitar el penalti a favor del equipo gallego, que segundos más tarde hizo historia.

Djukic tenía en sus pies la posibilidad de convertir a su equipo en campeón de Liga por primera vez en su historia. La tensión se palpaba en el ambiente y los corazones de la hinchada se aceleraban a la velocidad de la luz. Todos los focos de La Coruña se centraban en Djukic, quien cogió el balón para intentar superar al guardameta valencianista. Pero no lo consiguió. El central se dirigió a ejecutar el chute hacia el lado derecho, cuando González adivinó sus intenciones y estiró el puño cerrado y con energía para evitar que el balón se colara entre las redes. En ese instante, el portero no disimuló la alegría y apretó el puño en forma de victoria mientras los herculinos se arrodillaban cabizbajos sobre el verde. La hinchada enmudeció y la sensación de incredibilidad se apoderó del estadio. Djukic de haber marcada ese penalti, hubiera dado la Liga a su equipo y la alegría en Riazor.

Mientras tanto, en el Camp Nou el jolgorio y los gritos de júbilo ocupaban cada rincón del estadio culé. El Barça, que empezó perdiendo frente al Sevilla, remontó con un 5-2 en el electrónico y acabó convirtiéndose en el héroe de la noche. Tras la derrota de los blanquiazules, quienes solo con haber igualado el resultado del Barcelona hubieran podido levantar el título, favoreció a los de Johan Cruyff y les dio la Liga, logrando así su cuarto título liguero consecutivo.

González, el guardameta que acabó con el sueño deportivista

Jose Luis González Vázquez, guipuzcoano, de la cantera de la Real Sociedad, tenía 29 años cuando interceptó el penalti que marcó su carrera. Durante la temporada 1993-1994, había jugado poco hasta que en la penúltima jornada, expulsado el titular, Sempere entró en frío y paró un penalti al Valladolid. Una semana después volvió evitar que el cuero se colara en las redes, pero esta vez fue legendaria, levantando un puño reivindicativo de su rendimiento que acabó con el sueño deportivista. Más tarde, fichó por el Valladolid y se retiró en el Xerez en 2001 antes de dedicarse a la preparación de porteros. Su último trabajo fue en el Hércules, del que se marchó en abril en compañía del primer entrenador Esteban Vigo, dejando sitio en el banquillo a… Djukic.

La revancha no tardó en llegar

Un año después ambos equipos volvían a competir entre ellos, pero esta vez sí que había algo en juego: la final de la Copa.

El Santiago Bernabéu abrió sus puertas para recibir al Deportivo y al Valencia en la final de la Copa del Rey (1994-95). Dieciséis años después de haber conseguido el cuadro valencianista este título tras los dos goles del matador Kempes, esta iba a ser su segunda victoria de no haber sido por las ganas de revancha de los blanquiazules.

El equipo gallego comenzó adelantando el electrónico gracias al tanto de Manjarín. Iniciada la segunda parte, el valencianista Mijatovic complicó el partido anotando el gol del empate. A poco más de diez minutos, el partido del sábado 24 de junio tuvo que ser suspendido debido al tremendo diluvio y granizo. Así pues el martes 27, se retomó el partido. Era la primera vez en la historia que una final copera se jugaba en dos actos. El partido se puso de cara para lo gallegos cuando el deportivista Alfredo marcó el segundo, que dio el triunfo copero al Dépor y al mismo tiempo, le quito una espinita clavada que tenia en el corazón blanquiazul.

Cuanto más prima, más me arrimo

El Valencia tal y como confesarían años después hasta cuatro miembros de aquella plantilla, cobró una cuantiosa prima del Barcelona por impedir la victoria deportivista. En concreto, 18.000 euros por barba. Sólo algunos chavales de la cantera que habían disputado pocos minutos cobraron menos. Hiddink no quiso ni un billete.

Años más tarde, Fernando Giner central de aquel Valencia, reafirmó la  ‘una cuantiosa prima’ del Barcelona, aunque este admitió que hubiera preferido que ganasen los gallegos, puesto que jugadores ex valencianistas como Voro y Nando acababan de llegar al equipo blanquiazul y él quería que ganasen la Liga. "He cobrado dinero. Sí. Pero amargo", aseguró el ex futbolista. 

Otros tres jugadores del conjunto dirigido por Hiddick confirmaban la versión de los hechos: "Una semana antes, sabíamos lo que teníamos. El dinero (unos 50 millones de pesetas, 300.000 euros en total) lo cobramos a la semana siguiente. Lo recogimos en la autopista, a mitad de camino entre Valencia y Barcelona. Se encontraron un jugador nuestro y uno de ellos. Lo guardamos en casa de uno del equipo y lo fuimos repartiendo. Salimos a tres millones de pesetas [18.000 euros] cada uno de la plantilla. Los chicos que solo habían jugado algún partido, como Diego Ribera, a menos. Hiddink no cobró nada. Dijo que estaba cumplido". Al enterarse Penev, antiguo presidente valencianista, convaleciente de un cáncer testicular, proclamó: "¡Cómo tres millones! ¡Una Liga vale por los menos 10!".

 

El próximo domingo 1 de abril, el coliseo valencianista vuelve a reunirlos, esta vez con el Deportivo al borde del peligro y temoroso por el descenso; mientras que  el Valencia catorceavo, sin nada en juego, como en 1994.

 

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