Contracrónica: clásico atípico sin Barça ni VAR pero con baño blanco
Lenglet le clava los tacos a Varane dentro del área / Foto: Real Madrid

El primer clásico de la temporada 2019/2020 y también el más actualizado a la era que vive tanto el fútbol como la política española se saldó con un empate sin premio para ninguno de los equipos. Eso sí, más allá del agridulce resultado -sobre todo para un muy superior Real Madrid- en el Camp Nou se vio un partido entre eternos rivales que poco se asemejaba ya a esos tradicionales choques de colosos. Porque los blancos pusieron la entrega, la pasión y el mayor espectáculo mientras los azulgranas se descosían sin su deseada pelota. Esa que, por un instante, se tiñó de amarillo desde la grada. 

Los altercados y barricadas previas al inicio de, hay que recordar, un duelo de la Jornada 10 que se tuvo que aplazar en octubre por motivos de seguridad en Barcelona, presagiaban un complicado encuentro pero al que realmente se le puso difícil la noche fue al conjunto culé. Y eso que el VAR, en esta ocasión, estuvo del lado local mientras Piqué, en vez de quejarse, se dedicaba a achicar agua. Porque en la primera  mitad del campo y del juego, la inundación madridista fue grave. 

Busquets, baja de última hora por fiebre

Estaba en la primera alineación que el club catalán publicaba una hora y media antes del comienzo del duelo. Sin embargo, tan solo quince minutos más tarde, otro comunicado sustituía al centrocampista por Rakitic en el once de Valverde. Una gran sorpresa para aficionados pero también para el Real Madrid, que le esperaba sobre el verde. Según explicó en la rueda de prensa posterior el técnico vasco, "tenía fiebre y malestar, nada más". Al final, su lugar lo ocupó el jugador croata junto a Sergi Roberto. Quizás al conjunto del 'txingurri' le hubiese ido con mejor Busquets pero no se sabrá ya.

Valverde dando instrucciones desde la banda / Foto: LaLiga
Valverde dando instrucciones desde la banda / Foto: LaLiga

Ter Stegen, en busca del hombre libre

Al juego del marcaje individual y asfixiante -con una presión rival jamás presenciada en la última década del Camp Nou- invitó el Real Madrid. El 'pobre' guardameta alemán no encontraba compañero libre al que mandarle la pelota cuando tenía que sacar de portería o iniciar la posesión. Las líneas adelantadas blancas al más puro estilo Eibar de Mendilibar tuvieron el 90 % de eficacia sobre su contrincante. Algo que le sirvió al conjunto madrileño para ahogar el arte del toque de un Barça sin recursos para salir del agobio. Ni Messi emergió...

'SalVAR' al Barça: de Burgos Bengoetxea

La encerrona que preparó el equipo de Zidane comenzó a dar buenos frutos en ataque conforme se aproximaban los veinte minutos. Pero, a falta de ocasiones claras de gol -entre saques de esquina e incluso de banda con lanzamientos de balón de Bale- pudieron decidir los once metros. Porque sobre Varane cometieron no uno, sino dos penaltis tan grandes como la ciudad condal, que no quería ver las repeticiones. Al igual que tampoco quiso verlas, revisarlas y avisar el árbitro del 'videoarbitraje' Ricardo De Burgos Bengoetxea.

A juzgar por las imágenes, las dos acciones eran más que claras para que actuase el VAR. Sin embargo, incomprensiblemente, nadie avisó a Hernández Hernández. Los tacos clavados sobre el muslo del central francés por parte de su compatriota Lenglet y el agarrón de Rakitic posterior recuperaron las tradicionales polémicas de los clásicos. Esas que, ahora con la tecnología al servicio, no deberían aparecer. 

Momento en el que Rakitic agarra a Varane / Foto: Real Madrid
Momento en el que Rakitic agarra a Varane / Foto: Real Madrid

Ante la falta de balón, pelotas amarillas

En fin, el Barça se salvó de sus peores minutos sobre el verde de un estadio que no quería desperdiciar la oportunidad de reivindicación. A las pancartas que se leían tanto por la independencia de Cataluña como por la libertad para los condenador del 'procés', un buen puñado de pelotas amarillas llovió hasta aterrizar en varios puntos del campo. Fue ya en la segunda mitad y el encuentro se detuvo un minuto. Si los aficionados culés querían con eso animar a su equipo a que tuviesen más el balón, algo consiguieron.

Fue insuficiente, ya que Courtois apenas tuvo que emplearse ante el excelente trabajo de todas sus líneas. Al final, la mayor insistencia se vio en área local con hasta 12 remates del Real Madrid en la primera parte. Tras el descanso, la batalla se emparejó por tramos, pues el baño blanco estaba siendo bastante serio. Pero Isco, Valverde, Casemiro, Benzema o el propio Varane siguieron buscando un tanto que no llegó para suspiro culé. Orgullo madridista en un clásico atípico por ser una mezcla de fútbol, política y tecnología incomprendida.

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