Dicen que uno muere cuando es olvidado...
Luis Aragonés junto a Luiz Pereira y Leivinha | Foto: Atlético de Madrid

Hoy es uno de esos días que se respira Atleti en las calles, uno de esos días que vayas por donde vayas el ambiente es más rojiblanco que de costumbre, uno de esos días que sabes que las rayas de los colchones brillan más, uno de esos días que el oso y el madroño resaltan sobre los otros símbolos de Madrid, uno de esos días con los que se resume perfectamente lo que es ser aficionado del Atlético de Madrid. 

Hoy nos reunimos todos una vez más para recordarte a ti, Don Luis, para celebrar que tenemos la suerte de ser del mejor equipo del mundo —y no lo digo por el juego o por los títulos—, para recordar tu paso por el Estadio Metropolitano primero y por el Estadio Vicente Calderón después, tanto en el césped como en los banquillos, y para recordar todos los momentos en los que defendiste estas rayas y este escudo por encima de tu vida. 

Yo estuve en el viejo Manzanares el día que nos despedimos de ti, Don Luis. Aunque todos sabíamos que nunca sería un adiós, sino un hasta luego, el ambiente era muy gélido, nadie se quería creer que te fuiste para siempre, los asientos del Calderón estaban incluso más fríos que de costumbre y el cielo más oscuro que normalmente. Todo el mundo sabía que nos habías dejado, hasta ese conjunto de ladrillos y cemento que llamábamos "hogar" te echaba de menos. El silencio inundó el Calderón durante ocho minutos, ocho larguísimos minutos que en el campo se sintieron como una eternidad, pero el silencio se rompió gracias a las gargantas de todas las personas que querían agradecerte el fútbol que les habías regalado; en el campo eran miles, pero se sentían como millones. Todos los que tuvimos la suerte de estar allí gritamos por todos los que no pudieron para que nos escuchases bien desde donde estuvieses. 

Aquel día el fútbol era secundario, el protagonista era usted, aunque no de la forma que nos habría gustado. Nunca le estaremos suficientemente agradecidos por lo que hizo con el deporte que tanto nos gusta, porque sí, somos los de siempre los que más le recordamos por aquí abajo, pero todos tienen algo que agradecerle, porque usted no fue uno más, usted fue único y eso lo saben los rojiblancos, los blaugranas o los verdiblancos.

Desde aquel 2 de febrero de 2014 no le hemos dejado de tener presente, porque sabemos que usted aupó a Godín para meter el gol que nos daría la Liga en el Camp Nou, al igual que hizo con Suárez hace unos meses en Valladolid, porque sabemos que usted acompañó a Llorente por la banda de Anfield, porque sabemos que usted alentó a la grada para que se dejasen un poco más la voz por el equipo cuando este no podía dar más en el césped, porque sabemos que esté donde esté, el Atlético de Madrid está con usted.

Dejó una huella muy marcada en el equipo de las rayas rojiblancas, aunque imagino que ya lo sabrá, muchas de las frases que dijo las llevamos grabadas en la mente cuando pensamos en el Atleti. Es imposible no imaginarle a usted diciendo que lo importante es ganar, ganar, ganar y volver a ganar o no acordarse de usted cuando en el camino a los vestuarios los jugadores rodean el escudo del Atlético de Madrid, porque nadie pisa el escudo del Atlético de Madrid.

Ya no está aquí abajo, pero sigue con nosotros aunque pase el tiempo. Sabe usted como es la afición del Atlético de Madrid, agradecida con los suyos y usted es uno de nosotros, por eso mismo nos hemos juntado todos una vez más para darle el reconocimiento que se merece, aunque nunca sea suficiente. Don Luis, podremos agradecerle cada día su defensa del Atlético de Madrid durante toda su vida, ahora que vuelve a estar con nosotros, aunque sea sin esas gafas ni esas contestaciones que eran más afiladas que un cuchillo, vuelve a estar con nosotros

Hoy nos volvemos a reunir todos para darte la bienvenida de nuevo a la vida, aunque parece que nunca se haya ido. Conocerá usted la frase de que uno muere cuando es olvidado, pero las leyendas como usted nunca mueren, porque mientras exista el Atlético de Madrid, existirá usted. Gracias por tanto una vez más, Don Luis.

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