El estrépito de la derrota indiscriminada

Philadelphia vuelve a hacer el ridículo. Una vez superado el quedarse con el peor récord de inicio en un campeonato (0-16) han conseguido otro hito negativo tras perder un nuevo partido: son el equipo con más derrotas seguidas en la NBA (27, de momento).

Para esta última estadística, pertrechada en Houston ante los Rockets, se cuenta también la temporada pasada (regular season, ya que los playoffs se cuentan en estadísticas aparte). Acumulaban 10 derrotas en los últimos 10 partidos del curso pasado, a los que sumándoles estos 17 de la 2015/16 llevan a un total de 27. La suma es bien simple, aunque en Philly prefieran no hacerla.

Son tiempos convulsos allí. En 2014 ya establecieron un récord de 26 derrotas seguidas, que sigue estando vigente en una única temporada y es la marca global que acaban de batir junto a las también 26 de los Cleveland Cavaliers 2010/11.

Fuente: USAToday

Hay otro problema en todo esto: que los Sixers se superen a sí mismos. Negativamente hablando. En otro punto de la línea del tiempo, además de en 2014 como apuntábamos antes, los Sixers establecieron el actual récord de más derrotas en una temporada (73 en la temporada 1972/73). Éstos de 2015 van camino de superar ese tedioso balance.

Las 27 derrotas -repetimos, a día de hoy- de Philadelphia 76ers son la peor racha de un equipo en la historia de las grandes ligas estadounidenses. Han superado el registro de los Tampa Bay Buccaneers de NFL que databa de 1977.

¿Por qué?

Es la pregunta que se hacen todos. No sólo en la ciudad, en el país, sino cualquiera que haya sabido de este apunte estadístico en cualquier rincón del mundo. ¿Qué lleva a un equipo profesional de la mejor liga de baloncesto del planeta a perder 27 partidos seguidos?

Desde la salida de Allen Iverson el equipo no ha vuelto a ser lo mismo

Reconstrucción se ha convertido en la palabra clave, llave, la más pronunciada, pero también en la excusa. La dinámica de plantillas y excepciones de la NBA tiene una peculiaridad, que es que los equipos tengan que lidiar con grandes proyectos para quedarse huérfanos años después. Antes se mencionaba a los Cavaliers, en lo que fue la temporada posterior a la salida de LeBron James hacia Miami. En el caso de los Sixers ni siquiera ha habido tal éxodo. La última figura de extremada relevancia fue Allen Iverson, y desde su salida no han levantado cabeza.

Los Sixers llevan ganando desde 1955 y han tenido entre sus filas a leyendas de la talla de Mo Cheeks, Charles Barkley, el “Dr. J.” o Wilt Chamberlain. Son uno de los grandes clásicos, de esos que andan un escalón por debajo de Lakers y Celtics pero han sido el sustento de la liga durante más de medio siglo. ¿Por qué estas penurias entonces?

Todas las miradas apuntan a Hinkie

El tanking es una de las razones. Llevan varias temporadas perdiendo partidos aposta para salir favorecidos en la lotería del Draft. Y ya no se sabe cuándo quieren ganar y cuándo no, cuándo están tirando de artimañas o cuándo realmente el equipo no da para más. El año pasado les salió el tiro por la culata, teniendo grandes papeletas pero cayendo hasta el tercer puesto. La estrategia, además, es bastante discutible. En los últimos tres Draft han escogido pívot: Nerlens Noel, Joel Embiid y Jahlil Okafor. Un sinsentido.

¿Son los jugadores culpables? No mucho. Brett Brown, que es el que menos culpa tiene de todos y el que tendrá que cargar con un récord negativísimo que podría minar el resto de su carrera como entrenador, cuenta con un grupo de chavales muy jóvenes. Se quieren comer el mundo, son fuertes, atléticos, aguerridos y con potencia, pero falta calidad y una mejor definición de los roles.

Fuente: USATodayOkafor, llegado este año, juega prácticamente solo. Se juega la mayoría de tiros porque es el jugador-franquicia a día de hoy. Es uno de los candidatos a Novato del Año por esta razón, porque está haciendo grandes números pese a no haber ganado aún ningún partido. Noel es el otro interior y el único otro que destaca. Embiid, el que completaría la terna, aún está entre paréntesis; nadie sabe si algún día jugará tras pasar dos años en blanco por un problema crónico en un pie. De los demás, sólo el recién llegado McConnell, Canaan, Covington y Wroten alcanzan un nivel de regularidad tal para plantearse ganar. Thompson, Wood, Pressey, Holmes, un Carl Landry venido a menos o el explosivo Jerami Grant conjuntan pero sin fin común. Son jugadores puestos en un equipo a granel, sin conexión ni lógica alguna.

La plantilla y el entrenador, atados de pies y manos

Todo apunta, por tanto, hacia más arriba. A Sam Hinkie, el mánager general. Él es el que ha ideado esta “reconstrucción” a base de malas decisiones de Draft. La guinda son las elecciones de 2ª ronda para futuras ediciones que suele acumular la franquicia, algo que es la comidilla de la liga. Los que siguen la liga se mofan de este estilo de dirección, y la experiencia les está dando la razón. Acumulando jugadores de 2ª ronda es donde se pierde el verdadero talento, con jugadores con los que no se tiene la certeza de que vayan a ser grandes estrellas para que Phila recupere el brillo que sin duda merece.

¿Cuál es el proyecto de futuro entonces? Okafor nunca quiso jugar en los Sixers, y sus problemas extradeportivos comienzan a ensombrar los deportivos. Embiid tampoco parece en la onda sixer. Todos rehuyen el proyecto, nadie quiere estar en un equipo perdedor y sin rumbo para ser ganador. ¿Y Dario Saric, actualmente drafteado por 76ers, dará el paso definitivo o esperará a que sus derechos para EE.UU. pasen a otra franquicia con mejores aspiraciones?

Todo es incierto, penoso y de un estrépito que realmente asusta.

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