La táctica de Mourinho puede con el Liverpool

Chelsea y Liverpool cerraron la primera vuelta de la Braclays Premier League, junto al partido que enfrentó a Tottenham y Stoke City, en un encuentro de aspirantes al título. El Chelsea de Mourinho saltó a Stamford Bridge con un once en el que la máxima atención, por lo sorprendente, la captaba David Luiz en su primer partido de titular como mediocentro. La presencia del brasileño en la medular junto a Lampard se produjo por la sanción por cinco amarillas que no permitió a Ramires vestirse de corto. La tripleta de mediapuntas habilidosos formada por Willian, Oscar y Hazard era la mayor amenaza para el Liverpool de Rodgers. Por su parte, los reds llegaron con numerosas y habituales bajas importantes como Sturridge, José Enrique o el capitán Gerrard. Todo éxito del equipo del Mersey iba a depender de lo acertado de su estrella Luis Suarez y del entendimiento entre la medular y los tres atacantes.

Las dos partes que dividen los noventa minutos del partido fueron distintas, en estilo y ocasiones. Si la primera se vio animada por el tempranero gol de la escuadra visitante y la necesidad de los londinenses de responder y reponerse cuanto antes a ese jarro de agua fría; la segunda fue una batalla sin lustre en la que Mourinho retrocedió varios pasos para ceder el balón al Liverpool y aumentar, más si cabe, la entrega e intensidad de los jugadores azules. Las artes en la segunda parte del equipo del entrenador portugués pudieron con unosreds que se desinflan en la tabla y dan razones de peso a los que piensan que es un equipo para pelear por la cuarta plaza y no por el título.

El tópico se cumple

Ese dicho de que el gol es la salsa del fútbol es tan manido y trillado como verdadero. Y es que si los visitantes no se llegan a adelantar en los primeros minutos a buen seguro que la primera mitad hubiera sido bastante más diferente -aburrida- de lo que fue.

La primera mitad del encuentro comenzó de manera fulgurante en Stamford Bridge. A poco de que Howard Webb diera paso al inicio del partido, el Liverpool ya se había puesto por delante gracias a un gol de Skrtel. El tanto del eslovaco llegó tras una falta lateral botada por Coutinho que remató Luis Suarez al cuerpo de Ivanovic; dejando el balón libre en los pies de Martin Skrtel, que solo tiene que empujar el cuero sin oposición.

A pesar de ese tempranero gol que pilló por sorpresa a propios y extraños, puesto que el poco tiempo transcurrido fue vivido como un pequeño terremoto en las gradas del barrio de Londres, el Chelsea no se descompuso y empezó a crecerse ante la adversidad del electrónico. El equipo de Mourinho no se tomó el certero primer golpe de los reds como un elemento que les haría achantarse; más bien todo lo contrario.

A medida que pasaban los minutos los blues dominaban todas las situaciones del encuentro y tuvieron oportunidades en la cabeza de Cahill y en los pies de Frank Lampard para poder empatar antes de llegar al primer cuarto de hora del encuentro. El plantel de Mourinho tenía claras sus ideas y no quería cejar en su empeño hasta conseguir sus frutos. La doctrina era la del juego largo para crear posibles segundas jugadas que pudieran aprovechar la línea de magníficos mediapuntas con la que cuentan los londinenses. También se basaba en una presión alta y continua en la salida del balón de los de Brendan Rodgers.

Con ese juego característico del Chelsea de Mourinho llegó el gol que puso el empate en el electrónico. Una jugada vertical en la que se asociaron Hazard, Oscar, Willian y Eto’o terminó con un esplendido derechazo del belga ante el que nada pudo hacer su compatriota Mignolet.

Tras ese gol el Chelsea se haría dueño y señor de la pelota que recorría el césped de Stamford Bridge. Mientras que los de Mourinho combinaban con asiduidad y velocidad apoyados en un gran Lampard, un Hazard en estado de gracia y un Óscar omnipresente; el Liverpool estaba vagando por el campo. Las conexiones entre los hombres del medio y el ataque no funcionaban, ni tenía visos de hacerlo. Como muestra está la poca participación de Luis Suarez en el juego del equipo. La idea de replegarse y salir a la contra con la velocidad de Sterling y el talento asociativo de Coutinho no estaba saliendo bien gracias al marcaje de acoso y derribo que Cahill y Terry ejercieron sobre el ariete uruguayo.

El Chelsea fue el dominador claro de la primera mitad gracias a su alta intensidad

Los centrales ingleses hicieron un partido memorable en el que no bajaron la intensidad ni un segundo y en el que cada balón dividido se convertía en un aviso para que Suarez supiera que iba a tener que esforzarse al máximo para superarles. Con estas cartas sobre el verde el segundo gol local no tardó en llegar. Eto’o remató a la red, tras librarse de Skrtel, un pase de Oscar al primer palo. El gol no pudo subir al marcador sin la inestimable ayuda de Mignolet, que lleva dos partidos para olvidar.

Con ese gol el partido se fue al descanso. El Liverpool no tenía profundidad y la intensidad del Chelsea les había sorprendido tras ponerse muy pronto por delante en el marcador. Suarez estaba seco por el marcaje férreo de la retaguardia blue, mientras que los balones largos y la verticalidad del Chelsea era mucho más incisiva.

La influencia de Mourinho

Antes de comenzar el segundo periodo ya se preveía que el panorama sería diferente al de los primeros cuarenta y cinco minutos. Mourinho dio entrada a Mikel en detrimento de Lampard. Un cambio claramente de contención para llevar el partido al terreno de los locales. Ese terreno en el que Mourinho se mueve como pez en el agua. La premisa era que no pasase nada de relieve en esta segunda mitad, que el juego disminuyera todo lo posible y la continuidad en el mismo brillara por su ausencia. Dicho y hecho.

La decisión, a la postre acertada aunque arriesgada, del técnico portugués hizo que su equipo retrocediera un par de pasos hacia su portería. Esto permitió que el Liverpool gozara de más posesión inicial, como se pudo ver tras diez minutos de juego en los que la posesión era de 24%-76% para los visitantes, pero que tras un inicio en el que las fuerzas se igualaron los de Rodgers se perdieron ante la dureza e intensidad local.

El Chelsea dejó todo a la calidad y virulencia de su pegada a las contras. El robo rápido de balón en campo contrario y los desmarques de Eto’o para los buenos servicios de Hazard u Oscar era las armas que utilizaría Mourinho para intentar ampliar la ventaja. Mientras tanto todos los esfuerzos se centraban en la defensa. Si algo tienen los equipos del portugués es ese ansia por llevarse los balones divididos, esa garra y lucha que asustan a los rivales.

Por su parte, el Liverpool poco pudo hacer más que disponer de varias jugadas en las que hubo más ganas de empatar que claridad para hacerlo. La entrada del joven Smith en banda izquierda hizo que Coutinho jugase en una posición más centrada en la que Suarez estuviera más cercano a él. A pesar de esta libertad del brasileño apenas pudo combinar con el uruguayo con claridad, y el aspecto ofensivo de los visitantes no creció tanto como se esperaba con el repliegue del Chelsea. Un cabezazo de Sakho al larguero y un remate de volea de Suarez desde fuera del área fueron todo el peligro que crearon los reds a Cech.

El Chelsea tuvo oportunidades para hacer el tercero en las botas de Hazard, Eto’o o Torres pero ese gol no llegaría y el partido acabó con un 2-1 a favor de los locales que les hace sumar cuatro victorias consecutivas en su feudo.

Con esta victoria el Chelsea continúa en la tercera posición de la tabla con 40 puntos, uno por debajo del City y dos por debajo del Arsenal de Wenger. Por su parte, los de Brendan Rodgers se desinflan ligeramente y acaban la primera vuelta en quinta posición con 36 puntos. Los de Liverpool se han visto superados en última instancia por la magnifica temporada que está realizando el otro equipo de la ciudad: el Everton de Roberto Martínez.

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