Carlos Caszely, el futbolista que regateó a Pinochet
Foto: Revista Estadio.

28 de marzo de 1973. El Colo Colo chileno se enfrenta al Emelec ecuatoriano en un partido que decidirá qué equipo pasa a la segunda fase de la Copa Libertadores. Emelec es primero de grupo con siete puntos y el Colo Colo segundo con cinco. A los chilenos sólo les vale la victoria, y la consiguen con un contundente 5-1. Ese resultado lo cerró un tal Carlos Humberto Caszely Garrido con un gol de leyenda. Corrío todo el terreno del conjunto ecuatoriano tras un pase demasiado largo que el chileno jamás dio por perdido. Se lo consiguió arrebatar a un futbolista del Emelec para posteriormente salir disparado hacia la portería contraria. Allí dribló al guardameta y a un segundo defensor para acabar acompañando al esférico hasta el fondo de las mallas. El “chino”, como sería apodado, cayó feliz dentro de la portería, sobre el césped de un Estadio Nacional que celebró el nacimiento de una estrella al grito de “¡se pasó, se pasó!”. Grito que aprovecharían los periodistas más avispados para titular las crónicas de aquella formidable actuación del joven de 23 años y melena alborotada que causó sensación.

Semanas más tarde, Caszely volvió a anotar un gol importante para el Colo Colo. Era la igualada momentánea en el partido de desempare de la final de la Copa Libertadores frente a Independiente. A la postre, el equipo argentino se alzó con el título con un gol en la prórroga de Mario Mendoza. Caszely fue nombrado máximo goleador de la competición

Colo Colo, equipo que maravilló a su país en 1973, inició una gira por gran parte de Suramérica y Europa en un verano convulso en suelo chileno. Produciéndose “el tanquetazo”, una sublevación militar contra el gobierno de Salvador Allende.

Durante aquel mismo verano, el 18 de agosto, el Colo Colo jugó un partido frente al Levante en Valencia, donde ya se había oído hablar de su fantástico delantero. Manuel Grau, presidente por aquel entonces del Levante, sorprendió al mundo con el fichaje de la estrella chilena. En el acuerdo entre ambos clubes figuraba una condición: Caszely debía terminar aquella gira con el Colo Colo.

Durante aquella expedición por el viejo continente, horrorosas noticias llegaron a oídos de nuestro protagonista. La violencia se apoderaba de las calles de la capital chilena, Santiago de Chile, donde grupos opositores al gobierno de Salvador Allende, cometieron atentados , secuestros y asesinatos, auspiciados por el gobierno norteamericano de Richard Nixon que vió en Allende una amenaza por sus ideales socialistas.

Allende ganó las elecciones de 1970 con una mayoría relativa del 36’29% y junto a su partido, Unidad Popular, quiso transformar a su país en un régimen marxista distinto al llevado a cabo en otros países, adaptada al país sudamericano y que fue descrito como “la vía chilena al socialismo, con sabor a empanadas y vino tinto”.

Esto no gustó en el seno de la CIA, que llevó a cabo una serie de actos encubiertos y dio soporte a Patria y Libertad, un grupo radical de la extrema derecha chilena para evitar que “Allende se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito”, según palabras del propio presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, ante su consejo de seguridad nacional.

El 11 de septiembre, el ejército chileno, con Pinochet a la cabeza tomó control del país

Finalmente, en la mañana del 11 de septiembre de 1973, el ejército chileno comandado por Augusto Pinochet tomó el control de gran parte del país, exigiendo la renuncia de Salvador Allende. Éste se refugió en el Palacio de La Moneda, pero ante el bombardeo sufrido en el edificio gubernamental, se suicidó, según unos, murió, según otros, junto a varios de sus seguidores. Con ellos pereció también cualquier opción de esperanza y resistencia ante el nuevo régimen que, un día más tarde, comenzó a trasladar a “sospechosos de allendismo” al Estadio Nacional.

Caszely participó en un importante partido para su selección. El 26 de septiembre, Chile se enfrentó en suelo soviético a la URSS, su último escollo a superar si querían estar presentes en el Mundial de 1974. Bautizado como “el partido de los valientes” y con el golpe de estado chileno y la guerra fría como telón de fondo, el partido concluyó con empate a cero en el marcador.

Finalizado el encuentro, el propio Manuel Grau y Francisco Vinaixa, director deportivo del Levante, se desplazaron a París para llevar al futbolista a su nueva ciudad.

Dos días después, Caszely se enfundaría la zamarra azulgrana en su primer partido con el Levante. Fue en casa, frente al Sabadell cuando el astro chileno debutó en la segunda división española. Aquel 28 de septiembre Caszely no ofreció una buena imagen sobre el encharcado terreno del Nou Estadi levantinista.

“Se mostró infeliz” cuenta el ilustre Salvador Regües en su libro Memorias de un granota, “nos contó su amistad con Salvador Allende (…) Nos explicó lo mal que lo estaban pasando en Chile las gentes de izquierdas como él (…) y aunque su condición de futbolista famoso le salvaba de cualquier depuración política, el pensar en amigos y conocidos, a los que no vería nunca más, le llenaba de congoja".

El Levante pareció adoptar aquella tristeza y cuajó una mala temporada, a pesar de las grandes actuaciones del propio Caszely. En el recuerdo quedará aquella tarde en el estadio Vallehermoso de Madrid en la que el chileno anotó cuatro goles frente al Rayo Vallecano.

Carlos Humberto, pidió volver a su país en numerosas ocasiones y lo hizo durante unos días, semanas antes de aquel partido frente al Rayo Vallecano. Caszely viajó a su ciudad para enfrentarse a la URSS en el partido de vuelta de aquella eliminatoria decisiva. El encuentro se disputaría en el Estadio Nacional de Santiago. El encuentro llegó a disputarse, pero sin ningún representante de la URSS. Allí, meses antes, Caszely anotó aquel gran gol que lo catapultó al estrellato. Allí también fueron torturados y asesinados poetas, estudiantes, profesores, obreros, filósofos o músicos como Víctor Jara, por defender sus ideales ante el levantamiento militar del 11 de septiembre. Los días previos a aquel partido frente a los rusos, todo era humo, miedo, sangre y muerte. “Fue la parodia de fútbol más grande que vi en mi vida”, pronunciaron los labios que se encontraban bajo el representativo bigote de Caszely. “La escena más absurda de un juego. Ni siquiera en el barrio viví yo un solo día tan estúpido, tan vacío, tan mentiroso”. Y es que tan trascendente encuentro llegó a disputarse, pero sin ningún representante de la URSS sobre el terreno de juego: “Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”. Ese fue el comunicado difundido por la federación soviética.

“Cuando me llegó el turno de saludar, yo apreté mis manos. Pinochet no tuvo más remedio que seguir de largo”

Tras aquel paripé, las autoridades militares chilenas celebraron la clasificación para el Mundial y Augusto Pinochet hizo acto de presencia. “Cuando me llegó el turno de saludar, yo apreté mis manos. Pinochet no tuvo más remedio que seguir de largo”, recordó Caszely para la película de Éric Cantona “Les rebelles du foot”.

El Levante finalmente volvió a descender a tercera, y tras una temporada en la categoría de bronce, vendió a Caszely al Espanyol. Años más tarde, Carlos volvería a defender la camiseta de Colo Colo y a ser imagen en 1988 de la campaña por el “no” en la consulta que pretendía ser transitoria tras el mandato de Pinochet. “Teníamos que salir de la oscuridad. Para mí fue una tremenda alegría que Chile dijera ‘no’ al dictador. Era el ‘no’ a muchos años de horror” señaló un Caszely feliz ante la prensa española, años después del referéndum.

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