Bodas de oro celestes: la época de gloria inolvidable
La mejor época jamás vivida por el celtismo: el mágico Euro-Celta. // (Foto: colgadosporelfutbol.com)

Después de vivir la primera participación europea y más tarde un Celta ascensor que alternaba de manera contínua las dos divisiones de élite de nuestra Liga, llegaba la época más gloriosa en toda la historia del club. Aterrizaba el tan temido 'Euro-Celta', conocido por todos gracias al gran fútbol que ejecutaba.

Progresión gradual desde el último ascenso

Tras el ascenso logrado en el año 1992 con Txetxu Rojo al mando del equipo, se iba a establecer una hegemonía durante la restante década de los 90 e inicios del año 2000. El equipo que iba a maravillar a propios y extraños, se asentaría poco a poco en la élite del fútbol español.

Todavía con Jose Ignacio Núñez como presidente del equipo y con jugadores de la talla de Vlado Gudelj en la delantera o el que fue zamora la campaña próxima al ascenso, Santiago Cañizares, se fue mejorando el nivel de la plantilla y por ello, el rendimiento del equipo en Primera División.

Contando con gran cantidad de jugadores que mostraron un gran nivel en esos años como fue el caso de Ratkovic, Berges o Patxi Salinas, se consiguió alcanzar la tan ansiada estabilidad, manteniéndose cinco temporadas en la mitad-baja de la tabla sin llegar a descender, entre la 1992/93 y la 1996/97.

A pesar de esas campañas tranquilas, evitando el descenso y sin sufrir grandes emociones, se llegó a la segunda final de Copa en la historia del Celta, en el año 1994. Fue ante el Real Zaragoza de Victor Fernández y el conjunto celeste cayó en la fatídica tanda de penaltis con el tan recordado chut errado por Alejo.

El inicio de los años gloriosos

Con poco más que destacar, aparte de aquella final de Copa, se llegaba al inicio de la época dorada. El Euro-Celta daba sus primeros pasos y la piedra angular que lo formaba era un ruso llegado en el año 1996 procedente del Strasbourg, francés.

(Foto: cronologiafutbolista.com)

Se trataba de Aleksandr Mostovói, jugador que más tarde sería apodado como el 'Zar' de Balaídos. Llegaba a Vigo y a pesar de un mal inicio, su talento sobre el terreno de juego facilitó que pudiera meterse a la afición en el bolsillo y encabezar una generación magnífica de futbolistas que portaron por aquellos años la camiseta celeste.

Jugadores como el propio Mostovói, junto a otros como Valery Karpin, Haim Revivo, Mazinho, Makélélé, Djorovic, Gustavo López, Penev, Berges, Cáceres, Michel Salgado o Dutruel formarían parte de aquella brillante escuadra capaz de derrotar a cualquier equipo que tuviese enfrente y de hacerlo de una forma fácil y humillante para el propio rival.

El Celta ponía su sello en Europa

Ya con Horacio Gómez como presidente del club, sería Javier 'Jabo' Irureta el técnico que estaría al cargo del equipo que lograría la primera clasificación europea en esos años, en la temporada 1997/98, única campaña en la que estaría al mando del equipo antes de marcharse al eterno rival.

El resto de participaciones europeas seguidas durante esos años hasta que en la 2002/03 Lotina llevase al equipo a la UEFA Champions League, serían comandadas por Victor Fernández, artífice de colocar a todo ese conjunto de estrellas en la misma costelación celeste.

Victor Fernández, técnico que encabezó al mejor Celta de la historia. // (Foto: libertaddigital.com)

Un total de cinco clasificaciones seguidas para la Copa de la UEFA antes de ese año de Champions, fueron los números del mejor Celta de la historia, llegando a ganar además una Intertoto que valió para una de esas participaciones y llegando a otra final de Copa en la 2000/01.

Las grandes noches europeas

A lo largo de esas cinco inolvidables temporadas batallando por Europa, quedan las grandes citas y gestas que marcó aquel Celta de record, que goleaba a históricos y se ganaba el favoritismo y el cariño de los amantes de este deporte a base de grandes partidos que sin duda, marcaron una época.

Desde el triunfo en Anfield Road ante el Liverpool gracias a un solitario gol de Haim Revivo, hasta el 4-0 endosado a la Juventus de Turín entrenada por Carlo Ancelotti en Balaídos y pasando por el famoso 7-0 también en casa ante el Benfica, se recuerdan otros momentos destacados como el triunfo ante el Aston Villa, uno de los grandes equipos ingleses de la época.

Valery Karpin en el partido europeo ante la Juventus de Turín. // (Foto: mitosfutbolisticos.com)

También caben destacar los triunfos en el campeonato doméstico ante los colosos de la Liga, sin olvidarse de la última final de Copa del Rey que el Celta volvió a disputar en la 2000/01, nuevamente ante el Real Zaragoza y de nuevo volviendo a caer derrotado, esta vez por 3-1, teniendo el claro favoritismo y habiéndose adelantado gracias a un primer gol de Mostovói.

Un fútbol imparable para el rival

El juego que realizaba aquel Celta que estuvo durante un lustro al completo accediendo a la UEFA fue algo irrepetible e insólito hasta la fecha para cualquier aficionado celeste. Agradable para la vista e imparable para el rival, que no era capaz de predecir por donde podía salir aquel equipo.

Actuando como una maquinaria sin fisuras y empezando por la portería, tanto Dutruel como Pablo Cavallero dotaron al equipo de una seguridad defensiva muy alta. Michel Salgado y Berges en los flancos de la defensa además de Juanfran, junto a Djorovic y Cáceres en el centro de la zaga, formaron los cimientos de aquel equipo.

Ito y más tarde Makélélé, aportaron al medio del campo una seguridad absoluta, contando también con Albert Celades, mientras que el brasileño Mazinho ponía el talento y el equilibrio. Haim Revivo -después llegó Gustavo López-, Mostovói y Valery Karpin, formaban la zona mágica de 3/4 de campo, causando las delicias del respetable, mientras que la delantera nunca llegó a tener dueño fijo, contando con hombres como Penev o Benni McCarthy, entre otros.

Tras esa quinta temporada seguida en Europa, se puso fin al periplo de Victor Fernández al mando del equipo y se hacía cargo Miguel Ángel Lotina, técnico que logró cuajar la mejor temporada en la historia del Celta, antes de regresar de nuevo al abismo de la categoría de plata nacional.

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