400 días de Larrivey
Foto: Miriam Mata | VAVEL.

Hay quien dice que las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por la huella que dejan. Es el caso de Joaquín Larrivey y sus 400 días de celeste. Extrañado en mayor o menor medida, el ex ‘11’ celeste ha dejado un gran recuerdo en Vigo, y su cariño por el Celta continúa siendo más que evidente a día de hoy.

400 días como celeste en los que Larrivey anotó un total de 12 goles, 11 en Liga y un gol más en duelo copero ante la Unión Deportiva Las Palmas. Tras un inicio fulgurante, en el que consiguió anotar en Balaídos durante cinco jornadas consecutivas —Getafe, Real Sociedad, Deportivo, Villarreal y Levante en dos ocasiones fueron sus víctimas —, lo que sumado al gol conseguido mientras defendía la camiseta del Rayo Vallecano durante la temporada 13-14 situaron al argentino como el primer jugador en superar el récord de Gudelj marcando en el estadio celeste.

Pese a que el tanque argentino no anotaba lejos de Balaídos, la maldición se rompió en Barcelona. Aprovechando un maravilloso taconazo de Nolito, Larrivey perforó la meta de Claudio Bravo, consiguiendo el Celta la primera victoria celeste en la Ciudad Condal en 73 años.

Cosas del destino, el mismo día en el que el Celta rompía una racha de 73 años sin ganar al Barça en Barcelona, empezaba una que hizo tambalearse al mismo Berizzo. Después de lograr la machada en el Camp Nou, los hombres del Toto iniciaron una nefasta racha de 10 jornadas consecutivas sin conocer la victoria y de 727 minutos sin anotar gol en Liga. Entre medias, el argentino fue injustamente sancionado con cuatro partidos, y Charles le ganó el puesto.

El señor de los derbis

No obstante, si por algo será recordado el punta de Gualeguay será por su rendimiento en los derbis gallegos. Tres partidos disputados, tres victorias y tres goles. El primero de los derbis con Joaquín defendiendo la elástica celeste fue en el I Trofeo Diputación, disputado a mediados de agosto en el estadio de Pasarón. Deportivo y Celta se enfrentaban en un partido desigual, en el que los oívicos llegaban mucho más rodados al encuentro y que se llevaron sin dificultades (2-0) con goles de Nolito y Larrivey.

El segundo, llegó en partido oficial. Corría la jornada 5 y el Celta recibía al Deportivo en un Balaídos que presentaba ambiente de gala pese a jugar entre semana. Nolito abría el marcador a los cinco minutos tras una buena jugada personal, y la sensación de que el Celta podía golear al Depor sobrevolaba Balaídos. No obstante, cosas del fútbol, los nervios y la ansiedad traicionaron a un Celta que vio como Isaac Cuenca empataba el partido pocos minutos después del descanso. De jugada de estrategia, apareció el argentino, que cabeceó al fondo de la red de Lux un cabezazo a la salida de un córner. Minutos después, el mismo Larrivey no supo definir en un mano a mano con Lux que hubiese sentenciado el partido. Sea como fuere, la primera victoria del Celta sobre el Dépor en partido oficial un lustro después tenía que llegar con épica. Quedaban un par de minutos para el final del encuentro cuando Cabral cometió penalti sobre Sidnei. En el punto de penalti, Medunjanin, que había batido a Casillas desde los once metros tan solo una jornada antes, delante, el Gato de Catoira, Sergio Álvarez, que detuvo el penalti provocando el éxtasis en las gradas de Balaídos.

El choque de Riazor, sin embargo, llegó en plena racha negativa del delantero argentino. Charles le ganó la partida, y fue el elegido por Berizzo para formar parte del once titular en Riazor. El mismo Charles fue el autor del primer gol celeste en el partido, aprovechando un buen centro de Orellana. A falta de 18 minutos para el final, llegó la hora de Larrivey. El Celta, por delante en el marcador y con superioridad numérica, hacía valer su fútbol y dominaba el partido aunque los contragolpes herculinos ponían en peligro la victoria celtiña. Lo dijo a su llegada a Vigo, “se puede jugar bien o mal, pero la actitud es innegociable”, y así fue. Como aquel que lucha hasta el final y nunca se rinde, el argentino perseguía aquello que la fortuna le negaba, y lo alcanzó. En un error de difícil explicación, Luisinho cedió erróneamente el balón a Fabricio, quedándose éste a medio camino entre el portero y el defensa. Como una fiera que espera agazapado a su presa, el argentino se apoderó de la pelota y puso el 0-2 en el electrónico ante el desconcierto de Riazor, que enmudecía. Explosión, gritos, euforia. El Celta sentenciaba el derbi y silenciaba Riazor.

Meses más tarde, la dirección deportiva del Celta y el propio jugador decidían separar sus caminos. 400 días de sueño hasta que llegó el punto y final. La hora del fin. 400 días de lucha y generosidad en el campo. 400 días de celeste, 400 días de Larrivey. 

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