Neymar y el universo estético kantiano
Foto: Dani Mullor/VAVEL

En estos momentos en los que está tan de moda hablar del filósofo prusiano Kant, de la elevada complejidad de su filosofía, de su extensísimo estudio desarrollado en obras como Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Crítica del juicio… quizás sea un curioso ejercicio de traslación de una parte del desarrollo de la estética kantiana, al jugador más sobresaliente del equipo más en forma del momento actual: Neymar Jr.

En el lenguaje coloquial la palabra “estética” denota lo bello, pero en el universo kantiano está palabra va mucho más allá. Las principales características de la estética de Kant comienzan con la no representatividad del arte. El arte se conforma de la espontaneidad y un libre juego de facultades, justo lo que hace Neymar sobre un terreno de juego. El arte posee una finalidad sin fin consciente, lo que vale es la inmediatez del próximo rival, el próximo regate. La estética kantiana es romántica, está basada en Rousseau y no hay nada más romántico que la liviandad y el volar del jugador brasileño. Para Kant el arte es igual a la experiencia, y el juego de Neymar es una experiencia basada en el arte de la experiencia, de años concibiendo el juego desde la concepción estética del fútbol brasileño. En la teoría estética de Kant la razón no es concluyente para emitir juicios, lo válido son las apariencias, la primera impresión, las emociones que despierta ese primer momento que es apariencia, es arte, es juicio. Eso justamente es lo que provoca Ney en su arrancada, esas emociones, ese primer momento, los instintos frente a la razón.

En el universo estético kantiano el objeto de la apreciación estética es la naturaleza y Neymar en el fútbol es una de esas fuerzas creativas que surgen de la naturaleza. Para Kant el contemplador no es un intérprete, es más parte de un  momento primigenio de contemplación. El futbolista brasileño es heredero del citado momento primigenio y esta contemplación sin medida, los que lo contemplan, están contemplando un caso de genio, no de ingenio, de entusiasmo interpretativo. Porque Neymar es puro entusiasmo interpretativo, fruto del proceso estético a modo de análisis fenomenológico puro que genera un elevado agrado estético.

Por todo ello, porque muy poca gente puede llegar a comprender a Kant, porque leer su obra es un ejercicio tan apasionante como complicado, porque la inmediatez no está mediada por el entendimiento, se podría ‘absolver’ a los políticos que en un debate citaron a Kant y no supieron responder a las preguntas de un universitario sobre su filosofía. Al menos estaban ahí para equivocarse, para debatir, para citar sin comprender, para no conocer un solo título de su obra. Usar la razón sin aplicar la experiencia nos puede llevar a ilusiones teóricas y no hay nada más empírico y razonable que llegar a la estética a través de Neymar.

Estética trascendental, la sensibilidad, el fenómeno que se produce en nuestra receptividad al ser afectado por el juego de Neymar, su viaje por el espacio como forma pura de la sensibilidad y, por el tiempo como forma del sentido interno y condición formal de todos los fenómenos. Puede que tras leer estas líneas se comprenda menos a Kant, pero en lo que no se encuentra debate es en el hecho de que por el momento que atraviesa y sus facultades, por el culto a la espontaneidad y a la libertad del juego, Neymar Jr. queda oficialmente incluido en el universo estético kantiano.

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