Una maravilla de Messi tira por tierra los planes de Gracia

No iba a ser una visita fácil, como ya adelantó Luis Enrique y los propios medios de comunicación, a la Rosaleda. En la pasada temporada, el Barcelona se quedó a cero en los dos partidos contra el Málaga y, en ésta, un solitario gol de Vermaelen en la segunda mitad, y con el Camp Nou tirándose de los pelos, dio la victoria a los azulgrana. Un gol en tres encuentros, o lo que es lo mismo: la táctica de Javi Gracia funcionó

El entrenador boquerón apostó esta vez por un bloque sólido, compacto, con dos puntas (Charles y Duje Cop) y con cuatro centrocampistas que asumieran el control del juego si la oportunidad lo requería. A todo esto, se necesitaba que Kameni estuviera igual de acertado que en los anteriores días para sacar un resultado positivo. Y también una pizca de suerte. En ese sentido, las ausencias de Jordi Alba (lesión), Neymar (lesión) y Piqué (sanción) allanaban el camino. Luis Enrique tuvo que hacer auténticos malabares para sacar un once acorde con la fecha. Aleix Vidal dio descanso a Dani Alves después de su error en San Mamés y Adriano-Vermaelen reemplazarían a las ya citadas bajas. Munir, de nuevo, el elegido para asumir el rol de Neymar. El buen estado de forma del internacional español invitaban al optimismo.

Al minuto de empezar, gol de Munir

No habían transcurrido ni dos minutos cuando Munir aprovechaba un fallo garrafal de la defensa del Málaga para poner el primero en el partido. Recibía Messi en el costado derecho del mapa, conectaba con Luis Suárez con un pase preciso y el charrúa, después de regatear a Welington, buscaba un disparo rápido al palo corto de Kameni. El balón se escurrió por debajo de las manos del meta camerunés y, allí, apareció libre de marca Munir para hacer el primero del partido. Con muchas localidades aún vacías, el Barcelona se adelantaba en el marcador; Munir era, de nuevo, el hombre gol.

Munir marcó el primero al minuto de partido
Munir marcó el primero al minuto de partido (Foto: Getty Images)

Parecía entonces que el Barcelona tendría una tarde tranquila, sin complicaciones, ante un Málaga abatido por ese gol tempranero. Pero la Rosaleda y su público, de una forma inexplicable, transmitieron a sus jugadores unas ganas que se contagiaron poco a poco, hasta dejar al Barça mermado física y mentalmente. Los azulgrana no conseguían triangular con facilidad, los errores individuales aumentaban por segundos y la dupla Camacho-Recio se hizo con el control inoperante del centro del campo. Bravo tuvo que intervenir para sacar el peligro, que crecía por momentos. Charles, primero, y Camacho, después, probaron los reflejos del meta chileno, que necesitó del poste en alguna ocasión para salvar a los suyos. El Málaga crecía con el paso de los minutos, y el Barça propiciaba esta situación con sus errores individuales, sobre todo en la salida del balón

La presión tuvo su recompensa: Juanpi ponía el empate

Llegaban los mejores minutos del Málaga, entonces, con una presión asfixiante que hacía dudar a Vermaelen y Mascherano en el centro de la zaga. Adriano tampoco se encontraba cómodo en el campo y Busquets no era Busquets. El Barcelona echaba de menos la figura del mediocentro, pero también la de Messi, Suárez o Iniesta, desaparecidos después del tanto inicial. En esos minutos, los azulones tuvieron dos claras ocasiones para equilibrar la balanza: en la primera, un error en el despeje de Vermaelen dejó solo a Charles ante Bravo, pero la rapidez en el cruce de Mascherano, y su posterior determinación a la hora de lanzarse al suelo, frustó la ocasión de los andaluces.

La segunda, con Vermaelen de nuevo como protagonista, tuvo un final diferente. Recuperó Charles, se la cedió a Juanpi y el joven español armó la pierna desde la frontal para batir a un Bravo que poco pudo hacer después de que el balón rebotara en Dani Alves. Un empate merecido, sobre todo viendo como el Barça no sabía por dónde salir. El recital del Málaga en la Rosaleda estaba siendo de dimensiones considerables, y el público y la pizarra de Javi Gracia tenían mucho que ver. 

Mathieu por Vermaelen: vuelta al control

La segunda mitad comenzó con el cambio de Mathieu por Vermaelen. El galo substituía al central belga, quien no había estado afortunado a lo largo de la primera mitad -recibió una amarilla al filo del descanso-. Luis Enrique pidió una marcha más y los jugadores hicieron caso: el Barça recuperó el control del juego, ese que le había faltado en la primera mitad. Busquets se consolidaba en esa posición fija para él, la de pivote organizador, y los laterales abrían el campo (Aleix Vidal-Adriano) para dejar el espacio del centro a los medios.

Eso le funcionó al Barça, ya que un centro escorado de Adriano a los cinco minutos de la reanudación fue rematado a las redes por Leo Messi después de una fabulosa volea del argentino. En 5 minutos, el Barcelona no solo se ponía por delante -de nuevo- en el marcador, sino que recuperaba, además, esa sensación de control. Doble alegría para un Luis Enrique que lo festajaba en el banquillo con mucho entusiasmo. 

Arda y Messi celebran el tanto del argentino en la segunda mitad (Foto: Getty Images)
Arda y Messi celebran el tanto del argentino en la segunda mitad (Foto: Getty Images)

El Málaga volvía a remar a contracorriente, pero las sensaciones de la primera mitad marcaban el camino. Chory Castro y Fornals (substituyó a Recio) cogían el timón del cuadro andaluz y, mediante centros laterales de Rosales y Torres, los andaluces buscaban empatar de nuevo el partido. Una última media hora apasionante se preveía, con un partido distinto radicalmente al de la primera mitad.

Adriano, lesionado, por 'el chico multiusos' para Luis Enrique

El partido fue muriendo, poco a poco, mientras el Barça tenía el balón. Por su parte, el Málaga lo revivía con suma facilidad a partir de contraataque rápidos encabezados por Charles. Pero no fue hasta el minuto 73, con un cuarto de hora para el final, cuando la emoción volvió a reinar en la Rosaleda. Adriano no aguantaba más en el campo y Sergi Roberto lo reemplazaba en el lateral izquierdo (antes, Rakitic había substituido a Munir). Y en esa misma jugada, en la que Fornals puso un balón al punto de penalti después de una falta lateral, estuvo el empate para el Málaga. En esta ocasión, no fue Bravo, sino la zaga azulgrana (con Mathieu como protagonista) quien despejó un balón muerto en boca de gol.

Gracia daba entrada a Santa Cruz arriba, buscando así el juego directo y los más que posibles y constantes centros laterales, pero Bravo ya se hizo de hierro y consiguió construir un muro de hierro en sus aledaños. Antes del final, también tuvo tiempo Welington de lesionarse (fatiga) y Luis Suárez de marcar el tercero (Messi partió en fuera de juego) pero el marcador no se movió y Clos Gómez señaló el camino de los vestuarios.

Una victoria importante, con un peso incalculable para un Barça que pudo perder si el Málaga hubiese estado más certero de cara a gol, sobre todo en la primera mitad. Los boquerones fueron de más a menos, ya que en la reanudación no pudieron implantar su estilo/modelo de juego y eso se notó. Messi apareció, marcó y sentenció una balanza que, a día de hoy, sitúa al Barça como líder en la clasificación

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