La remontada imposible
FC Barcelona, VAVEL.com

Hay días inolvidables que marcan una diferencia en la vida. Y la fecha: 8 de marzo 2017 fue uno de esos. El Barcelona hizo lo imposible con una remontada nunca vista en la historia de la Champions. Un resultado de 6-1 que siempre quedará presente en nuestras mentes. Este día, el Barça hizo temblar no sólo su estadio y la ciudad entera, la impresionante victoria ante el Paris Saint-Germain provocó un terremoto en el continente y en el deporte. Sin duda, dos años después las alegrías siguen intactas, parece que lo hayan jugado ayer. Las emociones de esa noche se desataron como la nube que viene cargada de lluvia. Si tuviésemos la oportunidad de guardar estas emociones en un jarrón, que podamos recurrir a ellas cuando creamos que no somos capaces de lograr algo, lo haríamos, porque aquella noche, todos los límites se rompieron y los de Luis Enrique demostraron que nada es imposible. Marcar tres goles en siete minutos para clasificarse a la siguiente fase de la máxima competición continental parecía algo más que inalcanzable. Pero Barcelona dio otra definición a la palabra imposible. Porque aquella noche, en el césped que mide 105 metros por 68 y bajo las luces radiantes del Camp Nou, incluso el ingenio de los más creativos no habría imaginado un mejor final.

Estos 90 minutos de fútbol pasaron como si fuera una película, y no una de suspenso sino una de terror. Cada pase, cada jugada, y cada córner subió la adrenalina de la afición culé que vivió la batalla mordiéndose las uñas por los nervios. La frecuencia cardíaca del público se disparó y cada respiración pareció ser la última. Así pasaron los segundos en el Camp Nou. En una noche que se suponía iba a terminar en la gloria para los franceses, terminó siendo la noche más mágica del fútbol mundial. Todo empezó con un gol de Luis Suárez en menos de tres minutos. Luego, la persistencia de Andrés Iniesta había obligado a Layvin Kurzawa a alcanzar su propia meta y justo antes del medio tiempo, Messi había convertido un penal. Tres goles en los primeros 50 minutos de juego. La gente empezó a creer. Solo faltaba rematar una vez más para empatar el partido. La esperanza cambió a creencia con el estadio cantando con todas sus fuerzas: “Sí se puede, sí se puede.” Justo en el momento que todos estaban a punto de ver la luz al final del túnel, llegó la parte más aterradora de la película: el gol de PSG.

El tanto de Edinson Cavani hizo un gran daño al Barcelona, como aquel que rema y rema, pero muere antes de llegar a la orilla. El gol del uruguayo significó eso para el Barca. Un gol que dejó el Camp Nou sin voz y sin inspiración. El Barcelona tenía que marcar tres goles en menos de 30 minutos. Algo imposible, algo inconcebible. Pero en medio de toda la oscuridad, apareció una luz de esperanza: Neymar. El gol de Cavani reavivó algo dentro de Neymar, el brasileño se disfrazó de proeza. Se subió el equipo a su espalda con la máxima ilusión del mundo y empezó a dar bocanadas de oxígeno. A cinco minutos del final, ilustró el cuarto gol; y después marcó un penal en el tiempo adicional.

Incluso en 900 páginas de literatura clásica faltarían adjetivos para describir lo que pasa después. El público, el cuerpo técnico y el personal médico del Barcelona se mantenían de pie con las manos en la cara, tan concentrados en los últimos minutos que podían escuchar sus propios latidos. Los nervios llegaron a un nivel inexplicable. Y a pesar de que solo quedaban tres minutos para el pitido final, faltando aún un gol por marcar, había algo en el ambiente que pronosticaba que el equipo lo iba a conseguir. El reloj marcaba el minuto 94 y en ese momento, todo estaba en silencio. ¿Podría el Barça anotar el sexto? Tantos nervios que nadie tenía la fuerza de decir ni una sola palabra. Silencio total en el estadio. Pero, dentro de toda incertidumbre, la luz de esperanza volvió a brillar: Neymar, colgó un centro en el área y un Sergi Roberto, que entraba al partido en la segunda parte, se estiró con habilidad de deportista para llegar con el pie derecho y firmar el final imposible. El banquillo asaltó el campo, incluso los protagonistas de la historia no daban crédito a lo que acababan de conseguir, mientras los gritos de miles de personas se convirtieron en uno sobre el cielo del Camp Nou. Y cual maestro de la sinfónica, Lionel Messi se acercó al borde de su púlpito, el lugar donde siempre hace arte, para celebrar justo frente a sus fieles.

Las gargantas de los culés: roncas y desgarradas. Las caras: mojadas de alegría. Sin duda cualquier culé, que estuviese ahí esa noche o incluso los que no pudieron o incluso los que no creyeron, pagarían por vivirlo de nuevo. Un recuerdo para llevar a la tumba.

Muchas veces he pensado en todos los acontecimientos de las últimas décadas, en cómo los abuelos, vivieron experiencias y momentos épicos, como sus historias aún hoy en día nos cautivan. Me resulta más que inquietante pensar en cuáles serán las mías, cómo voy a entusiasmar a mis nietos, gracias al Barça, gracias a los once que estuvieron en el campo esa noche tengo la mejor epopeya, vestida de blaugrana.

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