El submarino vio naufragar al Celta
Rubén Blanco durante el partido ante el Villarreal | Fuente: La Liga

Solo faltaban los petos. Eso debió pensar Óscar García al ver la primera parte de su equipo. En el regreso del conjunto celeste se vio la peor de las imágenes posibles. Sin intensidad, sin juego y dejándose manejar por un Villarreal que parecía no haber dejado de competir estos dos últimos meses.

El Celta salió con un 4-3-3 clásico, con un doble pivote formado por Bradaric y una de las grandes novedades como es el canterano Pape, así como la entrada del extremo de Lorca Juan Hernández. Por su parte los de Calleja apostaron por la dupla Gerard Moreno y Paco Alcácer para intentar hacer daño.

En cuanto a los primeros cuarenta y cinco minutos la sensación fue horrorosa. El once celeste no jugó a nada y perdió prácticamente todos los duelos que se produjeron en el verde. Tanta fue la diferencia que el Celta no hizo ningún tiro entre los tres palos. Varios errores defensivos de Murillo y Lucas Olaza provocaron ocasiones que pudieron decantar la balanza para los amarillos antes. De hecho, el uruguayo tuvo una muy mala actuación, acentuada por la extraña necesidad de salir con el balón jugada por el flanco izquierdo.

Y es que ningún jugador celeste aprueba el examen de regreso. Únicamente Rubén Blanco estuvo acertado. Realizó dos intervenciones que están a la altura de los mejores porteros de Europa. Primero un disparo a bocajarro de Vicente Iborra tras una buena combinación y después en un gran remate a la base del palo izquierdo. El portero celeste es la mejor noticia de este regreso, muy centrado y activo.

Tras el descanso, se realizaron varios cambios buscando alguna mejora. Con ellos llegó también un cambio de sistema. Del 4-3-3 inicial se pasó a defensa de cinco, con la entrada de Aidoo, intentando frenar las llegadas del Villarreal. Además, salió Juan Hernández del campo, que únicamente aportó un disparo, dejando su lugar a Okay. Esto provocó que Aspas y Mina se colocasen en punta, cediendo toda la banda a Hugo Mallo y Lucas Olaza.

Los siguientes minutos fueron más de lo mismo. Dominio total del Villarreal sobre el juego y sobre la posesión. El conjunto de Óscar García consiguió no obstante frenar los disparos y llegadas hasta el punto de que no ocurriese nada en ambas áreas en gran parte de la segunda mitad. Pero esa mejoría en la mitad inferior no supuso nada en la parte superior. Si alguien es el termómetro del Celta es Iago Aspas y no hizo nada destacable en todo el encuentro. No consiguió entrar en contacto con el balón ni generar ocasiones. Se le vio perdido y desesperado.

Posteriormente hicieron aparición Pione Sisto, Fedor Smolov y Denis Suárez. Lo cierto es que tanto Fedor como Denis no tuvieron tiempo suficiente para hacer gran cosa. Intentaron algún centro sin un rematador claro y no cambiaron la dinámica. Esta era una apuesta para ir a por el partido en los últimos minutos. Y como dijo el propio Óscar, “a veces sale cara y otras cruz”. En este caso salió cruz tras la segunda pérdida consecutiva de Pione Sisto en el medio del campo. En el Villarreal destacó la entrada de Samu Chukwueze, que fue una bala por la banda derecha. Eso, unido a la tendencia de recular que tuvo toda la defensa celeste durante el partido facilitaron las ocasiones del rival, el cual culminó en los minutos finales en una triple ocasión que transformó Manu Trigueros. Aunque Rubén volvió a salvar doblemente a sus compañeros, a la tercera fue la vencida.

Un muy mal partido en el regreso al verde. La afición esperaba más de un Celta pobre en todos los sentidos. Falto de ritmo, de juego y de intensidad. Lo que más preocupa es la poca actitud que había en un partido que parecía que enfrentaba a dos equipos de diferente categoría. Quedan diez finales.

VAVEL Logo