¡Europa es Real!

La Real Sociedad de Imanol Alguacil tuvo el honor de estrenar el recién renombrado Estadio Diego Armando Maradona de Nápoles en un histórico partido a cara de perro que dilucidaría el futuro en UEFA Europa League de los dos equipos en liza. El conjunto vasco necesitaba igualar el resultado del AZ Alkmaar en Croacia, mientras que al Nápoles le bastaba el empate para sellar su clasificación para dieciseisavos de final.

  • Una Real valiente y dominadora

La Real salió al campo con todo lo que tenía, colocando a Merino en la posición del lesionado David Silva y un doble pivote formado por Zubimendi y Guevara por detrás. En el extremo izquierdo, fue Portu quien ocupó el lugar de Mikel Oyarzabal, dejando el carril derecho para Adnan Januzaj. El choque arrancó bajo un intenso manto de agua y lo hizo con una Real dominadora y valiente, con mucha personalidad, dispuesta a adelantarse en el marcador de forma rápida. Ya en el primer minuto Mikel Merino disfrutó de una buena ocasión, pero su disparo fue blocado por el colombiano David Ospina. El dominio blanquiazul fue incontestable y las ocasiones siguieron llegando a cuentagotas, destacando un pase de la muerte de Willian José que Portu, a puerta vacía, mandó incomprensiblemente fuera en el minuto 18.

  • Perdonar demasiado acaba costando caro

La Real lo estaba haciendo todo bien, pero la máxima de “quien perdona lo paga” volvió a demostrarse cierta. El cuadro partenopeo, en una de sus primeras salidas a la contra, logró forzar un córner en el rebote del cual el polaco Piotr Zieliński enganchó una bonita volea que se coló en el fondo de la portería defendida por Álex Remiro. Corría el minuto 35 y los de Imanol Alguacil se veían por debajo en el electrónico, probablemente sin merecerlo. A raíz del tanto napolitano, el encuentro se igualó  y el tramo final del primer acto discurrió entre faltas y tarjetas amarillas, con un Nápoles más agresivo que parecía tener controlado el partido. La experiencia, máxime en Europa, es indiscutiblemente un grado.  

  • Segunda mitad: un calco de la primera

En el descanso, Alguacil realizó su primer cambio, dando entrada a Gorosabel por Zaldua, con la idea de aprovechar las incursiones del veloz lateral arrasatearra por la banda derecha. La segunda mitad empezó como la primera, con una Real ofensiva y buscando, convencida, el gol que le diera el pase a dieciseisavos, habida cuenta de que el AZ era incapaz de superar al Rijeka en Croacia. Ospina volvió a intervenir en el primer minuto para salvar a los suyos tras un cabezazo a la salida de un córner. Minutos después, las buenas noticias llegaron al banquillo donostiarra en forma de gol del Rijeka (recordemos que una victoria del cuadro croata clasificaba a la Real con independencia del resultado en Nápoles, y que un empate en tierras croatas hacía suficiente otro empate en Nápoles). Poco duró la alegría. En concreto, los 7 minutos que el AZ necesitó para nivelar su encuentro y volver a estar virtualmente clasificado. En esos momentos, Imanol volvió a mover el árbol, introduciendo a un Barrenetxea que cuajó unos buenos minutos por banda izquierda en sustitución de Portu.

  • El cansancio y la desesperación hicieron mella en las filas donostiarras

El cuadro italiano seguía replegado y ordenado atrás, aprovechando la velocidad de Lozano y la calidad de Mertens para salir a la contra en contadas, pero peligrosas, ocasiones, como una acción del mexicano que acabó con un disparo que lamió el poste del arco gipuzkoano, o una acción en la que Le Normand derribó a Mertens cuando se quedaba solo contra Remiro. Justa amarilla para el joven central bretón.

El carrusel de cambios siguió con una triple modificación en el Nápoles y otra triple en la Real, dando entrada a Isak, Sagnan y Ahien por Monreal, Guevara y el propio Le Normand. De esta forma, Imanol pasaba a jugar con dos puntas y extremos muy abiertos, buscando centros laterales y segundas jugadas donde cazar un preciado gol. Sin embargo, pese a las muchas caras nueva, el guion del partido siguió siendo el mismo. La Real acaparaba la posesión (hasta un 65%, dato que pocos equipos habrán logrado en el coliseo napolitano). No obstante, con el paso de los minutos, el cansancio y la angustia empezaron a aflorar en el bando visitante. El último cuarto de hora parecía transcurrir sin mayores incidencias y el Nápoles tenía el partido donde quería. El recién incorporado Petagna bajaba todos los balones lanzados desde su defensa y daba oxígeno al Nápoles. Apenas un tímido intento de Alexander Isak en el minuto 87 puede computarse en el haber ofensivo de los vascos en este tramo de partido.

  • Milagro final y clasificación justa

Con este contexto, y el empate aún campeando en el electrónico de Rijeka, se llegó al descuento del partido. 5 minutos fue lo que decretó el colegiado israelí Orel Greenfield. La Real necesitaba un gol, o, en su defecto, uno del Rijeka, y cada vez veía más lejos el sueño de clasificarse para dieciseisavos.

Lo bonito del fútbol es su imprevisibilidad. Pequeños detalles o acciones aisladas pueden trastocar todo lo acontecido en un partido. Y es que en apenas un lapso de 1 minuto, la situación dio un giro de 180 grados. Primero, fue Willian José quien recogió un envío desde la izquierda y fusiló a Ospina. Empate a 1 y éxtasis en el banquillo donostiarra. El ariete brasileño no atraviesa su mejor momento, pero un tanto como este tiene que ser un chute de moral para él de cara a futuros compromisos. Un minuto después, llegaban noticias de un gol en Croacia. Del Rijeka. De haber sido del AZ, de nada hubiera servido el tanto de Willian José.

Dicen que Croacia es un país precioso. Valdrá la pena, una vez acabe la pesadilla del Covid-19, rendir una visita a la ciudad de Rijeka. La profesionalidad mostrada por el conjunto entrenado por Simon Rožman es encomiable y digna de elogio. Como lo es el arrojo, la entrega y la determinación de los chicos de Imanol Alguacil, que, de manera justa, verán el nombre de su equipo en el bombo del sorteo de dieciseisavos de final. El Nápoles, por su parte, cumplió con su obligación de empatar y sellar su pase como primero de grupo. Final feliz en Italia. Que siga el cuento.

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