¿Más afición de Cruz Azul o América en la final?

¿Más afición de Cruz Azul o América en la final?

El Estadio Azteca albergó a dos de las aficiones más grandes del país. La final del Apertura 2018 tuvo otro duelo en las tribunas

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Johan Corona

Parecía que el color en el interior del estadio había mutado. Lo que parecía una extensión del cielo azul se tornó en plumaje. La neblina originada intencionalmente en el protocolo previo al juego de vuelta, volvió en formas fantasmales.

Aquella vez en el Estadio Azteca, en la final de vuelta entre Cruz Azul y América cuando cayó el primer gol fue difícil precisar si había más gente águila o azul en las tribunas. El lado sur alto era una sucursal de los días águilas de local. Del otro lado; silencio.

Tras el final del partido bajé del palco de prensa, di una mirada atrás y el estadio comenzaba a quedarse a la mitad de su capacidad. Lo primero que vi a bajar las escaleras fue a una pareja celeste. Iban tomados del hombro. él visiblemente más triste; ella al consuelo.

Personas llorando, otras animando. Algunos valientes cementeros todavía soltaban algunas porras y también había algunos azulcremas que abandonaban el estadio; como si el triunfo les bastara y no necesitaran ver la celebración.

Tiempo después de aquél día, aficionados de ambos equipos que estuvieron ahí me dieronsu percepción: quién había metido más gente en la final de vuelta. La conclusión: había más azul pero se escuchó más amarillo al final. 

Yo estaba sentado cerca a la mitad de la línea que divide el centro del campo. Estaba en la parte más alta, en uno de los palcos de prensa. Tenía a mi izquierda a la afición de Cruz Azul y a mí derecha a la de América. Hasta que se llenó el estadio me despejé de dudas. 

Era similar el ambiente al partido de torneo regular en afición, aunque ahora había más de América. Y no solo en la parte resguardada por policías que se quedó al final en las celebraciones. No, prácticamente todo el sur era águila. Abajo mucho más celeste. Y en la parte media probablemente un empate.

Entre ver, escuchar y sentir la energía hay un abismo de diferencia. Al principio parecía muy parejo el partido en las gradas. Comandados por La Sangre el "Yo soy celeste" se escuchó varias veces, teniendo su momento cumbre momentos antes del segundo tiempo y al inicio de la parte complementaria. Quizá fue la última vez que Cruz Azul fue local en esa velada. 

El resto es historia conocida. Error de Iván Marcone y José de Jesús Corona. Grito ensordecedor de mi lado derecho y más zonas de las que había contemplado originalmente. Silencio casi total del izquierdo. Las luces que iluminaron el estadio minutos atrás ahora no solo estaban apagadas, sino que había oscuridad. 

El sonido local hizo más evidente que a partir de ese momento ya no eran locales. Las palmas al estilo "We will rock you" de Queen, populares en el Estadio Azul para que la gente gritara "¡Eh!" entre espacios, fue adoptado por la parcialidad americanista. "¡Mar-che-sín, Mar-che-sín!". Cada que el sonido intentaba animar a los suyos, recibía la respuesta amarilla.

Las banderas de la parte baja del estadio se seguían moviendo. Ondeaban azules y blancas, y hasta en esa zona se asomaban manchas amarillas. 

Nuevo intento del sonido local por incitar al "¡A-zul, A-zul!" y recibió "¡Águilas, águilas". El resto fue un recital del famoso "Vamos América" liderado por La Monumental. 

Siempre he pensado que a Cruz Azul, más a la afición, y específicamente a la joven, le urgen (casi igual que la novena estrella), hazañas. Cuando los celestes van abajo en el marcador, parece un encuentro perdido. Últimamente se ha reducido un poco esa costumbre, pero era la constante. Contrario a otros equipos. ¿Por qué? Porque mientras varios clubes han logrado odiseas en los minutos finales, los celestes han vivido las más grandes tragedias. Y eso le toca cambiarlo en la cancha. Así la gente creerá. 

Sigo sin saber calificar qué sucedió con la afición azul tras el gol de Edson Álvarez. Diría que fue comprensible su silencio prácticamente total, sin profundizar las razones ya muy conocidas: Cruz Azul poco hizo para ganar la final. Muy, muy poco. Y América hizo lo suficiente. Con eso bastó.

A veces también pienso que debieron sacar fuerzas y seguir alentando. Desde mi altura vi como algunas personas intentaban animar a los otros. Buscaban la complicidad cementera. Si por aquellas personas fuera posible, capaz que entran a la cancha a patear el balón. Pero no, la mayoría de la afición quedó marcada y es muy razonable. Y claro, después de casi un torneo perfecto la peor noche la tuvo su equipo en el peor momento posible. Igualmente, ¿quién soy yo para decirle qué hacer a alguien? 

Cayó el segundo gol y no había nada qué hacer ahí. Total reconocimiento de mi parte a quienes aguantaron por parte de Cruz Azul hasta el final. Se necesitó seguramente muchísima valentía y coraje. 

Del lado contrario todo era felicidad. Se sentían en su casa y la habían adoptado así aunque fueran visitantes administrativamente. Le salieron plumas a las gradas del Estadio Azteca, plumas que cobijaron a su afición en una victoria una vez más. 

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