Flashback All-Star: Magic Johnson, un mago entre estrellas

El fin de semana del All-Star es un fin de semana de sueños, de espectáculo y donde, sobre todo, se celebra la grandeza de los jugadores que participan en él. Cada año pasa algo que lo hace especial. Ya sea el último All-Star de una leyenda, un gran concurso de mates o duelos históricos, siempre hay algo que marca un All-Star. Pero de entre todos y cada uno de ellos, no ha habido un fin de semana de las estrellas más grande que el de 1992.

Pero la historia de su importancia no puede explicarse solamente con lo que pasó hace poco más de 25 años, el nueve de febrero de 1992, en Orlando. Para entender lo que pasó aquella noche y por qué significó tanto, hay que remontarse unos meses.

Todo empezó con una llamada

Los equipos se preparaban para empezar la nueva campaña, disputando sus respectivas pretemporadas. Tras un partido de exhibición en París, los Lakers volvieron a Los Angeles, donde iban a pasar unas horas antes de volar de nuevo, para jugar ante los Jazz en Utah. Un Magic Johnson muy cansado pidió que le excusasen del partido, con la esperanza de estar preparado para el primer partido de liga. Sin embargo, la presencia de aficionados de otras ciudades y su compromiso con ellos acabaron por obligarle a coger el avión, dirección Utah.

Una vez en Utah, el teléfono de Magic sonó. El doctor Mellman quería hablar con el jugador. Tras una pequeña conversación con él, el responsable de los servicios médicos de los Lakers le pidió a Magic que volviese, inmediatamente, a casa. Pocas horas después de aterrizar en Utah, la estrella volvía a casa. Ni él ni sus compañeros, quienes pensaban que Magic solo quería descansar, tenían la menor idea de lo que pasaba.

Mientras los Lakers jugaban su encuentro contra los Jazz de Stockton y Malone, Earvin aterrizaba en Los Angeles e iba, directamente, a la consulta del Dr. Mellman. Él no podía parar de darle vueltas al asunto, mientras se acercaba cada vez más al veredicto. Magic había realizado unas pruebas para un seguro de vida y Mellman, médico personal del jugador a parte de sus funciones dentro del equipo, tenía los trágicos resultados.

Fue una corta y pequeña conversación. Los resultados eran terribles. Magic tenía VIH. No podía mantener la calma. Su vida había cambiado. El baloncesto había cambiado.

El fin de una era

Magic tenía la esperanza de oír buenas noticias. Nada más lejos de la realidad. Lo único positivo que escuchó fue que si no le hubieran hecho el análisis, ni siquiera se habría enterado. Pese a eso, todo lo que Earvin oyó fue una sentencia de muerte.

Estaba acostumbrado a superar retos noche tras noche. A jugar contra los mejores. A tener que dar lo mejor de sí para que su equipo ganase. Pero nada había sido tan difícil como lo que le esperaba ahora. Las batallas en la cancha parecían juegos de niños en comparación con aquello contra lo que tenía que luchar ahora.

Temía por su vida, por la de su mujer y por la del bebé que esperaban. Estaba muerto de miedo. En un intento de llevarlo en secreto, Magic se perdía los partidos de los Lakers por una supuesta gripe, mientras esperaba los resultados de un segundo análisis que confirmase, o desmintiese, su diagnóstico.

Su pesadilla se confirmó. El análisis daba positivo en VIH. No podían decirle cuánto tiempo podría vivir con la enfermedad, pero los doctores no esperaban que fuese mucho tiempo. Por supuesto, no podía seguir jugando en la NBA. Solo le quedaba medicarse y rezar.

El Magic más humano

Tras la confirmación de su enfermedad, Magic debía hacerlo público. Ya no solo por él, sino por todas aquellas personas que sufrían su mismo calvario.

“Tengo que salvar todas las vidas que pueda”, dijo a su mujer. “La gente no es consciente de que esta enfermedad afecta a los heterosexuales. Se piensan que solo la tienen los gays y no la tienen en cuenta. La gente tiene que saber que cualquiera puede coger esta enfermedad. Eso es lo que tengo que hacer.”

En una época en la que el Sida y el VIH empezaban a crecer, el temor y el desconocimiento inundaban la sociedad. Parecía que era una enfermedad propia de ciertos grupos de los que la gente no se preocupaba. Magic, como deportista y estrella mundial, debía hacer algo.

Fue así como se convocó una rueda de prensa para el ocho de noviembre de 1991. Antes de ello, Magic solo había informado a su familia y sus amigos más cercanos. Larry Bird y Michael Jordan, sus dos mayores rivales, fueron de los primeros en saberlo. Al igual que Pat Riley, su entrenador y una de las personas más importantes en su carrera.

Antes de tiempo, algunos periodistas ya empezaban a conocer la noticia y los Lakers y Magic tuvieron que reaccionar, adelantando un día la rueda de prensa. Solo tuvo unos minutos para hablar con sus compañeros y contárselo personalmente, antes de dejar que todo el mundo lo supiese.

Llegaba la hora de anunciarlo públicamente. La tensión se palpaba en el ambiente. Solo entonces, Magic apareció. Con una tranquilidad digna de admirar y unos nervios de acero, Earvin contó su situación. Debido al virus del VIH debía dejar los Lakers y el baloncesto inmediatamente.

Ya no podía deslumbrar al mundo con su calidad y sus pases de ensueño. Pero podía iluminarlo. Magic quería utilizar su posición para concienciar a la gente acerca del VIH y hablar de la importancia de mantener relaciones sexuales de forma segura.

Jerry Buss, dueño de los Lakers, Cookie, mujer de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar, compañero y estrella de la NBA, y ..... acompaña a Magic Johnson en la rueda de prensa.
Jerry Buss (dueño de los Lakers), Cookie (esposa de Magic), Kareem Abdul Jabbar (compañero y estrella de la NBA) y Lon Rosen (representante), acompañan a Magic Johnson en la rueda de prensa.
 | Fotografía: AP Photo / Nick Ut

Apartado

Su comunicado había conmocionado al mundo, lo había puesto de patas arriba. Todos conocían su situación. La gente tenía miedo de tocarle, de interactuar con él como siempre lo habían hecho. Earvin ya no era Magic.

Más allá de sus fans, familia y seres queridos, sus compañeros de trabajo y rivales eran los más afectados. En primer lugar, todos sentían lástima por él. Luego, le evitaban. Todo el mundo tenía algo mejor que hacer antes que quedar a entrenar o pasar tiempo con él.

Magic se sentía repudiado por sus propios compañeros. Uno de los pocos que dio la cara por él fue Pat Riley. Su antiguo entrenador en los Lakers dirigía ahora a los New York Knicks pero no dudó ni un segundo en invitar a Magic a entrenar con él. Solos. Como en los viejos tiempos.

Antes de retirarse, Magic había sido incluido en las listas de jugadores elegibles para el All-Star, al igual que el resto de integrantes de la liga. Pese a estar ya retirado, su carisma e importancia hicieron que la gente votase por él, haciendo muy probable que saliese elegido, incluso como titular. Fue entonces, cuando algunos jugadores empezaron a hablar.

Fruto del miedo y el desconocimiento, algunos no querían jugar con él. Pero la liga no se rindió. Tras hablar con los mayores expertos en Sida del mundo y comprobar que no había ningún peligro, David Stern, comisionado de la NBA, decidió que Magic iba a poder jugar. Y así fue

Las estrellas más brillantes

Tras llorar cuando anunció su enfermedad, ahora muchos no querían jugar con él. Pero tendrían que hacerlo. Magic había sido elegido para salir de titular en el All-Star Game de 1992. Los aficionados le daban la oportunidad de volver a competir y de demostrar al mundo que su enfermedad no le hacía menos persona.

Había dudas, está claro, sobre su rendimiento. Sobre si podría competir realmente. La gente pensaba que sería una sombra de lo que era. Sin embargo, Magic era el único que sabía de lo que era capaz y estaba dispuesto a demostrarles que se equivocaban.

Los aficionados gritaban su nombre, estaban con él. Y es que ellos habían conseguido que Magic pudiese jugar ese partido. Pero hubo algo mucho más importante que eso: los abrazos de sus compañeros. Acostumbrado a que la gente evitase tocarle, unos simples abrazos le demostraron que algunos aún querían estar a su lado.

El partido comenzó y Earvin fue de nuevo Magic. Parecía que nunca hubiese dejado de jugar, que nunca hubiese dejado las pistas. Estaba en forma y todos querían ponerle a prueba, jugar con él. Isiah Thomas, Michael Jordan… Todos querían atacarle y comprobar si, de verdad, había vuelto.

Un hombre de su talla y con un virus tan peligroso como el que él tenía podía seguir rindiendo a un gran nivel. Parecía que nada había cambiado. Magic fue el MVP del partido tras una verdadera exhibición de juego y, sobre todo, de coraje. 25 puntos, cinco rebotes y nueve asistencias demostraban que seguía siendo el mismo y, sobre todo, que no temía a nada.

“Magic eres el MVP. Eres la persona más valiente. El momento es tuyo. Felicidades,” le felicitaba David Stern, sabedor de la importancia del momento.

Magic había conseguido que, al menos durante 48 minutos, todo el mundo olvidase su enfermedad. Que la gente dejase de pensar que su sudor era peligroso. Que dejasen de tratarle diferente.

Ese partido fue el punto de inflexión. El momento a partir del cual todo empezó a ir a mejor. El cariño de la gente al votarle, la valentía de David Stern a la hora de permitirle jugar pese a tener decenas de detractores y la naturalidad con la que sus compañeros le trataron habían devuelto la sonrisa a Magic Johnson.

Michael Jordan (23), atacando a Magic Johnson (32) durante el All-Star de 1992. | Fotografía: NBA
Michael Jordan (23), atacando a Magic Johnson (32) durante el All-Star de 1992. | Fotografía: NBA

Un nuevo comienzo

Tras aquella gran hazaña, Magic disputó los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, donde capitaneó al combinado nacional hasta el oro. Se sentía bien y tenía claro lo que quería hacer. Earvin iba a volver a la NBA.

Menos de un año después de anunciar que tenía el VIH, Magic anunciaba su vuelta a los Lakers, después de que sus médicos le diesen el visto bueno. Jugar no era perjudicial para él y no había nada que desease más que volver a las pistas.

La NBA se vio obligada, en ese momento, a redactar un protocolo para evitar cualquier tipo de riesgo. Pese a eso, algunos jugadores seguían sin estar seguros a la hora de verse las caras contra Magic Johnson. Fue Karl Malone, con quién Magic había compartido vestuario en Barcelona, el que más duramente criticó la decisión de la liga. Pero Malone no era el único. Aunque no lo mostrasen públicamente, los propios compañeros de Magic también tenían miedo. El desconocimiento de la época les hacía tener miedo.

Fue entonces cuando, en un partido de pretemporada, Magic se cortó y empezó a sangrar. Todos le miraban. Jugadores, público, entrenadores… No podía seguir así. La enfermedad no le impedía jugar, pero era una distracción demasiado grande. Para él y para todos. Así, antes siquiera de empezar la temporada, Magic volvió a retirarse. Esta vez, para siempre.

Un mago dentro y fuera de las canchas

Magic dedicó su vida, desde entonces, a ser el representante de su enfermedad alrededor del mundo. Tras haber demostrado que la enfermedad en sí no le impedía llevar una vida normal, todos querían oírle. La gente quería aprender de su experiencia, escuchar lo que tenía que decirles.

Siempre demostró Magic estar por encima de su situación y de su enfermedad. Ya fuese informando a la gente, luchando por aquellos que compartían el virus con él o demostrando que él seguía siendo el mismo, Earvin Magic Johnson hizo siempre todo lo que pudo, y lo sigue haciendo.

Aquel All-Star del 1992 dio verdadero sentido al “partido de la estrellas”. Todos y cada uno de los votos que Magic consiguió, 658.211 para ser exactos, todos y cada uno de los abrazos de sus compañeros y todas las veces que botó el balón. Todo eso convierten al All-Star Game de 1992 en uno de los más importantes de la historia. El último gran partido de Magic en la NBA. La última vez que su magia inundó los parqués de la mejor liga del mundo.

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