Brexit a la Superliga
Los aficionados del Chelsea protestando por la adhesión del club a la Superliga / FOTO: Reuters

El estruendo de la Superliga se ha diluido con la misma facilidad con la que provocó el estallido del panorama futbolístico europeo. El comunicado conjunto lanzado la medianoche del domingo por los doce equipos fundadores de la competición, acarreó una oleada de protestas de los aficionados que se ha saldado con la salida del Big Six. En apenas dos días, el torneo que pretendía cambiar el devenir del fútbol ha pasado a apostillarse como una quimera. A ella continúan aferrándose españoles e italianos, aunque los rumores sitúen a Inter y Milan en la rampa de salida. 

Cronología de una muerte anunciada

El fútbol se unió contra una oligarquía restrictiva y condicionante que pretendía mover las entrañas del deporte rey para transformarlo en un espectáculo maquillado con una purpurina tan mediática como millonaria con la que poder arropar sus arcas. Las elevadas pretensiones de los doce clubes pioneros prometían salvar un fútbol "tocado de muerte" por la crisis económica motivada durante la pandemia. Sin embargo, el rimbombante escenario en el que soñaban enfrentarse ha sido desmantelado escasas 48 horas después de ser montado. El unánime levantamiento de los aficionados ha originado una tormenta de presión que el Big Six ha sido incapaz de soportar. A pesar de los rumores que giran en torno a los favores de la UEFA, las amenazas de la misma, del gobierno del Reino Unido, FIFA y Premier League junto al papel de varios futbolistas, han sido decisivos para tumbar la reforma del fútbol moderno.

El movimiento de liberación arrancó horas después del anuncio de la Superliga. Las informaciones y las reacciones se desencadenaban aceleradamente para condenar, detener o aprobar la iniciativa. El barco parecía emprender firme su camino hasta que los hinchas del Chelsea salieron a los aledaños del Bridge a recuperar lo que era suyo. Así, se generaría el efecto dominó que terminó por desligar a Manchester City, Manchester United, Liverpool, Chelsea, Arsenal y Tottenham.

El primero fue el Manchester City, que anunció que emprendía los procedimientos para retirarse "del grupo que desarrolla planes para una Superliga europea". Las informaciones desde Inglaterra situaban al resto de clubes británicos en el disparadero, lo que propició la reunión de urgencia de los fundadores. En torno a la media noche del martes, los cinco equipos ingleses restantes anunciaban su inmediata salida del proyecto en una cascada de comunicados. A pesar de la desbandada, españoles e italianos anunciaron a través de un documento conjunto su intención de seguir en una Superliga fragmentada y derrotada.

La documentación, firmada con anterioridad, vinculante y sujeta a numerosas penalizaciones y castigos económicos no ha sido obstáculo para la renuncia de los seis equipos ingleses. De hecho, Arsenal y Liverpool ya han pedido disculpas públicamente a los aficionados.

El movimiento de los fans también provocó la dimisión de Ed Woodward como vicepresidente del Manchester United. Tras ocho años en la entidad, y a pesar de que su salida estuviese planificada, la fecha de su anuncio corresponde a la fiereza de la tormenta. El director ejecutivo de los Reds Devils dejará su cargo a finales de año. 

Reacciones

El alegato conjunto del resto de clubes, organismos, gobiernos, futbolistas y aficionados suscitó un movimiento improvisado que detonó en tiempo récord la Superliga. A través de sus redes sociales, la plantilla del Liverpool (en un comunicado conjunto liderado por su capitán Jordan Henderson), Kevin De Bruyne, Aymeric Laporte, Raheem Sterling, Hector Bellerín, Marcus Rashford, Luke Shaw y Bruno Fernandes mostraron su rechazo al proyecto. Además, las denuncias de Leeds y Brighton en sus respectivos enfrentamientos ante Liverpool y Chelsea --que casualmente empataron--, estiraron la tensión. 

La Superliga ha quedado vista para sentencia. La incesta ambición del proyecto ha manifestado que, sin el apoyo del corazón que moviliza este deporte, jamás podría salir adelante. Su derrota es el triunfo del aficionado inglés que clamó contra lo que le pretendían arrebatar: el fútbol dominguero británico, que lo moviliza por Stoke, Sheffield o Newcastle. La cuna del fútbol protegió su bien más preciado, aunque en sus manos está que este acontecimiento sirva o no como punto de inflexión. La introducción de la carta de la reforma en la baraja podría paralizar futuras insurrecciones y suscitar correcciones. Sin embargo, si el favor económico de la UEFA es el único argumento que ha acallado a los sublevados, el proceso volverá a desencadenarse cuando sus  bocas busquen más alimento, momento en el que quizá el pueblo no pueda aguantar el pulso al dinero.

 

Las protestas de los aficionados ingleses / FOTO: Evening Standard
Las protestas de los aficionados del Chelsea / FOTO: Evening Standard

 

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