Yo jugué en el Dépor: Chacho
La gran calidad de su juego levantaba pasiones. Foto: aupadeportivo.com

Yo jugué en el Dépor: Chacho

Leyenda del deportivismo, su calidad lo conviertió en uno de los mejores jugadores de toda la historia blanquiazul, que maravilló a generaciones enteras con sus regates, goles desde el medio del campo y pases milimétricos a larga distancia.

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Iago Fandiño Bonome

Los más veteranos aficionados blanquiazules lo consideran como uno de los mejores jugadores que pasaron por el club, solamente por detrás de Luis Suárez.

Eduardo Gómez Valiño, más conocido como Chacho, nació en A Coruña el 14 de abril de 1911. Fue un jugador muy precoz, ya que tras un paso por el modesto Varela Silvari, actualmente vinculado al Oza Juvenil, debutó en las filas del Deportivo a los 18 años de edad, en la temporada 1929-30. Aunque durante estos años el equipo militaba en la Segunda División, el público que acudía al viejo Riazor disfrutaba de los primeros detalles de la exquisita calidad técnica y gran olfato goleador, pese a ser interior izquierdo, que caracterizaban el juego de Chacho. 

Entre sus cualidades destacaban su maestría en el dominio del balón, la potencia de sus disparos, sobre todo sus zarpazos de volea o, incluso, la frialdad y milimetría de sus pases. Gracias a este combinado consiguió debutar con la Selección.

Récord de goles en un solo partido

Chacho es el único jugador español que pudo presumir de marcar seis goles en un mismo partido. La fecha fue el 21 de mayo de 1933. El escenario, el estadio de Chamartín, y la víctima, la selección de Bulgaria,que fue derrotada por un abultado 13-0 final. El joven jugador blanquiazul debutaba con el combinado nacional en un partido que lo consagró como futbolista. En los primeros veinte minutos, Chacho ya había marcado tres goles, y aún le quedaban otros tres.

Ostenta el récord de único jugador en marcar seis goles en un partido oficial de la Selección española.

El jugador recordó que en ese partido tiró a portería "53 veces", algo que en el fútbol actual no lo consiguen ni jugadores como Messi. La prensa de la época tiñó con letras doradas el nombres del jugador coruñés, que volvió a vestirse la elástica roja en el Mundial de 1934, en el que se enfrentó a Brasil.

Esa actuación llamó la atención de la gran parte de equipos de fútbol del país, que se interesaban cada vez más por adquirir sus servicios. Pero fue, el por aquel entonces conocido como, Athletic de Madrid.

Breve paso por la capital

El motivo por el que Chacho eligió al Atlético de Madrid fue debido a que prometió que no iba a vestir la camiseta de otro equipo gallego que no fuese el Deportivo

En el club madrileño jugó durante dos años, ya que estalló la Guerra Civil. Durante la contienda, Chacho volvió a su Coruña natal, volviendo al cuadro herculino tras rechazar una oferta del Atlético, que le ofreció incluso los galones de sargento de las fuerzas aéreas si aceptaba volver.

De esta etapa se recuerda el fatíico penalti que Chacho erró, provocando la caída al infierno de la Segunda División del club del Manzanares. Fue la única pena máxima que falló en su vida deportiva.

El menisco rebelde

En su vuelta al club de sus amores, Chacho fue uno de los artífices del inolvidable ascenso a la máxima categoría al final de la temporada 1940-41. En aquel equipo destacaban figuras como Acuña, Reboredo, Hilario o Guimerans.

Fue la primera época dorada del Depor. que volvió a vivir otra tan solo una década después, cuando la famosa "Orquesta Canaro" rompía las redes de los campos españoles con sus incontables goles.

Esta generación jugadores demostraba la nobleza de la cantera blanquiazul, muy seguida por los principales clubes y que vio nacer a jugadores con una casta indiscutible. Varios ejemplos son, los ya mencionados Chacho y Acuña, considerado el segundo mejor portero español tras el gran Zamora, Luis Suárez, único jugador español ganador de un balón de oro, Amancio Amaro, Otero, Arsenio, Buyo o el eterno capitán del Súper Depor, Fran.

La gran calidad de Chacho hacía correr ríos de tinta en la prensa deportiva, que llegó a decir de él que "desde el punto de vista técnico fue superior a Pelé y Di Stéfano". La principal causa fue sus cambios de juego desde cuarenta metros, o su facilidad para marcar goles nada más sacar de centro, algo que todavía hoy sorprende cuando algún escaso jugador lo realiza.

La prensa afirmaba que su calidad ténica era superior a la de Pelé o Di Stéfano.

La única cruz de su carrera deportiva fue una lesión crónica de menisco, que restaba eficacia a su genialidad con los pies. Dicen los veteranos que esta dolencia se produjo jugando en la calle con unos niños. Cuando le molestaba en un partido, Chacho se paraba y volvía a colocarlo en su sitio con la mano, para continuar con el juego. Esta lesión fue la culpable de que Chacho no disputase más partidos como internacional.

Se retiró en la temporada 1945-46, a la edad de treinta y cuatro años, una edad sorprendente para la época.

Entrenador blanquiazul

Chacho no se separó de la entidad blanquiazul en la que había crecido, tanto personal como profesionalmente. Cinco años después de su retirada de los campos de fútbol comenzó a dirigir tácticamente al equipo. Pero su calidad como futbolista era muchísimo mayor que su labor como entrenador, en la que no tuvo mucha fortuna.

Tras el Fabril y el Depor, el Chacho entrenador dirigió a equipos modestos de Bergantiños, Sporting Coruñés y Español de Coruña.

Estatua en Riazor

En 1978, durante el Torneo Teresa Herrera, le fue entregada la medalla al mérito deportivo. Solamente un año después, Chacho fallecía a la edad de 68 años.

Sus hazañas se convirtieron en leyendas imperecederas y merecedoras de estatua, inaugurada en 1988 a tan solo unos pasos del terreno de juego que tantas tardes de gloria gozó la gradería con sus regates y goles. Junto con Acuña, Otero y Arsenio son los únicos jugadores con una efigie en las inmediaciones del tempo blanquiazul. Aunque Arsenio la logró por sus méritos como creador y cabeza pensante del Superdepor.

Chacho, jugador de leyenda del fútbol gallego, marcó una época dentro del equipo. Considerado por muchos como uno de los mejores jugadores que pasaron por el Deportivo, su regates en corto, la suma elegancia de su juego y la milimetría de sus pases en largo crearon escuela y estilo único, del que el jugador se enorgullecía al afirmar  con retranca que "el que tiene que correr es el balón, que se cansa mucho menos que yo".

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