En un lugar de Moaña...
Iago celebra un gol anotado al Sevilla esta temporada en Balaídos | Fuente: LaLiga

Todo comenzó en el año 1996. Un menudo chico de Moaña recorría junto a su tío los 15 kilómetros desde su casa a Vigo. En la ciudad olívica se estaban realizando las pruebas para ingresar en las categorías inferiores del RC Celta. A su llegada, Iago contempló con tristeza que las pruebas eran para niños nacidos en 1986, y él lo había hecho un año más tarde. Pero su tío lo convenció para que engañara a los técnicos. Iago Aspas Juncal realizó las pruebas y el RC Celta no dudó en llamarlo para que formara parte de la cantera. ¿Qué hubiese sido del celtismo sin esta mentira piadosa de nuestra estrella?

¡Qué bueno que viniste!

Iago de pequeño vistiendo la camiseta del Celta
Iago de pequeño vistiendo la camiseta del Celta | Foto: Twitter oficial de Iago Aspas

Un mediapunta zurdo que hacía rabonas en la playa de A Xunqueira. Así era el nuevo fichaje de las categorías inferiores del Celta. El Genio de Moaña ya hacía gala de su mal genio desde pequeñito: quiso irse cuando jugaba en cadetes porque no lo habían seleccionado para el campeonato de España.

Iago siempre ha sido un jugador ambicioso y lo sigue siendo. Se deja la piel en el campo en cada partido y se desquicia cuando no consigue lo que quiere. Corre, pelea, lucha por un mismo escudo: el del Real Club Celta.

Pero su mal genio no solo lo condujo a ser ambicioso y peleón. La intensidad con la que Iago vive los partidos trae locos a sus entrenadores. Al moañés no le importa salir expulsado si se trata de defender sus colores. Iago es para el celtismo lo que Lionel Messi para el fútbol, un Dios.

Fue en la temporada 2006-07 cuando tuvo la oportunidad de debutar con el filial. Lo hizo en el Anxo Carro, ante el Lugo, como titular y jugando los 90 minutos. A finales de la siguiente temporada debutó oficialmente con el Celta ante la ahora desaparecida Unión Deportiva Salamanca en el Helmántico. Pero sin duda, estos no son ni mucho menos los partidos por los que Iago ha dejado huella en el celtismo.

Iago en su debut con el Celta ante la UD Salamanca | Foto: La Voz de Galicia
Iago en su debut con el Celta ante la UD Salamanca | Foto: La Voz de Galicia

Temporada 2008-09. Antepenúltima jornada de la Segunda División. El Real Club Celta se enfrenta al Deportivo Alavés en Balaídos. Una victoria para los gallegos significa la salvación. Una derrota los llevaría al tan temido descenso. Eusebio Sacristán quiso que la estrella de la cantera jugara en la segunda mitad de este encuentro. Bendita decisión, querido Eusebio.

Qué les voy a contar a los celtistas que no sepan ya. A los que vivieron el partido y a los que tantas veces se lo han contado. Iago Aspas marcó a diez minutos del final un gol decisivo para el equipo. Lo celebró corriendo como un loco, sacándose la camiseta, aunque esto le costara una amarilla, cogiendo un micrófono de ambiente y mirando a la grada.

Entonces llegó el gol del Alavés. Balaídos enmudeció ante la incerteza que esto suponía para el equipo. Pero Iago no estaba dispuesto a rendirse. En los minutos de descuento, el canterano anotaba el gol de la salvación. A partir de este momento Iago no volvería a las categorías inferiores. El primer equipo sería su casa para siempre. Los celtistas sólo pueden decir: Iago, ¡qué bueno que viniste!

De expulsión en expulsión…y tiro porque me toca

Iago Aspas es un delantero con garra. Un jugador que siente los colores. Dentro del campo corre y pelea por su equipo, consagrándose casi todos los partidos como el mejor jugador de entre los celestes. Pero su carácter no pasa inadvertido para los contrincantes.

Si hay un jugador en el Celta que es la diana del rival, este es Iago Aspas. Su mágico juego a veces se ve empañado con su carácter. Una fuerte personalidad fuera y dentro del campo que lo ha llevado de expulsión en expulsión, sobre todo en sus comienzos como jugador profesional.

Todos recuerdan la fase del playoff de ascenso jugada contra el Granada. Iago golpeó en la cara a Roberto, portero nazarí y exjugador celeste, provocando una dura imagen que el Granada utilizaría para calentar los ánimos en el partido de vuelta. En este encuentro en Los Cármenes, Aspas mandaría callar a la grada cuando anotó su gol en la tanda de penaltis. Esto le costaría la expulsión al de Moaña.

Ninguna afición defiende o debería defender el juego sucio, la polémica, la violencia en el terreno de juego. Pero a todo aficionado le gusta ver cómo sus jugadores se dejan la piel en el campo por su equipo. Iago Aspas conquistó a la grada de Balaídos poco a poco. La incerteza que puede generar un canterano algo polémico entre los aficionados se fue disipando poco a poco con la calidad que emanaba de los pies del gallego.

Pero si hay un sitio en el que Iago es sin duda reconocido por la polémica es en la tierra del eterno rival: A Coruña. En la temporada 2012-13, ambos equipos gallegos se jugaban la permanencia en la división de oro del fútbol español. A la media hora de iniciarse el encuentro, Iago cayó ante las provocaciones de un veterano como Marchena y le propinó un cabezazo al deportivista. Esto sumó otra expulsión a la cuenta de Iago y dejó al equipo con un jugador menos durante 60 minutos.

Imagen del cabezazo de Iago Aspas a Marchena | Foto: Marca
Imagen del cabezazo de Iago Aspas a Marchena | Foto: Marca

Los encontronazos del moañés mosquearon no solo a sus entrenadores, sino también al vestuario y a la grada. Iago es celtista de corazón y sufrió sus partidos de sanción viendo como el equipo se condenaba a la Segunda División. Entonces volvió y firmó un final de temporada extraordinario. Goles decisivos y un último encuentro ante el Espanyol en Balaídos en el que su pase de gol a Natxo Insa daba la salvación al Celta.

Los celestes consiguieron la permanencia y la afición saltó al campo entusiasmada. Mientras, el menudo chico de Moaña que tanto sufría por esa camiseta se iba llorando hacia el vestuario. Era el último encuentro del canterano como celeste. Era la despedida del celtismo a su ídolo.

El adiós más doloroso

Cuando se marcha la estrella del equipo, el canterano que lleva toda la vida dejándose la piel en el campo por esa camiseta, el jugador que ha dado tantas alegrías a la grada…es quizás uno de los momentos más tristes en el fútbol.

Iago lloró en su despedida en rueda de prensa y los aficionados lo arroparon en en el césped de Balaídos. Fue un duro palo para todos los celtistas despedirnos del hijo pródigo. ¿Qué sería del Celta sin él?

El moañés firmó por el Liverpool y aprovechó su oportunidad de jugar en la Premier League. Empezó con buen pie, pero un gran Luis Suárez lo mandó a los banquillos y Iago volvió a España. Jugó su segunda temporada lejos de casa, lejos de Vigo, en el Sevilla FC. Máximo goleador de la Copa del Rey y campeón de la UEFA Europa League con los andaluces.

Aspas seguía creciendo como jugador y aspirando cada vez más alto en su carrera. Pero los encontronazos con Unai Emery le hicieron abandonar el vestuario sevillista y tras dos años Iago volvió a casa.

Bienvenido a casa

En la temporada 2015-16 Iago volvió a vestir de celeste. El entusiasmo se extendía por todas las calles de Vigo. Por fin el pequeño muchacho rebelde volvía al equipo de su corazón. Con él, la temporada del Celta sería mucho más prometedora.

En esta temporada y bajo el mando de Eduardo Berizzo, el Celta consiguió clasificarse como quinto para jugar en Europa la próxima campaña. El regreso de Iago no se pudo celebrar de mejor manera.

Y es que el de Moaña volvió siendo el mismo de siempre, pero muy cambiado. Iago es un jugador versátil al que le gusta el ataque con algo de picardía. Su carácter no ha cambiado, pero sí se ha moderado. Pierde los nervios en el terreno de juego cuando algo no le sale bien y aunque no es el primer capitán dirige el rumbo del equipo en cada partido.

Los dos años fuera del Celta sirvieron a Iago para madurar dentro y fuera del campo. Todavía protagoniza algún comentario inapropiado contra los árbitros o mismo contra sus oponentes, pero ha crecido como jugador y eso se ha notado en las gradas de Balaídos.

Se ha esfumado mucho de ese niño travieso al que no le importa ser expulsado y que su equipo se quede con uno menos. Iago ha aprendido a moderarse, a demostrar lo que vale con el balón en los pies y no desde la grada. El de Moaña se asocia con sus compañeros, busca huecos donde nadie los ve para poder anotar el gol de la victoria. Es rápido y atrevido, y en más de una ocasión ha sorprendido a los celtistas y a la prensa con sus vaselinas.

Próximo destino: Rusia 2018

El talento del gallego no ha pasado desapercibido tampoco para Julen Lopetegui. El actual entrenador de la Selección Española ha convocado a Iago en varias ocasiones para jugar como internacional. Los números del delantero no decepcionan a nadie: ocho partidos con España en los que suma ya cuatro goles.

El pequeño Genio de Moaña que comenzó por conquistar Vigo lo hizo después en Liverpool, Sevilla y ahora en toda España. La prensa clama la presencia de Iago en el Mundial de Rusia 2018 y todo apunta a que el hijo pródigo del celtismo estará con la absoluta este verano.

El de Moaña modera su carácter pero mantiene su ambición. No hace falta nada más que echar un vistazo a sus números esta temporada: 21 goles en 35 partidos disputados entre Liga y Copa del Rey. Dos hat-tricks ha anotado esta campaña ante la UD Las Palmas y el Sevilla CF. Sin duda, Iago es un delantero de otro planeta.

Iago se lleva el balón tras anotar un hat-trick ante el Sevilla esta temporada | Foto: Salvador Sas (EFE)
Iago se lleva el balón tras anotar un hat-trick ante el Sevilla esta temporada | Foto: Salvador Sas (EFE)

Afouteza e corazón

Todo equipo tiene a su estrella y la del Celta ha sido desde hace muchos años y sigue siendo Iago Aspas. Un jugador que destaca por su atrevimiento, por su picardía y sobre todo por su calidad. Nadie mejor que él representa el lema de ‘afouteza, corazón, orgullo e tradición’ que acompaña al Celta en cada partido.

La retirada de Iago será uno de los momentos más tristes en la historia del club. Mientras tanto, los celtistas sefuirán disfrutando de su garra y su osadía en los terrenos de juego. De sus goles, sus celebraciones y sus lágrimas en las derrotas.

Ante un jugador que es leyenda viva del Celta y que ha batido numerosos récords en el club solo se le puede dedicar un eterno gracias.

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