Análisis Post Real Madrid vs Manchester City: esto es el Real Madrid, la capital de la Champions
Celebración remontada Real Madrid I Imagen: Getty Images

Real Madrid y Manchester City volvían a verse las caras para dejar sentenciada la eliminatoria que otorgaría una plaza en la gran final de París. El conjunto madridista trataría de volver a hacer historia en su competición fetiche; mientras que el club inglés intentaría aprovechar el resultado ventajoso de la ida para vencer al rey de Europa.

Cómo se planteó el choque desde los banquillos

Comenzando por el conjunto local, Carlo Ancelotti alineó a su once de gala, con la excepción de Alaba que no pudo estar por lesión. Thibaut Courtois partió bajo palos; Mendy fue el lateral izquierdo, Militao formó pareja de centrales con Nacho, y Carvajal volvió a la titularidad en el lateral derecho; en la medular, Kroos, Modric y Valverde estuvieron escoltados por Casemiro que partió como pivote; y en ataque, la pareja de moda en el madridismo, Vinícius y Benzema, formaron la dupla ofensiva.

La apuesta por el 1-4-4-2, en favor de Valverde y en detrimento de Rodrygo, resultó acertada por parte de Carlo Ancelotti. El centro del campo tan poblado que propuso el técnico italiano le sirvió para contrarrestar el juego combinativo que caracteriza al City de Guardiola, obligándoles a golpear en largo. Además, la presencia de Valverde en el carril derecho también sirvió para proteger a Carvajal de las subidas por banda de Joao Cancelo. El lateral portugués, que se perdió la ida por sanción, era una de las principales armas ofensivas de los citizen, pero Valverde consiguió anularlo. Asimismo, en ataque Benzema tuvo libertad absoluta y fue indetectable para los defensores; y Vinícius, en su pugna individual con Walker salió notablemente victorioso.

En el lado opuesto, Pep Guardiola llegaba al feudo de su enemigo íntimo para intentar dejarles a las puertas de la final soñada de París. Para lograrlo, el técnico catalán alineó a Ederson en meta; línea de 4 formada por Walker en el lateral derecho, Rubén Días y Laporte en el centro de la zaga, y Joao Cancelo en el carril zurdo; en el centro del campo, Rodri formó como pivote, acompañado por Kevin De Bruyne y Bernardo Silva, que tomaron el mando de la sala de máquinas; y, por último, el tridente ofensivo estuvo compuesto por Foden, Gabriel Jesús y Riyad Mahrez.

Guardiola repitió el once del Etihad con las incorporaciones de Cancelo y Walker que se habían perdido la ida por sanción y lesión respectivamente. La inclusión de sendos laterales en el conjunto inglés debería haber supuesto un arma ofensiva más, pero el Real Madrid supo defender a la perfección esa baza británica. Por otra parte, cabe destacar el partido de Bernardo Silva y Riyad Mahrez. El portugués, sin duda, fue el mejor jugador del partido por parte del Manchester City. Interpretó a la perfección los tempos del juego y ejecutó de manera magistral cada una de las acciones que llevó a cabo. Por su parte, el argelino fue el futbolista más destacado del ataque citizen. Bajó a combinar, no paró de ofrecerse y dar soluciones al equipo, desbordó por banda derecha y, sobre todo, marcó el gol del cuadro 'blue'.

Así transcurrió el choque

Los relojes peninsulares marcaban las 21:00 horas del 4 de mayo de 2022. Era la hora, la hora de la verdad, era el momento en que todo se decidiría… era el momento de la Champions. Hacía algunos minutos había sonado el himno de esta competición que pone los pelos de punta a todos los amantes de este deporte; ese himno que cada día va sonado más al himno del Real Madrid; ese himno que logra convertir a un grupo de 22 chavales en una familia con un objetivo claro: viajar a París el 28 de mayo.

El pitido del árbitro sonó y con él dio comienzo la eliminatoria, aunque en realidad, la eliminatoria había empezado a eso de las seis y media de la tarde en la Plaza de los Sagrados Corazones. La capital se había teñido absolutamente de blanco, en un recibimiento sin precedentes, para llevar en volandas al rey de Europa hasta su feudo, hasta su templo, hasta lo que parecía una noche mágica en el gran Santiago Bernabéu. Los cánticos, las arengas y el ambiente indescriptible en los aledaños del estadio supusieron el primer gol del partido, el Real Madrid comenzó ganando. Comenzaron ganando por los suyos, por su gente, por la convicción de que se avecinaba otra hazaña para la historia de este club, por la ambición de seguir mostrándose inalcanzables, pero, sobre todo, porque, después del recibimiento que habían tenido, no podían defraudar al madridismo.

Regresando al partido en sí, el choque comenzó según lo esperado. El Real Madrid propuso una presión muy alta para tratar de ahogar a los chicos de Guardiola y obtener recuperaciones rápidas. El 'pressing' madridista surgió su efecto y los primeros 15 minutos del encuentro estuvieron dominados de cabo a rabo por un Madrid que no logró transformar esa superioridad en goles. Los minutos fueron pasando y la presión blanca fue echándose atrás hasta fijarse en los tres cuartos de campo. Ese espacio que había logrado el conjunto inglés le sirvió para crecer y empezar a encontrar su sitio en el partido. El City fue ganando terreno y merodeando cada vez más la meta defendida por Thibaut Courtois. Finalmente, el último tramo de la primera parte proyectó a dos equipos conscientes de lo que se estaban jugando y temerosos de cometer algún error que determinara la eliminatoria. Así pues, de este modo, se llegó al final de los primeros 45 minutos.

El descanso le vino muy bien al Real Madrid que, nada más saltar al verde, tuvo una ocasión clarísima para poner las tablas en el global de la eliminatoria. Tras el saque de centro, buscaron a Carvajal en profundidad y éste puso un centro muy peligroso para Benzema y Vinícius. El francés no llegó al esférico, por lo que el balón se paseó por el área pequeña hasta llegar a Vini. El brasileño llegó sobrado, pero no acertó en el remate y erró en la que fue, sin duda, la ocasión más clara del partido. A partir de la ocasión clamorosa del conjunto blanco, el City volvió a asentarse en el partido y llevar el encuentro a su terreno. Los hombres de Pep comenzaron a perder tiempo, simular lesiones e intentar bajarle pulsaciones al choque. Los 'citizen' eran conscientes de que, si el partido se rompía, comenzaba a ser de ida y vuelta o comenzaba a tener un tinte épico, el Real Madrid tendría muchas posibilidades de revertir el resultado. Por todo ello, las posesiones largas, los ataques posicionales y las continuas interrupciones del City en el juego fueron la tónica predominante en esta segunda parte.

Guardiola, el mejor entrenador del mundo según los “entendidos” de este deporte, pecó de conservador y retiró del campo a su mejor hombre, Kevin De Bruyne, para dar entrada a Gündogan. La entrada del alemán tenía la finalidad de intentar tener más posesión aun, con el objetivo de amarrar el resultado de la ida y agotar las fuerzas blancas. A pesar de ser un relevo de tinte más defensivo, nada más pisar el verde, Gündogan pudo observar el latigazo de Mahrez que resultó imposible para Courtois y supuso el 0-1 en el marcador. Sí, fue Mahrez. Qué paradójico, ¿no? El mismo futbolista al que Guardiola había humillado en la ida tras su error puntual y el mismo jugador al que llevaba abroncando durante todo el partido en el día de ayer. El argelino volvió a demostrar de lo que es capaz, callando la boca de su entrenador y de todos los que no confían en él.

El gol del City hizo que volvieran a resonar tambores en Canaletas y que volvieran los preparativos para el festejo en Neptuno, culés y colchoneros volvieron a relamerse al observar como el Real Madrid parecía caer rendido. Sin embargo, todos esos antimadridistas debieron haber olvidado lo ocurrido ante el PSG y el Chelsea; debieron olvidar que a este equipo nunca se le puede dar por muerto porque es capaz de levantarse una y otra vez y no cesar en su empeño hasta que el cometido esta cumplido.

Asimismo, cabe destacar lo que ocurrió en cuanto Riyad anotó. Mientras el argelino festejaba con sus compañeros y Guardiola enloquecía en el área técnica; mientras los futbolistas del Real Madrid no encontraban explicación a lo ocurrido y Ancelotti trataba de recomponer al equipo… mientras todo eso acontecía, el Santiago Bernabéu se puso en pie para levantar a los suyos y mandar un mensaje claro: ¡Qué empiece la fiesta! He ahí, en ese preciso momento, cuando dio comienzo la remontada blanca.

Bendita locura, Carletto

Así pues, el gol 'citizen' causó diversas reacciones en el cuadro blanco. En primer lugar, los futbolistas desde el verde optaron por volcarse sobre la meta de Ederson sin miedo alguno a poder encajar un segundo tanto que les dejaría fuera de la eliminatoria. El equipo fue valiente y no dudó en ir a por el partido. Sin embargo, las reacciones no solo llegaron desde el verde. Porque, aunque pueda resultar paradójico, ese complejo momento fue el gran momento de Carlo Ancelotti. Era su momento, el momento de dar soluciones, de ofrecer ideas al equipo para guiarles hacia una remontada que se complicaba por momentos. Entonces Carlo, ese entrenador que se definió a sí mismo como “el mejor técnico del mundo” en una llamada telefónica con José Ángel Sánchez cuando el Real Madrid buscaba entrenador, actuó como tal realizando unas sustituciones que, a posteriori, llevarían a la gloria al Real Madrid. Carletto sacó del campo a Casemiro, Kroos y Modric para dar entrada a Rodrygo, Camavinga y Asensio. Cualquier persona que escuche esta sustitución sin observar el contexto o lo que sucedería más tarde, podría tachar de loco al bueno de Ancelotti, pero bendita locura.

Los cambios sentaron como agua de mayo, nunca mejor dicho, a un Real Madrid que si algo necesitaba era piernas frescas que pudieran agitar la coctelera y revolucionar el partido. Aunque, es necesario relatar, que el City tuvo dos ocasiones para remachar el partido y la eliminatoria. En la primera de ellas, el protagonista fue Ferland Mendy. Con el Madrid totalmente volcado en ataque, los espacios a la espalda de la defensa madridista eran evidentes. Por ello, Grealish, que acababa de ingresar al campo junto con Sterling, se plantó solo contra Thibaut Courtois. El inglés logró superar al guardameta belga, chutó y cuando ya el balón se colaba en la meta blanca, apareció el lateral izquierdo madridista para recordarle al mundo que seguían vivos y que aún quedaba Real Madrid para rato. La segunda acción la protagonizó Thibaut Courtois. El mejor portero del mundo, que ya había salvado a su equipo en varias ocasiones, evitó el gol de Grealish en otra ocasión clarísima para el delantero británico. Aquello volvía a resultar incomprensible, el Real Madrid seguía con vida, como había ocurrido en la ida, y aquello atemorizaba a Guardiola que aguardaba cabizbajo lo que se le venía encima.

A pesar del buen papel de los cambios, los merengues continuaban sin encontrar la senda del gol o el camino para hostigar la meta citizen. Pero entonces, apareció él, como viene siendo habitual en esta Champions, para reconducir al madridismo a París. Fue ese chaval al que muchos criticaron por su juventud y por el precio que se había pagado por él; fue ese chico que, desde su llegada, no ha dejado de dar alegrías al madridismo en su competición fetiche; fue ese niño que se convierte en un hombre cuando escucha el himno de la Champions; fue ese futbolista al que don Luka Modric ha apadrinado futbolísticamente; fue ese jugador que resucitó al Real Madrid frente al Chelsea… volvió a ser Rodrygo Goes.

El brasileño se anticipó a su defensor en un gol que bien podría haber firmado cualquier gran delantero del panorama mundial, para poner a soñar a todo el Santiago Bernabéu. En realidad, en ese momento, el Bernabéu no soñó, voló, voló a París, voló a la decimocuarta. Esa es la gran diferencia entre el resto de equipos y el rey de Europa. Cualquier otro equipo, con el gol de Rodrygo se habría ilusionado, pero los merengues ni siquiera lo hicieron, simplemente se convencieron de que aquel gol auguraba otra noche mágica en el feudo madridista. Y así fue. El cartelón del colegiado indicaba seis minutos de prolongación. Seis minutos que para cualquier equipo habrían resultado escasos o insuficientes, pero para el Real Madrid eran más que de sobra. El señorío del que tanto presumen otros se ejemplifica a la perfección en un momento como este. El cuadro blanco necesitaba otro gol para remontar, el City había estado perdiendo tiempo durante todo el partido y, para ser sinceros, el añadido difería y mucho del tiempo real que se había perdido, pero, sin embargo, ni una sola persona del conjunto madridista protestó la decisión del colegiado. Esos seis minutos de descuento determinaban el marco espacio-temporal del que disponía el mejor club del mundo para volver a hacer historia en el fútbol.

Transcurría el primer minuto de añadido cuando el balón llegó a la banda derecha. Carvajal controló, amagó y se dispuso a colgarla al área. Asensio trató de rematar, pero tan solo pudo rozarla. Entonces, volvió a aparecer él, el salvador del Real Madrid en esta Champions, volvió a aparecer Rodrygo. El brasileño era el futbolista con menos altura de los que aguardaban el centro de Dani Carvajal. Sin embargo, la joven perla madridista se elevó al cielo, al cielo de Madrid, al cielo de Europa, y realizó un remate perfecto para dejar boquiabierto a Ederson. El guardameta brasileño nada pudo hacer y el esférico se estremeció con las mallas de la portería.

Otra vez, otra vez ellos, otra vez lo habían conseguido, otra vez habían logrado desafiar a las leyes prestablecidas del fútbol para gritar bien alto que el Real Madrid es el rey de Europa. Otra vez el Real Madrid CF había vuelto a plantarse en una final de Champions sin que nadie lo esperara, porque sí, aunque aún restara la prórroga, tras el gol de Rodrygo, aquella eliminatoria estaba vista para sentencia.

¿Cómo se vivió segundo gol de Rodrygo?

El fútbol son momentos y el gol del brasileño tuvo muchos que definen a la perfección lo que se estaba viviendo en el Santiago Bernabéu.

En primer lugar, la felicidad desmedida del propio Rodrygo, que se dirigió hacia la banda y se deslizó de rodillas sobre el verde de un estadio que ya estaba rendido a sus pies. Por la cabeza del brasileño debieron pasar mil cosas en ese preciso instante, el bueno de Rdorygo debió pensar que se trataba de un sueño; debió creer que estaba viendo una repetición de su gol salvador ante el Chelsea; debió pensar que aquello no era posible… Pero esto es el Real Madrid, esto es la Champions, esto es el Santiago Bernabéu, aquella era otra noche mágica y Rodrygo estaba siendo el gran protagonista.

Celebración de Rodrygo en el 2-1 I Imagen: Getty Images
Celebración de Rodrygo en el 2-1 I Imagen: Getty Images

Otro de los momentos que tardarán en borrarse del recuerdo de los madridistas es la celebración de Vinicius Jr. El niño maravilla salió exultante hacia sus compañeros del banquillo y festejó con ellos el empate de su amigo Rodrygo. Tras la efusiva celebración y en medio de la locura madridista Vinicius se giró a la grada y emuló un gesto que hizo recordar al madridismo épocas mejores. Vinicius se señaló el escudo y, después, señaló el suelo en una clara representación del “ya estamos aquí” patentado por Cristiano Ronaldo. El gesto de Vini era significativo a la par que esclarecedor. Aquella celebración no solo implicaba que el Madrid acabara de meterse en la eliminatoria, sino que también hacía ver que el conjunto blanco ya iba camino de París, de la decimocuarta.

Por último, otro de los momentos del gol de Rodrygo es el abrazo entre capitán y artífice. El abrazo entre Marcelo y Ancelotti. En plena locura blanca, en la que todos los futbolistas del banquillo saltaron al verde a abrazarse con Vinicius, Marcelo supo reconocer quién había logrado que todo eso estuviera pasando. Había sido él, otra vez, el único entrenador en ganar las cinco grandes ligas, uno de los héroes de la décima, el ya conocido como “hombre del puro”, el alma de la celebración madridista en Cibeles… don Carlo Ancelotti. El técnico tampoco dudó en fundirse en un abrazo con su capitán, ese capitán que está muy cerca de levantar otra orejona más con el Real Madrid.

Una prórroga innecesaria

Regresando al partido, el empate blanco dirigió a sendos equipos a la prórroga. Una prórroga que, guste o no, era innecesaria. Como bien expuso Ancelotti en las declaraciones postpartido, el segundo gol de Rodrygo había supuesto la estocada definitiva para un City que, a partir de ahí, se mostró impotente.

Al tercer minuto de la prórroga el Manchester ya había cometido penalti sobre el Real Madrid que ya tenía la mente en París. Rodrygo hizo un atisbo de pedirle el balón a Benzema para completar una noche de ensueño para el brasileño, sin embargo, Karim era consciente de que él también merecía aquel gol que sentenciara la eliminatoria. Así que cogió el balón, lo colocó en el punto de penalti y cogió carrerilla para hacer historia en la mejor competición de clubes a nivel continental. El 9 madridista volvió a batir a Ederson desde la pena máxima, como ya sucedió en el Etihad, y desató la euforia blanca. Ahora sí, era una realidad, estaban en París, estaban en la final de la Champions, habían logrado eliminar al todopoderoso Pep Guardiola y a su Manchester City.

El gol de Benzema sentenció una eliminatoria que, para ser honestos, ya estaba decantada tras el segundo tanto de Rodrygo. El resto de la prórroga y el Real Madrid solo tuvo que aguantar el tiempo restante para festejar como Dios manda la nueva hazaña de estos chicos que no se cansan de hacer historia.

¿Qué conclusiones deja el partido?

Resulta llamativo el hecho innegable de cómo determinados medios de comunicación se han encargado de ensalzar a cada rival del Madrid para, posteriormente, recurrir a la suerte o la épica para definir la Champions que está llevando el conjunto blanco.

Cuando el PSG le tocó al Real Madrid en octavos, una multitud de medios definieron al conjunto parisino como el mejor del mundo. Alegaban que esa delantera galáctica formada por Neymar, Mbappé y Messi era clara favorita para levantar esta edición de la Champions. Sin embargo, cuando el club merengue eliminó al PSG, esos mismos medios dijeron que todo ello se debía a un golpe de suerte.

Posteriormente, fue el Chelsea quien se interpuso en el camino del Real Madrid, en los cuartos de final. Entonces, los medios catalogaron al cuadro londinense como el mejor equipo del mundo. Pero, en esta ocasión, utilizaron el argumento de que se trataba del actual campeón de Europa para sostener su opinión. Sin embargo, tras el baño escandaloso en Stanford Bridge y la remontada inesperada en el Bernabéu, el hito madridista fue definido como una gesta épica.

A continuación, en la semifinal, ha sido el City de Guardiola quien se ha visto las caras con el Real Madrid y, como ya es costumbre, esos mismos medios afirmaron que el equipo de Pep era el que mejor fútbol hacía del continente europeo. Esta vez, como no podía ser de otra manera, echaron mano del juego de toque, de las estadísticas de posesión y del desempeño del City en la Premier League para alabar su grandeza. Pero, para sorpresa de muchos, otra vez el cuadro blanco ha logrado dejar en el camino a otro favorito para la consecución del título.

¿Qué se alegará en esta ocasión? Que Ancelotti tiene flor, como decían con Zidane; que el árbitro ha beneficiado al Real Madrid; o volverán a emplear la suerte o la fortuna para no reconocer la realidad. La realidad es una, y es cierto que escuece y mucho, sobre todo en can Barça y a las orillas del Manzanares, pero la única realidad es que el Real Madrid es, en estos momentos, el mejor equipo del mundo. La única realidad es que su entrenador, Carlo Ancelotti, es el mejor entrenador del mundo. La única realidad es que Karim Benzema merece más que nadie el balón de oro. La única realidad es que no hay ningún otro portero en el panorama mundial que pueda hacer sombra a un Thibaut Courtois que es, indiscutiblemente, el mejor portero del mundo. La única realidad es que Vinicius y Camavinga, cada uno en su demarcación, van a dominar muy notablemente el fútbol europeo en unos cuantos años. En definitiva, la única realidad es que este equipo va rumbo de París, rumbo de la decimocuarta, rumbo de seguir callando bocas y, sobre todo, rumbo de seguir haciendo historia.

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