Maravilla Martínez: entre el silencioso retiro o la gloriosa despedida
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“Podés prepararte muy bien para una pelea y llegar en perfectas condiciones, pero en el camino del vestuario al ring, envejeces muchísimo”.  En sus palabras se reflejan la sabiduría y la experiencia que carga en su espalda y que se ganó a base de golpes tanto arriba de un cuadrilátero como en la vida misma. Como en 2002, cuando decidió emigrar a la ciudad de Madrid en busca de un mejor futuro, Sergio Martínez vuelve a  transitar por una senda compleja y determinante.

La dura derrota ante el boricua, Miguel Cotto, el pasado 7 de junio en el Madison Square Garden, fue la canchetada hacia la realidad que necesitó Maravilla para sentarse y reflexionar sobre el futuro de su carrera. Esa carrera de logros y traspiés, de éxitos y derrotas, de alegrías y tristezas. El púgil oriundo de Avellaneda – pero criado en Quilmes – sabe que su rodilla derecha quiere tirar la toalla. Pero es Martínez, o su ego (como él mismo suele decir), el que pide un round más.

Se sometió a múltiples observaciones y tratamientos para mejorar el estado de su rodilla.  Visitó al médico de los New York Knicks, el flamante equipo de la NBA, y al doctor Pedro Guillén, del Atlético de Madrid, quien es catalogado como uno de los mayores especialistas de medicina deportiva en el mundo. Ambos arrojaron el mismo diagnóstico: si se recurre a la cirugía, no boxea más. Es por eso que  el ex campeón mediano del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) realizó un tratamiento que, según explicó, consiste en “cambiar la estabilidad de los zapatos”.

Mientras tanto, Maravilla no pierde el tiempo y ya planifica su 2015, con otros sueños por cumplir. Actualmente se distiende y respira tranquilidad en las sierras cordobesas de Capilla del Monte, su “segunda casa”, a setenta kilómetros de Carlos Paz, en donde realizará diversos shows de stund up y teatro en el verano.

Martínez no se apresura. Aunque sabe que en un tiempo no muy lejano deberá sentarse frente al espejo y decidir su futuro. Le queda un combate más por contrato y sueña con despedirse a lo grande en Argentina, no quiere ningún “paquete”.  Pero es claro que todo estará ligado a su evolución física.

Con casi 40 años, pero con la ambición de un joven de 20 y una rodilla de un señor de 90, el hombre que logró recuperar el prestigio del boxeo nacional se enfrenta al momento más significativo de su gloriosa carrera. 

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