Los adoquines y puertos inéditos destacan en un tradicional Tour de Francia 2018

La 105ª edición de la Grande Boucle -que se celebrará entre el 7 y el 29 de julio- conserva su esencia clásica, aunque aporta interesantes novedades en forma de desconocidos y duros puertos, un 'empacho' de pavés y hasta una minietapa pirenaica de solo 65 kilómetros. Una crono individual en el País Vasco francés en la penúltima etapa será decisiva.

Los adoquines y puertos inéditos destacan en un tradicional Tour de Francia 2018
Itinerario oficial del recorrido del Tour de Francia 2018 | Fuente: Tour de France

Se acabaron los rumores que, como todos los años, han diseccionado casi por completo el recorrido de la reina de todas las carreras. Sin mucho margen para las sorpresas, la hoja de ruta del Tour de Francia 2018 ya es una realidad, después de ser presentada esta mañana en el Palacio de Congresos de París ante la atenta mirada de 4.000 asistentes, entre los que figuraban Chris Froome, que aspira a entrar en el Olimpo de los grandes en busca de su quinto entorchado, el eterno aspirante Nairo Quintana y el recién retirado Alberto Contador. 3.329 kilómetros repartidos en 21 etapas para dictar quién será el vencedor de la 105ª edición de la ronda francesa. 

Y la primera impresión es que la Grande Boucle ha vuelto a pecar, en general, de un cierto conservadurismo, con una primera semana de supervivencia por el norte, un abuso (nuevamente) de los finales en descenso tras puerto y, sobre todo, la ausencia de una gran contrarreloj para especialistas que vuelve a echarse en falta. Sin embargo, hay que destacar el esfuerzo de la organización por atreverse con una inusual ascensión sobre pista forestal, el descubrimiento de colosos como Portet, la gran dosis de pavé en la novena jornada y la creación de una mini etapa de solo ¡65 kilómetros! que se presume como la etapa reina. Paso a paso. 

Bretaña, adoquines y bonificaciones para incomodar

El 7 de julio -una fecha retrasada para coincidir lo mínimo posible con el Mundial de fútbol de Rusia- se dará el grand départ con un atractivo inicio desde Noirmoutier-en-l'Île, será la cuarta vez en la historia que el Tour tomará la salida desde una isla. No será una jornada sencilla, pues el hecho de rodar durante muchos kilómetros junto al litoral Atlántico hará del viento y los abanicos un peligroso enemigo. Una segunda etapa con nuevo protagonismo para los velocistas dará paso a la primera prueba importante de cara a la general: una crono por equipos en Cholet para abrir algunas diferencias. 

La quinta etapa, con final en Quimper, se asemeja a una clásica | Fuente: Tour de France
La quinta etapa, con final en Quimper, se asemeja a una clásica | Fuente: Tour de France

El pelotón se internará en Bretaña para afrontar jornadas nerviosas que no siempre serán del gusto de los sprinters. Un ejemplo de ello son las etapas cinco (plaga de repechos y trampas al más puro estilo de las clásicas belgas) y seis, con final en el famoso muro de Bretagne (dos kilómetros al 7%), al que se dará un paso previo. 

Los 21kilómetros de pavé de la París-Roubaix depararán una lucha por sobrevivir durante la novena etapa

Dejando atrás el extremo occidental del Hexágono, la ciudad de Chartres espera a los corredores en la jornada más maratoniana —231 kilómetros— de la Grande Boucle, seguida de una llegada en Amiens, ambas propicias para una volata. El noveno día cerrará el primer bloque de competición con la dinamita de los adoquines. La organización se ha tomado el lujo de 'tomar prestados' 15 tramos de pavé del 'Infierno del Norte' para hacer de una etapa corta y sin dificultades orográficas una auténtica lucha por sobrevivir que incluso podría dejar tocado a algún hombre de la general. No obstante, no se finalizará en el mítico velódromo de Roubaix después de un acumulado de 21 kilómetros sobre esta incómoda superficie

La etapa con final en Roubaix contiene hasta 21 kilómetros de pavé | Fuente: Tour de France

Para darle más emoción si cabe a esta primera semana, los organizadores han introducido una novedad: una bonificación intermedia de 1, 2 y 3 segundos para los tres primeros que pasen por un punto emblemático de cada una de las ocho primeras etapa en línea (se descarta, obviamente, la CRE). 

Un temible tríptico alpino

Tras el primer día de descanso, la alta montaña da la bienvenida a los corredores en los Alpes, que en esta ocasión se adelantan a los Pirineos. La primera jornada alpina finalizará en Le Grand-Bornand tras previo ascenso a la Colombière, pero el gran aliciente lo encontramos en el segundo de los cuatro puertos: Plateau des Glières, una bestial pared de seis kilómetros al 11% de media y con sus dos últimos kilómetros sobre pista de tierra y piedras. El hecho de estar tan lejos de meta (90 kilómetros) le resta valor, pero aun así es uno de los puntos que se agradecen a la organización. 

La primera etapa alpina incluye una subida sobre pista forestal | Fuente: Tour de France

El primer final en alto (hablando en términos de alta montaña) estará ubicado un día después, en una corta y explosiva etapa que en solo 108 kilómetros incluye hasta cuatro ascensiones. La última de ellas, La Rosière, se trata de una interminable e inédita cota de 17,6 kilómetros al 5,8%. Los favoritos deberán guardar fuerzas para la terrorífica etapa del día siguiente, con final en el mítico Alpe d'Huez, precedido por otros dos clásicos como la Madeleine y la Croix de Fer. Para muchos la etapa reina. 

Alpe d'Huez regresa al Tour, con todo lo que ello supone | Fuente: Tour de France
Alpe d'Huez regresa al Tour, con todo lo que ello supone | Fuente: Tour de France

Superado el terrible tríptico de los Alpes, los hombres rápidos volverán a disponer de una oportunidad en Valence, algo efímero, pues las dos siguientes jornadas volverán a introducir una media montaña que hará de transición entre las dos cordilleras principales del Tour. Tanto la etapa con final en el aeródromo de Mende (en pleno Macizo Central) como la de Carcassone podrían ser buenas para una escapada, aunque el final en alto de la primera podría provocar movimientos entre los hombres fuertes. Dos etapas imprevisibles para cerrar el segundo bloque. 

Traca final en los Pirineos y la crono de Iparralde

La primera travesía por los Pirineos se presenta como una etapa de fondo (nada menos que 218 kilómetros) que concentra toda la acción en los últimos 70, con Aspet, Menté y Portillon antes de un frenético descenso hacia Bagnères-de-Luchon, donde Chris Froome dio una lección de cómo bajar hace dos años. Además, este será el único día que la Grande Boucle traspase sus fronteras y ruede por España durante unos kilómetros para asaltar el Portillon (en Lérida). 

Una etapa de solo 65 kilómetros y final en el desconocido Portet (16 km al 8,7%) es una de las gratas sorpresas de esta edición

Mucha atención a la 17ª etapa, pues es una de las sorpresas de la organización, diseñando una minijornada de montaña de solo 65 kilómetros (casi parece una broma para una etapa en línea). Un formato que el Tour no probaba desde hacía décadas. Se subirá Peyragudes de inicio, encadenado con Val Louron-Azet, cuyo descenso dará inicio a uno de los grandes descubrimientos de esta edición: el colosal Col de Portet (16 kilómetros al 8,7%), apodado por algunos "el nuevo Tourmalet". Un final en alto infernal que muchos catalogan como la etapa reina, a pesar de su paupérrimo kilometraje. Se presuponen ataques desde el primer kilómetro en un día de locura. 

La 17ª etapa ha sido la gran sorpresa de esta edición, contando con solo 65 kilómetros | Fuente: Tour de France

El Tour no se olvida de los sprinters y les proporciona una penúltima oportunidad de lucimiento en una de las localidades que más salidas y llegadas ha presenciado en la historia de la carrera. De hecho, Pau llegará a la cifra de 70 presencias en la Grande Boucle. Todo un récord. La última etapa de montaña será una maratón de desnivel acumulado (4.700 metros) que partirá desde Lourdes y contará con el mítico Tourmalet como puerto de paso (lejos de meta), antes de que Aubisque dicte sentencia en un final en descenso hacia Laruns

La quebrada crono de Iparralde, una prueba de fuego | Fuente: Tour de France

Al igual que en la edición anterior, una contrarreloj individual en la penúltima etapa decidirá el ganador o, al menos, la conformación del podio definitivo. El País Vasco francés será el escenario elegido para dicha prueba, que dista mucho de ser un caramelo para especialistas. 31 kilómetros de puro sube y baja y hasta cuatro cotas que no darán respiro alguno camino de Ezpeleta. El repecho de Pinodieta, con picos del 20%, a tres kilómetros del final, puede reventar a más de uno y acabar con sus sueños antes del tradicional final de fiesta en los Campos Elíseos el 29 de julio. La teoría está sobre la mesa a falta de casi nueve meses para el examen.