Emiratos Árabes Unidos 2013: el alumbramiento de una nueva Nigeria y la idea de Yoshitake

“Cuando llegué a la selección, no acababa de sentirme a gusto. Muchos pensaban que yo era demasiado bajito y delgado para convertirme en un buen futbolista. Pero ahora, con lo que he conseguido aquí, me he dado cuenta de que Dios me tenía reservado algo muy especial.” Horas después de abrazar una gloria incipiente, Kelechi Iheanacho mostraba la madurez impropia de un jugador de su edad, mientras era imposible que ya hubiese digerido todo lo que había conseguido. La figura de Nigeria en el Mundial Sub-17, reconocida así también por la organización, echaba la vista atrás y apreciaba como el salto de calidad de su equipo ha sido también el de pasar por encima de toda una serie de prejuicios que suelen acompañar a este deporte.

El cambio de Nigeria

La energía es algo inherente a la genética de todo futbolista adolescente del África negra. Antes incluso de acercarse a un balón, ese rasgo ya está presente. La diferencia, que será lo que marque el futuro, será la búsqueda de aquellos que mejor se relacionen con él. El fútbol cuenta con matices y el físico es uno nada desdeñable, tampoco a estas edades, donde la diferencia entre unos y otros en esa parcela suele ser un condicionante importante. Pero si hay una evidencia clara es que un Mundial Sub-17 es una muestra palpable de lo que se está trabajando pensando en el futuro, de hacia dónde se pretende ir. Y en esta dinámica cíclica, Nigeria ha dado un giro respecto a las últimas ediciones en las que ha estado presente.

En 2007 fue campeona en Corea del Sur; y en 2009 alcanzó la final como anfitriona. Si hay que condensar un perfil de aquellos equipos, la fuerza y velocidad de sus jugadores más destacados serían las cualidades esenciales. Pero en prácticamente la mayoría de los dos planteles escaseaban los futbolistas con rasgos técnicos diferenciadores, e incluso tácticos. Su exuberancia atlética escondía de forma evidente carencias en el desarrollo del juego.

Nigeria no se clasificó para la edición de México en 2011, siendo con Brasil la selección más laureada de la categoría. Esta circunstancia pudo provocar una reflexión en la Federación de Fútbol de Nigeria (NFF), y se encomendó a Manu Garba, exinternacional Sub-20 en México 1983, y ayudante de Yemi Tella en el certamen Sub-17 de 2007. Un trabajo desde las raíces más hondas de su fútbol. Todo comenzó hace dos años.

Nigeria no se clasificó para la edición de México en 2011

“Estos son jugadores que no tienen ninguna experiencia de club. Jugadores que elegimos desde la raíz del fútbol nigeriano. Y hemos tenido que pulir su técnica, táctica de juego y la psicología. Así que ganar la Copa del Mundo con este conjunto de niños sería uno de mis mayores logros. O el mayor”, explicaba Garba a los medios antes de la final. La gran mayoría de los elegidos por el técnico fueron fruto de una profunda labor de rastreo a través de las academias que los acogían alrededor del país. Ninguno de éstos pertenece a clubes que compitan a nivel profesional. Y tan solo el jovencísimo Makanjuola, de 14 años, y Uzoho jugaban en el extranjero, en el Chelsea y la Academia Aspire de Qatar, respectivamente.

El buen ojo y la experiencia Garba fue prácticamente el único filtro para confeccionar un grupo que ha alcanzado la mayor cota en Emiratos Árabes Unidos. Garba desea ahora poder seguir con sus jóvenes pupilos hasta la categoría Sub-20, conocedor de lo que el desmembramiento del grupo podría suponer para el fútbol de su país. La poca presencia de clubes a nivel profesional que puedan acoger a estos jugadores en Nigeria podría provocar la diseminación de los chicos por lugares muy diferentes e impedir que la progresión de éstos tenga algún tipo de control que en el futuro pueda beneficiar a la selección absoluta. Nigeria vive un nuevo alumbramiento, pero todavía queda mucho trabajo por delante.

Mientras, la tetracampeona ha dejado esos nombres. Nombres unidos esta vez sí a unas cualidades diferenciadas. Awoniyi será ya el delantero espigado de interesantes movimientos; Yahaya, la intención y el desequilibrio en el uno contra uno; Alfa, ese medio de toque, aparentemente liviano, que sueña con ser Iniesta; o Nwakali, que con su equilibrio y manejo dejó la mejor muestra de fusión entre madurez y técnica. Iheanacho se llevó el balón de oro, pero no estuvo solo en este maravilloso viaje comandado por Garba.

Yoshitake, el balón y la mentalidad

La distancia económica y social que puede separar a dos países tan diferentes como Nigeria y Japón quedaría de alguna forma aplacada, en lo futbolístico, por un rasgo muy concreto. Si bien muchos de los jugadores reclutados por Hirofumi Yoshitake para el Mundial Sub-17 pertenecen a clubes nipones con cierto caché en el concierto asiático, todavía se mantiene un halo de amateurismo en el fútbol de aquel país.

Algunas de sus jóvenes figuras en Emiratos, como Kosei Uryu, Ryomar Watanabe o Taro Sugimoto, pertenecen a equipos de institutos o de universidades. Son jugadores que finalmente se acaban de formar en las largas concentraciones que realiza su federación para los torneos oficiales o diferentes giras que se planifican a lo largo del año. Una rutina en el calendario que ya viene cumpliéndose desde hace algunos ciclos de formación, pero que en lo referido al trabajo de campo sí ha sufrido una atractiva variación.

"Sabíamos que eran buenos, pero no tanto. Es como un Barça juvenil. Su manera de mover el balón, el movimiento de sus jugadores…. ¡Vaya equipo! Estuvieron realmente bien. Era, sin lugar a dudas, uno de los mejores combinados presentes aquí.” Con estas palabras de elogio, el defensa sueco Linus Wahlqvist definía al llamativo rival que acababan de eliminar en octavos del final. A diferencia de Nigeria, Japón lo apostó absolutamente todo a la posesión y a la velocidad de pase. Un equipo formado en su gran mayoría por futbolistas livianos, técnicamente bien dotados y con capacidad para jugar en diferentes posiciones. Un equipo plano en su variedad de recursos, si se quiere, pero muy rico en una suerte por la que es difícil apostar de manera tan determinante a estas edades.

La selección de Yoshitake sorprendió por esa idea tan marcada desde el primer encuentro, el del inmenso rondo a Rusia. Los números en cuanto a posesión dispararon las estadísticas de sus encuentros, pero cabe señalar que esa arma tan vistosa y dinámica también supuso que los rivales no dudaran en juntar sus líneas a atrás y convertir los encuentros en un ejercicio de paciencia y rebote ante un muro.

Sin duda fue la gran apuesta futbolística del campeonato y la escasa progresión en el mismo se debió a una puntual fragilidad defensiva y al físico, ese condicionante clave a estas edades. Yoshitake, quien fuera un avezado profesor de matemáticas, empezó a trabajar en la federación japonesa hace ya cuatro años. Desde entonces, comenzó a llamar la atención por su sistema de rotaciones, donde todos los jugadores concentrados podían pasar a formar parte del once en cualquier momento. Para ello, Yoshitake entiende que la mentalidad del futbolista es clave: “quiero que cada uno de mis jugadores pueda contar con sus compañeros de equipo, mostrar su disposición a dar la vida por los demás, si es necesario”. Una personalidad fuerte que se visualizaba perfectamente en la fe de los jugadores por desarrollar su idea, pero que a la vez contrastaba con el cariz claramente estético de la misma.

Porque si esas imprevisibles rotaciones son la auténtica firma del técnico nipón, el estilo de juego sí tiene su origen en otras fuentes. “El equipo que más me ha inspirado es la selección holandesa de los años 70, la de Johan Cruyff. También he aprendido muchas cosas observando lo que hace el Barcelona. Es una referencia para mucha gente, pero a mí lo que me interesa esencialmente es su sistema educativo, esa forma que tiene de inculcar sus principios de juego a todas las categorías”. Las declaraciones de Yoshitake a FIFA.com eran la confirmación de algo que muchos aficionados podían intuir observando solo cinco minutos de su equipo, pero lo sorprendente también era la disciplina con la que sus pupilos llevaban a cabo todo lo trabajado anteriormente. Un sistema que anima al aficionado a seguir el desarrollo de las categorías de base de la selección japonesa en futuros campeonatos. Y una progresión y plan formativo que esperan obtener sus frutos en niveles superiores.

La Holanda de los 70 y el Barcelona actual son la referencia de Yoshitake

La vena competitiva de México a estas edades, alcanzando su tercera final, fue otra conclusión evidente del Mundial Sub-17. Raúl “El Potro” Gutiérrez tiró de experiencia para conducir a unos jugadores que, posiblemente, sin las virtudes técnicas de generaciones anteriores sí supieron sobreponerse a las dificultades y alcanzar de nuevo el partido decisivo por el título. Una mentalidad que ya querrían muchos aficionados al tri trasladar a los jugadores de su selección absoluta, que no pasa por sus mejores momentos.

La revelación sueca, con su tercer puesto y con el goleador Valmir Berisha, bien acompañado por Engvall, Andersson o Halvadzic, confirmó que un país con menos posibilidades demográficas, y con escaso historial en divisiones menores, también puede aspirar a cotas importantes si se trabaja de forma realista y cuenta con una buena generación. Argentina, que alcanzó el cuarto lugar, mostró algunos jugadores interesantes, como su central Mamanna o los delanteros Ibáñez y Driussi, pero no transmitió sensaciones especiales en cuanto a colectivo.

Brasil, que cayó en cuartos ante una disciplinada selección azteca, presentó a Nathan, a la postre uno de los mayores talentos del campeonato, pero esa potencia y experiencia competitiva de algunos de sus jugadores no se vio compensada con una dosis necesaria de fluidez grupal con balón. En el momento decisivo, fue demasiado previsible. Uruguay mantuvo su espíritu aguerrido habitual y aunque dejó en Pizzichillo a ese ocho diferente y a tener en cuenta, chocó con Nigeria en cuartos.

La pobre participación europea, que se explica también con la ilógica y complicada ronda de élite que hay que superar para llegar a la fase final continental, fue otra de las conclusiones a señalar de Emiratos Árabes Unidos 2013. Un torneo que como ya viene siendo habitual deja nombres a seguir, y en esta ocasión también algunas notas destacadas en cuanto a la formación y el trabajo de los conjuntos. Desde ya, las distintas federaciones comienzan a trabajar en un objetivo común, la participación en Chile 2015, que será el siguiente objetivo de los focos para observar algunas pistas de lo que puede deparar el futuro.

Fotos: Manu Garba, Hirofumi Yoshitake y Valmir Berisha (Getty Images - FIFA.com).

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