Pablo Infante: el ascenso del banquero
Infante es un ejemplo del futbolista humilde. (Imagen: LFP).

El público del fútbol profesional está poco habituado a que haya jugadores con una vida más allá del esférico y con un coche que no sea de alta gama. No todos habitan en urbanizaciones privadas en La Moraleja ni frecuentan el Buddha en sus ratos libres, sino que son más de bajar al bar más cercano con los amigos a disfrutar de una popularidad que apenas va más allá de su localidad de residencia.

Este estereotipo es erróneo cuanto más se baje de categoría, y sus protagonistas viven alejados del foco mediático de la élite del fútbol nacional. Es el caso de Pablo Infante Muñoz, un burgalés que tenía todas las papeletas para permanecer en el anonimato si no hubiera sido por el milagro que lideró con su Mirandés, un conjunto rojillo que abandonó este pasado verano en favor de la Ponferradina, aunque a orillas del Ebro no se olvidan de las alegrías vividas de la mano de su capitán.

Un tipo corriente

Tras sus gafas y con la cabeza sin un pelo, Infante trabajaba cada mañana en la localidad de Quincoces de Yuso, una de las humildes poblaciones de la provincia burgalesa, y tras amanecer a las siete de la mañana y cubrir su jornada laboral, se acercaba a Miranda para entrenar con sus compañeros. Impensable para Messi o Ronaldo, tónica habitual del fútbol de menos quilates.

Pablo, de la oficina al campo de fútbol

Nueve años estuvo Pablo recibiendo el cariño de su Anduva, con recuerdos tan distintos como la hazaña en la campaña 2011/2012, cuando alcanzaron las semifinales a pesar de morar en 2ªB. Villarreal, Racing y Espanyol sucumbieron ante el empuje del equipo capitaneado por este empleado de la banca, cuyo caso se convirtió en ejemplo para toda España, una España que conoció a estos jabatos de manos de su gesta copera, pero apenas tenía constancia de ellos apenas unos meses, y años, atrás.

​ ​Chencho Alonso jugó contra Infante en la humilde Tercera división, y ya entonces advirtió que a pesar de su aparente normalidad, era el emblema de ese Mirandés: "No llamaba nada la atención, era el típico hombre calvo con gafas del que no te podías esperar que fuese el bueno. Recuerdo que era frío, pero muy amable con sus compañeros y sus rivales, en ese sentido me recuerda a Iniesta".

"Anduva lo adoraba -prosigue Alonso-, era el futbolista que marcaba la diferencia en el equipo. Todos los ataques pasaban por él, recuerdo que un día en Íscar no había estado nada fino a lo largo del partido y se lo llevaron gracias a un gol suyo de falta en el minuto 90". En la famosa edición de la Copa del Rey de 2011 fue el máximo goleador gracias a sus siete dianas, erigiéndose así como un héroe del otro fútbol tan pocas veces mencionado en los medios de ámbito nacional.

De Íscar a Valladolid

Este domingo, ese exjugador del Burgos CF y del Racing Lermeño defenderá los colores de la SD Ponferradina contra el Real Valladolid, el primer equipo y no el filial, al que se medía hace no tantos años. De blanquiazul ha sellado ya cuatro tantos en los veinte partidos que ha disputado, en los que ha carecido de plena continuidad a causa de alguna inoportuna lesión que castigó tanto al extremo diestro como al conjunto berciano, que tiene en este jugador que este viernes cumple 35 años a una de sus figuras más destacadas.

Desde Miranda de Ebro cuentan que Infante ha sido uno de los jugadores más destacados de la historia del club, si no el que más, al menos según la opinión popular, aunque el adiós no ha sido de la forma deseada: "Ha salido un poco por la puerta de atrás, vino a jugar a Miranda la semana pasada y hubo división de opiniones cuando llegó, pero luego se le cambió antes del final del partido y se le aplaudió mucho".

Sus cualidades balompédicas también quedan fuera de toda duda: "Pablo en general es el mejor jugador de la historia del Mirandés porque ha dado los mejores momentos del club, las semifinales famosas en Copa y gustaba mucho porque en ese año fantástico puso en el mapa a Miranda de Ebro. Cuando acababa los partidos se iba a casa a trabajar de empalmada, volvió de Barcelona en coche camino de Quincoces para abrir justo el banco al llegar. Pidió la excedencia cuando el Mirandés se quedó en Segunda tras ascender en 2011, era ya profesional y pudo conseguirlo".

"Pablo Infante puso a Miranda de Ebro en el mapa"

Lejos queda aquel gol a balón parado que tumbó al Íscar en la década pasada, tampoco fue ayer esa asistencia medida a la cabeza de César Caneda que posibilitó el pase del CD Mirandés a la penúltima ronda del campeonato del KO, aunque más reciente es ese disparo de falta directa que puso tercera a la 'Ponfe' en los primeros compases de la temporada. Javi Varas debe tener cuidado con el potencial a pelota parada del burgalés, ya que con la precisión con la que manejaba los ahorros de sus clientes en Quincoces de Yuso ejecuta las acciones de estrategia del combinado leonés.

Un ejemplo de futbolista poco usual

Las seis asistencias de gol que corroboran su espléndido toque pondrán en alerta a la defensa pucelana, consciente de que si deja libre al '21', no dudará en enviar un pase medido al corazón del área, donde aguardan Yuri y Berrocal. Si, por el contrario, apuestan por detener con falta su avance, ya pueden estar atentos tanto ellos como el portero, ya que de la misma manera que puede alojar el cuero en la escuadra, puede ponerlo en la frente de los rematadores.

El Toralín ya no es la Anduva que veneraba a este jugador tan distinto de los miembros del estrellato, pero Pablo sigue esforzándose al máximo por el bien de sus compañeros, cuya buena temporada los está acercando a los puestos de liguilla de ascenso. Mientras tanto, el Mirandés de su corazón habita la zona media de la tabla tras unas semanas en las que a punto estuvo de alojarse entre los seis primeros de la clasificación.

Infante se fue a la Ponferradina el pasado verano

Su adiós el pasado verano tuvo mucho que ver con la inestabilidad deportiva, ya que de no ser por el 'Caso Murcia', los burgaleses estarían jugando en 2ªB. Por suerte para los castellanos, finalmente se quedaron en la división de plata, aunque Infante no continuó en el equipo. ¿Hubiera seguido en caso de haber logrado la permanencia en el césped y no en los despachos? Solo él lo sabe, aunque su renovación en las humildes filas rojillas cuando medio país estaba pendiente de él demostró que, a diferencia de ese fútbol mediatizado y millonario, donde los colores que mandan son los del peculio, a Pablo le tiró más el cariño de su gente y su pertenencia a un club.

Imágenes: Diario de León | LFP | El Mundo | El País.

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