Athletic, en la élite de Europa: 1956-1957
Los jugadores del Athletic celebran el cuarto gol al Manchester United, obra de Merodio. | Foto: www.miathletic.com.

Corría el año 1956, con las tropas del Pacto de Varsovia entrando en Budapest y mientras Elvis Presley grababa su primer disco en Memphis, Estados Unidos probaba la primera bomba de hidrógeno en un atolón de sensual nombre (Bikini). Los hermanos Castro y Ernesto Guevara zarpaban rumbo a Cuba, y España entraba en la ONU. Un año de gran recuerdo para el Athletic, en el que consiguió su sexto título de Liga, aventajando en un punto al FC Barcelona de Ladislao Kubala.

Un equipo destinado a guardarse en el recuerdo, dirigido por Fernando Daucik con una joven plantilla compuesta por jugadores como Carmelo Cedrún, Armando Merodio, Jose Luis Arteche, Jesús Garay o el recientemente fallecido Jesús María Maguregi. El entrenador checoslovaco disponía de un plantel remozado en el que, sin embargo, aún sobrevivía un eslabón de la delantera rojiblanca más famosa: Agustín Gaínza Vicandi, "Piru". Los leones redondearon su fantástica temporada con el doblete, alzando la Copa al vencer por 2-1 al Atlético de Madrid en la final, celebrada en el Santiago Bernabéu. De este modo, la escuadra bilbaína iba a afrontar la que sería su primera experiencia en la vieja Copa de Europa.

El camino del Athletic en Copa Europa 1956/1957
Fase Ida Vuelta Resultado Global
Ronda Previa Oporto 1 - Athletic 2 Athletic 3 - Oporto 2 Oporto 3 - Athletic 5
Octavos de final Athletic 3 - Honvéd 2 Honvéd 3 - Athletic 3 Athletic 6 - Honvéd 5
Cuartos de final Athletic 5 - Man. Utd. 3 Man. Utd. 3 - Athletic 0 Athletic 5 - Man. Utd. 6

El 20 de septiembre de 1956 efectuó el Athletic su debut en la antaño conocida como Copa Europea de Campeones. Lo hizo en el estadio Das Antas, ante un hueso como el Oporto, donde un tanto de Nicanor Sagarduy, popularmente conocido como "Canito", dio la victoria a los leones por 1-2. Un triunfo de peso certificado seis días después en San Mamés gracias a un hattrick de Arteche, que permitió la victoria por 3-2 de los vascos.

En octavos de final esperaba un rival durísimo: nada menos que el legendario Budapest Honvéd, germen de aquella fabulosa Hungría de los años 50, capaz de humillar a Inglaterra en Wembley, campeona olímpica en Helsinki 1952, subcampeona mundial (de manera increíble) en el Mundial de Suiza de 1954 y precursora del llamado fútbol total. Un conjunto cuya nómina podría asustar a corazones pusilánimes, con Ferenc Puskas, Sándor Kocsis o Zoltán Czibor en sus filas.

Los leones se deshicieron del mítico Honvéd

No así a los leones, que vencieron de nuevo por 3-2 en Bilbao, aunque de manera agridulce, ya que a falta de un cuarto de hora los húngaros aún no habían conseguido perforar las mallas de Carmelo Cedrún. La vuelta, que tendría lugar un mes después, no solo sería difícil de superar, sino que traería consigo avatares extradeportivos. Con los tanques soviéticos en Budapest, parte de la plantilla magiar decidió no volver a su país, acordando que el partido de vuelta tuviera lugar en terreno neutral, en este caso en el estadio de Heysel, en Bruselas.

Circunstancias extradeportivas motivaron que la vuelta se disputase en Heysel

Una tempranera diana de Armando Merodio avanzó a los vizcaínos, aunque pronto empató Budai. Un nuevo gol de Merodio y otro de Arieta allanaron el camino al Athletic, quien sin embargo hubo de sufrir lo indecible para sellar su pase a los cuartos de final tras el 2-3 de Budai y el posterior empate de Puskas, ya cerca del final. Los leones aguantaron estoicamente el asedio magiar y consiguieron pasar la eliminatoria. Para gran parte de los jugadores centroeuropeos fue su último partido con el Honvéd, ya que optaron por no regresar a Hungría. De este modo, Kocsis y Czibor acabaron en el Barça y Puskas en el Real Madrid.

Con el Honvéd en la cuneta, el Athletic se enfrentaría a otro rival de alcurnia. No era otro que el Manchester United de Matt Busby, que humilló al Anderlecht en la ronda previa para posteriormente dejar en la cuneta al Borussia Dortmund en octavos de final. Un conjunto joven y plagado de estrellas, como Duncan Edwars, Tommy Taylor o un jovencísimo Bobby Charlton, llamado a la gloria, pero a quien la desgracia le esperaba a la vuelta de la esquina.

La ida ante el Manchester United es uno de los partidos más recordados de La Catedral

La ida en San Mamés, disputada el 16 de enero de 1957, es uno de esos partidos que son perenne carne de hemeroteca. Bajo una tremenda nevada, vascos e ingleses se midieron en un duelo sin cuartel y de tintes épicos sobre el blanco césped bilbaíno, en el que los primeros vencieron por 5-3, gracias a los goles de Uribe por partida doble, Marcaida y Arteche, mientras que Taylor, Viollet y Whelan descontaron para los Red Devils. Un choque mítico grabado a fuego en la historia de La Catedral.

El United fulminó al Athletic en la vuelta

De la resolución de la eliminatoria, acaecida tres semanas después, el Athletic no guarda precisamente un buen recuerdo, ya que cayó con estrépito por 3-0 en Maine Road ante un United muy superior, con tantos de Viollet, Taylor y Berry. Un espléndido equipo al que un fatal accidente aéreo en Múnich le arrebató parte de su futuro un año después, donde fallecieron entre otros Duncan Edward, Liam Whelan o Tommy Taylor. Diez años después, con George Best, Denis Law y Bobby Charlton a la cabeza, lograron restañar parte de sus heridas y alzar la Copa de Europa al ganar por 4-1 al Benfica en la final, disputada en Wembley. Hasta la fecha, los leones no han conseguido avanzar más lejos en la máxima competición europea, si bien es cierto que tan solo han tomado parte en ella en cuatro ocasiones.

Nada menos que 26 años tuvieron que pasar para que los vizcaínos disputasen de nuevo la máxima competición continental, cayendo de nuevo ante otro equipo inglés, en este caso el Liverpool. Eso sí, la afrenta del Manchester United no cayó en el olvido y ya con Marcelo Bielsa en el banquillo en la temporada 2011/2012, el Athletic ofreció todo un recital de fútbol en Old Trafford para el recuerdo, asombro y las lágrimas de la hinchada rojiblanca. Un espectáculo que se repetiría a los siete días en La Catedral, donde los vascos volvieron a vencer a los pupilos de Alex Ferguson.


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