Golovkin, alma de campeón
Fotografía de: HeadTopics.com

En la noche del 17 de septiembre en Las Vegas, Nevada, volvían a chocar dos colosos del boxeo por tercera vez en su historia: Saúl 'Canelo' Álvarez y Gennady Golovkin 'GGG' se veían las caras para dar por cerrada esta rivalidad que tanta polémica y electrizantes rondas han proporcionado a los grandes aficionados del boxeo. 36 rondas divididas en 3 contiendas que serán rememoradas y escritas en los libros de historia del noble arte. 'We just made history, my friend', le recalcaba el tapatío a un Golovkin que lejos de darse por vencido en una contienda en la que no fue superior, supo rearmarse y poner al de Jalisco en aprietos en las rondas de campeonato.

La edad pesa en los huesos y músculos del de Karagandá. En el combate de la pasada noche se pudo presenciar un 'Triple G' más inactivo de lo habitual, con cierta lentitud en sus movimientos y por momentos sucumbido ante la ofensiva tan brutal que el jalisiciense estaba proporcionando al cuerpo de su rival. Canelo castigó la cintura de Golovkin y los golpes propinados al cuerpo fueron creando aún más un hueco que parecía no tener límite en el desarrollo de la contienda, y que contrarrestaría movilidad al púgil de Kazajistán. Y así fue. La estrategia por parte de Canelo y su esquina fue, tácticamente, impecable para paliar el ataque por parte de Gennady. 

Frente a la realidad de la situación, la superioridad del mexicano en una noche brillante para él y los miles de ciudadanos procedentes del país azteca que se reunían, Gennady Golovkin tiró del componente clave de un púgil en sus últimos años: la garra, el corazón y el alma de campeón que al kazajo le caracteriza. Un nudo en la garganta fue lo que los allí presentes tuvieron por momentos en las rondas de campeonato de la contienda. La 'Triple G' parecía despertar, y supo poner en aprietos a un Canelo Álvarez que parecía acusar aquellos síntomas de fatiga que llevan persiguiéndolo durante sus últimos combates. 

El kazajo pagó con derrota una reacción tardía

Apenas parecía haber respuesta para la ofensiva del de Karagandá, pero ya era demasiado tarde. Pese a ello, los amantes del boxeo pudieron presenciar cómo uno de los más importantes boxeadores del último siglo acababa de pie un combate en el que las casas de apuestas no le daban opción alguna de competir en este enfrentamiento. Cuestionaron el trabajo de su nueva esquina, con Johnathon Banks a la cabeza y sus habilidades como boxeador. Pareció que al aficionado se le olvidó lo dominante que Golovkin es, ha sido y fue en una división donde su propia promotora no encontraba rivales para el mismo debido al increíble récord que ostenta. 

El ocaso del mejor boxeador procedente de Kazajistán parece estar a la vuelta de la esquina, pero es él mismo el encargado de disipar estos rumores y pretensiones por parte de los entendidos del boxeo: "Claro que voy a continuar con mi carrera. Yo tengo los cinturones de campeón mundial en las 160 libras, así que olvídense de que me vaya a retirar", declaró Golovkin minutos posteriores a la conclusión de la pelea. La realidad es que ya hubo una intentona de retiro por parte de Gennady hace tres años, pero cuando todos preparaban una cálida despedida regresó, no de la mejor manera, pero lo hizo. Y en la noche de sábado estaba plantado ahí, en uno de los más grandes escenarios en su carrera, con más cosas que perder que ganar. En definitiva, con un legado en juego.

Ese mismo legado que tras el resultado de esta última pelea puede ponerse en tela de juicio, pero nunca dar por perdido. Al sonar la campana al final del doceavo asalto la sensación con el kazajo fue algo más, fue una sensación de que, a pesar de haber pagado con creces los efectos de la edad, el valor y la entereza que un púgil cualquiera de 19 años pudiera tener estaba presente en el cuerpo de Gennady Golovkin para darle un tiro de gracia que, a pesar de no haberse aprovechado y haber fallado en su disparo debido a la tan difícil presa que tenía en frente, le sirvió para que el T-Mobile Arena cayera rendida al servicio prestado este 17 de septiembre por el de Kazajistán. 

 

Una trilogía marcada por lo que pudo haber sido

Pese a su tardía celebración, esta serie de tres pelas concluye con el Canelo Álvarez como ganador, pero con una sensación de no haber sacado provecho de la misma. ¿Quizá ha sido celebrada demasiado tarde? O lo que puede ser cuestionado también, ¿el prime de Golovkin no se subió en esta tercera pelea al ring? Nunca podrá saberse. Solo queda hoy, en el día después, un trío de combates excepcionales, con dos guerreros que dejaron atrás todo aquello que pudiera interferir en su preparación para sacar lo mejor de sí y poder demostrar al mundo que no existía discusión, que los dos mejores peso mediano de la historia, estaban ahí para conseguir el trono definitivo en la división y poder pasar a la historia. Y es que sería egoísta no compartir el mismo, porque Gennady Golovkin será siempre lo que toda su carrera ha sido, un verdadero campeón.

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