Esclavos de la historia
Nadal celebra su triunfo en cuartos de final ante Nalbandian.

Cada golpe de David Nalbandian es un recuerdo guardado bajo llave. Cada ángulo trazado, un desafío a la geometría. No empuña una raqueta, sino una varita. Y con ella, fijo en la pista, mueve a su antojo a Rafael Nadal, que tuerce el gesto cuando se acerca al abismo (4-6, 4-5 y 0-30). El partido está en su delicada muñeca. Pero algo sucede. El brazo tiembla y la red gana altura. Se suceden los despistes, dándole vida a un hombre que devora cada migaja. Así, Nalbandian cede la iniciativa, los dos servicios siguientes y finalmente el partido por 4-6, 7-5 y 6-4 ante un Nadal que vuelve a escapar de sus garras como lo hiciera en los octavos de final de 2009, donde llegó a levantarle hasta cinco bolas de partido. Que crece en el alambre para llegar hasta Roger Federer en semifinales, una cita de la que no se ausenta aquí en Indian Wells desde la edición de 2006.

Porque fue esa victoria escrita en roja sangre de hace ya tres años la que cambió el curso de esta rivalidad. Antes, en 2007, el argentino le negó el paso en Madrid y París, dejándole apenas siete juegos en su casillero en el cómputo global. Aunque desde el reencuentro posterior en el desierto californiano no ha vuelto a superarle (4 triunfos ajustados para el español). Y es que cada vez que Nalbandian tiene a un jugador del Top-3 a su merced, sufre de vértigo (no gana a ninguno desde hace cinco temporadas). Ante Nadal, todo estaba en su mano. Primero, porque sus múltiples recursos surtían efecto. Y segundo, porque el balear contribuía en la causa, tan descoordinado como irregular (computó 39 errores no forzados, una barbaridad). Incluso se vio por los suelos tras un mal apoyo que cerca estuvo de costarle un nuevo ‘break’ (15-40) al inicio de la segunda manga.

A remolque, Nadal fue aliándose al servicio y a las aventuras a la red. Aceptó los respiros de Nalbandian, que nunca se prodigó por unas piernas infinitas, y aprovechó uno de sus disparos al pie. Con 5-5, el cordobés encadenó una volea larga, una dejada a destiempo y una doble falta que reavivaron la mecha del número dos del mundo, quién abrió la herida hasta servir (5-2) para cerrar el partido. Aunque se produjo la misma nota negativa que le persigue a lo largo del año. Nadal tiembla en el penúltimo paso, como ya le sucediera en las rondas precedentes ante Mayer y Granollers. Regaló su segundo servicio en lo que va de torneo y añadió sudores y esfuerzos de más para recuperar dos nuevas opciones de ‘break’ en el décimo y último juego.

Ahora, consciente de las dos horas y 40 minutos de carreras y fatigas, afrontará en semifinales ante Federer (que venció previamente por 6-3 y 6-2 a Juan Martín del Potro) su vigésimo octavo duelo particular (19-8 para el manacorense). Todo un clásico que medirá el momento de cada uno. El suizo, más fresco, se mantiene invicto (13-0) desde el último precedente entre ambos en Melbourne Park. Pero en Indian Wells, Nadal juega con los elementos de su lado. Al aire libre, no pierde con Federer en los dos últimos años y medio, desde Madrid en 2009.

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