Rublev estrena su palmarés en Quimper
Fotografía: Challenger de Quimper

El tenis comienza a vivir su particular revolución. En otra galaxia diferente a la de Djokovic, los teenagers comienzan a mover ficha. Los imberbes de la raqueta se han empeñado en demostrar que hay vida después del big four, y parece que van por el buen camino.

Tras el fenómeno Taylor Fritz y la demostración de madurez y pundonor protagonizada por Alecander Zverev ante Berdych en la Davis, Andrey Rublev ha sido el último protagonista entre las promesas del futuro.

Aún en edad junior, el tenista ruso ha inaugurado hoy su palmarés en la ATP, más concretamente en el circuito Challenger. La región francesa de Quimper ha sido testigo de honor del bautismo de un jugador que tiene mucho que decir en el futuro.

El bautismo del villano

Aunque había despuntado ya en el circuito junior, el nombre de Andrey Rublev comenzó a hacerse un hueco entre el gran público tras derrotar a Fernando Verdasco en el Conde de Godó. Su posterior protagonismo en la fatídica eliminatoria de Copa Davis ante España en Vladivostok, terminó de forjar su imágen de villano, especialmente en la "piel de toro".

Sin embargo, aquella emergente figura pareció ser flor de un día, y el bueno de Andrey tuvo que volver a bajar al barro, llegando incluso a jugar varios torneos futures.

Andrey Rublev (Fotografía: zimbio.com)

Un buen arranque de año en Chennai, donde llegó a octavos, otorgó al ruso un nuevo impulso en su carrera, que ha culminado hoy con la conquista de su primer título Challenger.

Victoria en casa del enemigo

El triunfo en la final de hoy tiene doble mérito por la forma en la que se ha producido: remontando ante el principal favorito, que para más inri era un jugador local.

Paul-Henri Mathieu llegaba al último partido del torneo como claro favorito. Su mejor ranking y la experiencia de todo un veterano, eran los argumentos del galo contra un jugador 16 años menor que él.

Paul-Henri Mathieu (Fotografía: Challenger de Quimper)

Un igualadísimo primer set terminó cayendo del lado francés, y cuando parecía que Rublev podía venirse abajo, el ruso destapó el tarro de las esencias. Sus golpes comenzaron a desbordar con asiduidad al veterano Mathieu, que con gesto de impotencia solo pudo ser el invitado de honor a la fiesta de Rublev. Un doble 6-4 firmaba la remontada y el primer título en las vitrinas del soviético.

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