Rugido Monumental
Alegría tigrense, desazón riverplatense. (Foto: Prensa CAT).

En noviembre del año pasado, luego de una heroica remontada final, Tigre volvía a la máxima división del fútbol argentino con una clara premisa: no pensar en los promedios ni en la permanencia, sino ser protagonista. Protagonista como lo fue aquel junio en Córdoba, dejando con la medalla de plata a Boca. Protagonista como lo fue anoche en el Monumental, ante 72.000 espectadores, dejando en el camino nada menos que al gran candidato, River, impotente en su propia casa.

El Matador no llegaba de la mejor forma a este compromiso por los cuartos de final de la Copa Binance: venía de una dura caída ante el Xeneize en el Coliseo y había perdido tres de los últimos cuatro partidos jugados. Un nivel que obligó a Diego Martínez a mover piezas, entre ellas, nada menos que al goleador, Pablo Magnín, que ahora pelea desde atrás. Sin embargo, dice el dicho, "no está muerto quien pelea". No para nada fácil plantarse ante el Millonario, en un contexto históricamente hostil para los de Victoria, contra el elenco de Marcelo Gallardo, quien había reservado a todos los titulares exclusivamente para este duelo mano a mano. Y Tigre sacó adelante, a pura garra y corazón.

En los primeros instantes del cotejo, en la noche de Núñez, la visita ya se plantaba en campo visitante, sin especular ni tirarse atrás. Primero, Mateo Retegui hizo lucirse a Franco Armani con una atajada espectacular. Pero, a los 4 minutos, el primer grito en el estadio fue tigrense: centro desde la izquierda  para que el propio Retegui, de cabeza y marcado por los centrales, conectara para colocarla a un palo, imposible para el arquero de River. El Chapita, quien ya le había convertido a Central Córdoba e Independiente, empezaba a demostrar por qué dejó a Magnín en el banco y a pagar con creces la confianza del DT.

Durante toda la primera etapa, los nervios y la desesperación del local jugaron a favor de Victoria. Incluso, Tigre podía haber aumentado la ventaja, pero no estuvo preciso para conectar y se topó con Armani, el más seguro de una defensa que tuvo una mala noche para La Banda. Firme en todas sus líneas, el Matador llegaba al descanso con una ventaja merecida.

En los últimos tres años, Tigre eliminó de copas nacionales a Racing, Boca, Independiente y River.

Como era de esperar, en el complemento, River se despertó: empezó a tener la pelota, a ocupar los espacios, a obligar a Tigre a replegarse y apostar al contragolpe y así, con un golazo de Enzo Fernández, llegaba a la igualdad, y parecía que lo daba vuelta. No obstante, la noche era azul francia y rojo bermellón: un grosero error en el fondo de Paulo Díaz fue aprovechado por Facundo Colidio,, que tomó el esférico, entró al área y definió con la clase que lo caracteriza para enmudecer al Monumental, en el momento de más jolgorio del cuadro anfitrión. El ex Boca, que le había convertido a Platense, marcaba así el tanto más importante de su carrera hasta el momento.

En el lapso final, Martínez decidió resguardar el resultado y puso a Nicolás Demartini para ayudar a Víctor Cabrera y Abel Luciatti, dos fieras en el fondo que sacaron absolutamente todo, más la recuperación del incansable capitán, Sebastián Prediger; sin olvidarse de Gonzalo Marinelli, que respondió cuando todo River se venía en tropa en búsqueda de ese segundo gol que nunca llegó.

Cuando Fernando Espinoza hizo sonar su silbato, fue todo desahogo matador. No solo por el triunfazo de visitante ante el último campeón del fútbol argentino, sino por la forma: fue inteligente, práctico, solidario y efectivo. Fue el segundo éxito al hilo en Núñez, pero, a diferencia de aquella tarde abril de 2019 que fue la condena a jugar dos años en la Primera Nacional, esta vez fue para seguir en carrera en la Copa de la Liga. De meterse entre los cuatro mejores equipos de la máxima divisional. De estar a 90 minutos de otra final. De soñar con la segunda estrella. 

Se viene Argentinos Juniors, que dio otro batacazo al dejar en el camino a Estudiantes. El próximo sábado, a las 16, en el estadio Tomás Adolfo Ducó. ¿Quién le quita la ilusión a los matadores, que demostraron que están para grandes cosas?

River 1 - Tigre 2

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