La vista atrás: final Copa del Rey 1981
Once del Sporting en la final de Copa de 1981. (Foto: Web del Sporting de Gijón)

76 años de existencia acumulaba el Sporting en 1981. 76 años compitiendo por ascender unas veces, por el descenso otras, o incluso por el pequeño éxito que significaba terminar una temporada en mitad de tabla en Primera. En el mundo del fútbol, los títulos están hechos para los grandes, para esos equipos de estrellas que si a final de temporada, no tienen una nueva pieza que añadir a sus vitrinas, destituyen a su entrenador. La oportunidad de redención de los "pequeños", concretamente del Sporting, iba a llegar a comienzos de los ochenta, con el club asturiano catalogado como "el matagrandes", venciendo a rivales de entidad como Real Madrid, Barcelona o Real Sociedad.

Un año para ser optimista

La temporada empezó de manera optimista, ya que los hombres de Vicente Miera, habían logrado la anterior campaña acabar en tercera posición en la Liga, lo que les permitiría jugar Copa de la UEFA el siguiente año -por aquel entonces solo conseguía el pase a la Copa de Europa el primer clasificado-. El objetivo de la temporada era claro, repetir los éxitos del año anterior y cuajar un buen papel en la UEFA. El primer logro no se consiguió, pues el equipo, aunque siempre estuvo lejos de los puestos de descenso, no estuvo a la altura de Real Sociedad, Real Madrid y Atlético, clubes que dominarían la competición. En el trofeo europeo, las cosas fueron aún peor. El Sporting iba a caer en primera ronda ante el Bohemians checo, por un global de cuatro goles a tres.

Ante un panorama nada esperanzador, los rojiblancos pusieron sus miras en la Copa del Rey. El comienzo fue sencillo, con las victorias ante Turón, Ponferradina y Levante. De esta manera, el Sporting se plantaba en cuartos de final, donde esperaba el Real Madrid. Lo épico de esta eliminatoria, será relatado en capítulos venideros. El Sporting iba a batir a los blancos por 2-3 en el Estadio Santiago Bernabéu, tras el empate a uno en la ida en Gijón. Las semifinales tampoco serían sencillas, pero el Sporting estaba lanzado, y supero de manera clara al Sevilla, plantándose de esta manera en la final, la primera en la historia de los asturianos.

El Barça de Helenio Herrera, el rival

Su rival no era un club inexperto en este tipo de partidos, ni mucho menos. El FC Barcelona lograba el pase a su vigésimo quinta final, habiendo ganado ya por aquel entonces 18. La balanza estaba desequilibrada, pero los de Miera confiaban en que a un partido, todo es posible. Y con esta filosofía salieron los once rojiblancos al Calderón, con una alineación compuesta por Jesús Castro, Redondo, Manolo Jiménez, Maceda, Cundi, Álvarez Uría, Ciriaco Cano, Mesa, Joaquín, Abel Díez y Ferrero. Ante ellos, hombre de la talla de Schuster, Alexanco, Allan Simonsen y un delantero que era familiar para todo sportinguista, Quini.

Fue este precisamente el que abrió el marcado en el minuto 45, justo al borde del descanso. En la reanudación el Sporting puso toda la carne en el asador, logrando empatar con un tanto del defensa central Maceda. Poco duró la alegría, ya que Quini de nuevo, volvió a batir a su hermano Jesús Castro diez minutos después. El Sporting veía como poco a poco se le escapaba una ocasión de hacer historia, y más aún cuando Esteban Vigo hacía el tercero y sentenciaba la final. El marcador no se movería, y Antoni Olmo alzaría la copa al cielo de Madrid aquel 18 de junio de 1981.

El recuerdo de todo aficionado al Sporting que presenció aquella final es malo. Nunca se está satisfecho cuando pierdes una final, y menos si es a manos de un jugador criado en tu cantera y que tantas alegrías había dado en el pasado a la parroquia rojiblanca. Pero con el tiempo, el mérito de aquellos jugadores y cuerpo técnico sobresale por encima de la derrota, porque aunque en esa ocasión David no venció a Goliath, le plantó cara, y le hizo esforzarse al 100%, no dando el partido por perdido en ningún momento. Todo un máster de como deben afrontarse las finales.

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