El avión del Cholo sigue en el cielo europeo
Fuente: www.atleticodemadrid.com

A seguir volando, el enésimo milagro de la cuadrilla de Simeone, que volvió a obrar lo que muchos no creían posible. Se orquestó lo improbable y el Atlético venció haciendo honor a su estilo. De macarras y heroicas maneras pasó a octavos de Champions League y, un año más, -a costa de todos aquellos que ya se preparaban para bailar sobre su tumba- vuelve a estar entre los dieciséis mejores de Europa. No es moco de pavo, pues el técnico porteño lo ha logrado en siete de ocho temporadas disputando la máxima competición continental. Lo que ocurra a partir de ahora ya es otra empresa. Todo ello después de ver sobre el césped, durante esta fase de grupos, al peor Atleti en los últimos años. Teniendo la supuesta mejor plantilla en la historia del club, el colchonero de a pie volvió a sufrir los clásicos altibajos cardíacos a los que esta banda de aguerridos canallas nos tienen ya más que acostumbrados. Da igual quien vista la camiseta, la historia nunca cambia. 

“Oporto, por lo civil o por lo criminal” rezaba una pancarta. Alto y claro, dicho y hecho. Cuando iban 0-1 Otávio calentó a Carrasco y este cayó en la tentación. A la calle. Innecesario, sí. Tres minutos después, Cunha colaboró para equilibrar la balanza. Se le ven maneras de rojiblanco. Y ahí, de repente, cambió por completo el partido. Lo que hasta el momento había sido un dominio innegable del Oporto se tornó en una épica gesta continental del Atleti. Si algo caracteriza a la saga del Cholo es que los jugadores visten la camiseta durante más años que antaño e, indudablemente, eso hace familia y siembra costumbre. Esta pandilla sabe torear en grandes plazas y, con el tiempo, la casta ha calado en los corazones. Que no se olviden de donde se han hecho grandes y como han llegado hasta aquí.

El Atleti sufrió, no cabe duda, despachando un pobre juego hasta el descanso, pero el fútbol se toma la justicia por su mano. Los de Simeone se han graduado siguiendo las reglas y muy condicionados por decisiones arbitrales tanto desfavorables como favorables -véase la expulsión de Griezmann y compárese con las acciones de Ibrahimovic o Diogo Jota; o la de Kessie, por otro lado-. A los hechos, el equipo cumplió con su obligación previa: pasar de ronda. En un deporte donde nada es seguro, partir como cabeza de serie suele ir de la mano con el imperativo de clasificarse. 

Se puede afirmar con gran seguridad que, esta vez, Simeone ha salvado su puesto por los pelos como nunca. No se vio una presión igual en la reciente década y, si bien fue cuestionado en varias ocasiones, ni de lejos como en las últimas semanas. Precisamente por la escasez de un atributo ‘made in’ Cholo: identidad, la cual sacó el equipo a relucir cuando se asomaba al infierno en el definitivo ‘match ball’. Así las cosas y, exceptuando un puñado de minutos estelares ante el Liverpool en el Metropolitano, un Atlético de Aviación contra las cuerdas convalida un arreón final y migajas de buena y mala fortuna para estar, un año más, volando entre la élite del viejo continente. El viaje continúa. Abróchense los cinturones por si vienen más turbulencias y disfruten de las vistas.

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