Contracrónica. Ganando batallas, mirando de lejos la guerra

Los amarillos lograron un punto que sabe a gloria y que permite seguir con la esperanza de lograr la ansiada permanencia.

Contracrónica. Ganando batallas, mirando de lejos la guerra
Gálvez pujando con Aduriz // udlaspalmas.es

Algo cambia desde el momento en el que se comienza a sentir que algo modifica una rutina. El invierno está siendo mas frío de lo normal y la gente lo nota. Del mismo modo, Paco Jeméz ha vuelto a tildar ese cambio de temperatura en el conjunto grancanario, que hace un par de semanas, moría congelado de frío en Montilivi frente al Girona, sin agua ni comida, pero sobre todo sin nada de abrigo. Con el paso de las semanas el equipo ha vuelto a recuperar ese complejo de Vitamina D que aportaba esa luz solar que tanto ansiaba. Siete puntos de 12 posibles, que hacen creer más allá de los milagros.

El primero de los cambios se produce en la garra y el sacrificio. El luchar cada bola como si de una vida se tratara. Al fin y al cabo eso es el fútbol. Y el fútbol, se ama y, por tanto, se lucha por él. El cambio de mentalidad ha propiciado que propios y extraños empiecen a creer en un imposible que hace un mes no tenía mucha diferencia con el desenlace del Titanic. Los jugadores están metidos, y saben que un mínimo fallo puede hacer que pasen los 90 minutos en la banqueta. Prueba de ello ocurrió con Hernán Toledo, que fue sustituído en el transcurso de la primera mitad. El sargento Jémez viene a la carga, y tiene claro que esta guerra se va a conquistar.

Otro de los puntos de cambio ha sido el cerrojo en la portería. Con la duda en los primeros encuentros sobre quién ocuparía el marco de la UD Las Palmas, Leandro Chichizola se ha encomendado la labor de dejar oculta la red. Antes, hasta un benjamín lograba batir a un equipo que carecía de línea defensiva. Pero como se ve, todo se acaba sacando con oficio y trabajo. En los últimos partidos, los amarillos no encajan ni una cuarta parte de los goles que recibía en el primer tramo de temporada. Y eso, como en la noche de ayer, era algo casi inimaginable.

El único matiz que falta aún por pulir, sin la llegada de ningún refuerzo en esa posición, es la delantera y el olfato de gol. La UD defiende, no encaja, consigue puntos que le dan vida, pero no marca lo que se le pone delante. Jonathan Calleri sigue estando muy sólo en una desmarcación que ansia de oportunidades, de saber estar, de tener paciencia y de dar la satisfacción de dar a tu equipo un elixir en el objetivo que se plantean.

Todavía queda mucho, pero, tras el partido de San Mamés, la UD está un poquito más cerca del milagro.