Desequilibrados

Nicolás Sánchez, próximo a partir rumbo al Stade Français, es tacleado por Arthur Iturria. ¿Se lo extrañará? ¿Pregunta o afirmación? Crédito: UAR.

Desequilibrados

A casi dos días de consumada la caída por 28-13 ante Francia, en Lille, es momento de analizar qué ocurre con los Pumas de Mario Ledesma, quienes corren contrarreloj aún sin hallar su identidad. El próximo sábado, en Edimburgo, batallarán contra Escocia en lo que será el tercer y último test match del año.

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Santiago Ángel

Pablo Matera, nuevo capitán del seleccionado nacional y uno de los puntos altos que ha tenido la UAR en estos últimos años, despeja la guinda bien lejos, casi por instinto… o tal vez por falta de ideas. Las agujas se mueven y al cruce en el Pierre-Mauroy le quedan pocos minutos. El triunfo francés ya es un hecho. No hay mucho para hacer. En vez de construir, los Pumas continúan autodestruyéndose.

En un párrafo, el resumen del estado psicológico de un equipo que se esfumó en la segunda etapa. Que pasó de tener un inicio de partido sensacional a deambular por el campo de juego en los minutos finales. Sin rumbo, sin liderazgo y, principalmente, sin ganas de seguir yendo hacia al frente. Y no es culpa de Matera, quien en estos dos primeros como portador del brazalete no ha logrado mostrar su mejor cara. Tampoco del resto de los jugadores. Y mucho, mucho menos de Mario Ledesma, quien desde el inicio del reciente Rugby Championship ha tomado el bastón albiceleste luego de un fugaz pero inolvidable paso por Jaguares, un conjunto que, en pocas palabras, le permitió llegar al máximo trono que tiene el rugby argentino. Y es que haber llegado a los playoffs del Super Rugby por primera vez en la historia era, sin duda alguna, motivo suficiente como para darle el voto de confianza. Y no es que haya defraudado. Los motivos de las constantes recaídas son, según la perspectiva de quien escribe estas líneas, ajenas a su staff.

Para analizar por qué ocurre esta situación, ustedes, como lectores, deben saber que la situación no es nueva ni se ha dado por arte de magia. Desde que culminó el Mundial del 2015, nuestro rugby profesional, con los Pumas como mayor vidriera para propios (jugadores, entrenadores, medios de comunicación locales y fanáticos, entre otros) y ajenos (rivales y prensa internacional, mayormente), ha padecido un largo pero importante golpe de timón. En 2016, meses después de que el selectivo mayor culminó en el cuarto lugar de la cita mundialista celebrada en Inglaterra y Gales, surgieron dos nuevos equipos: Jaguares, en el Super Rugby, y Argentina XV, en la Americas Rugby Championship y Americas Pacific Challenge. Si bien a largo plazo, bien ejecutado, el nuevo sistema luce genial, en la práctica actual evidencia deficiencias inevitables, como algunos yerros en la planificación (entendible si se tiene en cuenta que, en comparación con las grandes naciones del famoso tier one, Argentina es un bebé que recién comienza a gatear), por ejemplo, y otros, en cambio, completamente evitables. Uno de ellos, la insólita restricción sin cláusula alguna para aquellos jugadores que militan en el extranjero.

Esta medida, creada durante la gestión de Carlos Araujo y sostenida por Marcelo Rodríguez, actual presidente de la Unión, tiene como propósito retener en el hemisferio sur al material de élite con el que cuentan Ledesma y compañía. Es decir, evitar un éxodo masivo. En parte, si uno se tapa alguno de sus ojos, la determinación no es errónea. Aquel que esté en Europa, salvo excepciones, no puede jugar en los Pumas. Así, lisa y llanamente. Ese, hasta aquí, ha sido el lema que predican desde Dardo Rocha 2950, Martínez, en uno de los sectores más coquetos del norte del conurbano bonaerense. El problema surge en el cómo. Apelando a la falta de idoneidad para tomar decisiones realmente importantes, la cúpula, en primera instancia, decidió, creyéndose estar a la par del circuito ovalado neozelandés, relanzarse a la élite sin ningún tipo de letra chica que permita excepciones. Así, con resultados magros durante casi dos años, los denominados blazers tuvieron que repensar el futuro y optaron, en consenso con Daniel Hourcade y posteriormente con el mismísimo Ledesma, por la posibilidad de dejar sin efecto el cepo solo en condiciones extraordinarias: la primera y más entendible, en caso de lesiones, como ocurrió con el llamado a Facundo Bosch, hooker del Agen francés, que llegó tras la lesión que padeció Julián Montoya en el inicio del Rugby Championship; en segundo lugar, y más contradictorio, si quienes encabezan el grupo consideran que en uno o varios puestos carecen de opciones, tal como ocurrió hace días nomás con la irrupción de Mariano Galarza, segunda línea del Bourdeaux-Bégles galo, quien arribó a París debido al regreso a la Argentina por parte de Marcos Kremer. Esto, en definitiva, demuestra la poca credibilidad de la norma actual. Si uno se fija por rendimientos, claro que haber escogido a Galarza tiene sentido, pero, basándose en lo que declara la UAR, no: ¿Creen en jóvenes como Franco Molina o Ignacio Larrague, por solo nombrar a dos de los que habitualmente forman parte de Argentina XV?

Pero la misma situación, con otro contexto y sin tener que recurrir al viejo continente, ocurre con el sustituto de Nicolás Sánchez, quien post juego contra Barbarians, el próximo sábado 1° de diciembre en Londres, dejará de estar vinculado con la Unión para pasar a ser miembro del Stade Français. Lo trístemente novedoso es que a más de tres años del éxito rotundo que resultó el trofeo William Webb Ellis en tierra británica aún no haya un reemplazo para el apertura surgido en Tucumán Lawn Tennis Club. ¿Por qué? Esa pregunta, en todo caso, deberán hacérsela a los encargados de manejar el Plan de Alto Rendimiento (PLADAR) y a quienes han tomado las riendas de los representativos nacionales durante las últimas temporadas. A Joaquín Díaz Bonilla, una de las máximas figuras dentro del plano doméstico jamás se le han dado oportunidades reales de demostrar de qué está hecho. Algunos minutos con Jaguares en el Super Rugby y un puñado más con la indumentaria puma figuran en su currículum. No mucho más. ¿Domingo Miotti? Tampoco. Es cierto que tuvo algunas lesiones que frenaron su crecimiento, pero todavía no se lo ha exprimido al 100 %.

Todo esto, sumado al cambio de mando entre Hourcade y Ledesma más la nueva impronta que este último le intenta otorgar, ha sido un cimbronazo para estos Pumas. A veces, positivo, como ocurrió contra Sudáfrica en Mendoza, donde los elegidos para dicha contienda lograron lucirse ante uno de los cuatro grandes exponentes actuales. Y podríamos sumar al fantástico primer tiempo frente a Australia, en Salta, a la valiente actuación que valió una victoria en Gold Coast contra esos Wallabies un par de semanas antes, a lo hecho contra Nueva Zelanda en Nelson y, previamente, con la pilcha de Jaguares, a la gira por Oceanía en la que finiquitaron su labor de manera invicta (incluyendo festejos en el Eden Park de Auckland y en Rotorua sobre Blues y Chiefs, respectivamente) y en el espectáculo brindado sobre el campo de juego del Amalfitani ante Bulls; pero, en otras ocasiones, muy negativo, como sucedió frente a Nueva Zelanda en Liniers, en la segunda parte del juego contra los aussies en el Padre Martearena y, obviamente, en estos irrespetuosos cuarenta minutos finales que le permitió a Les Bleus sonreír en un encuentro que tranquilamente pudo haber acabado con la balanza decantándose a favor de la Argentina.

Así están los Pumas. Desequilibrados por el descontrol dirigencial, pero también por no poder encontrarse constantemente a sí mismo. En fin, desequilibrados. Aún hay tiempo para equilibrarse. Diez meses. Eso es lo que falta para que Japón 2019 pase a ser un hecho, para que Inglaterra, en Tokio, asome en el paisaje y nos arroje, al fin y al cabo, el primero de los grandes resultados de estos cuatro años. Y, por otro lado, para tapar el sol con las manos. Si creemos que todo lo que se ha hecho mal en los últimos años se podrá arreglar en un abrir y cerrar de ojos, el camino nos llevará, como de costumbre, a un sitio sin salida. ¿Cómo vamos a volver a ser competitivos en el scrum si la propia UAR le resta importancia a partir de reglamentaciones absurdas “con el fin de cuidar al deportista” cuando se debe educar, concientizar y, en el peor de los casos, sancionar a los infractores? No se pueden pedir soluciones mágicas, y mucho menos a jóvenes como Santiago Medrano o Lucio Sordoni, quienes actualmente transitan sus primeros momentos en el alto nivel. ¿Y cómo podemos llegar a pensar que con los tan mencionados “europeos” podemos cambiar radicalmente el panorama? Con ellos se puede evolucionar, esto está claro, pero, a largo plazo, dejará de ser una solución. Puede servir para el Mundial que se avecina, para volver a asentarse entre los ocho mejores de este deporte, pero no si lo que se busca es convertirse, de una vez por todas, en una verdadera potencia. Y tampoco lo seremos siendo soberbios al ponerse a la altura de una mega-nación como Nueva Zelanda. Hoy, tal vez, lo más apropiado sería seguir dándole crédito a nuestro sistema actual, pero con una cláusula. Clara, sin hipocresía, y que todos, protagonistas y espectadores, sepan cómo funciona y cuál es el propósito. Y seguir buscando torneos para desarrollarse. Uno de ellos, que continúa horneándose, la Currie Cup…

Formaciones y datos del partido:

Francia (28): 15- Máxime Médard; 14- Teddy Thomas; 13- Mathieu Bastareaud y 12- Gael Fickou; 11- Yoann Huget; 10- Camille Lopez y 9- Baptiste Serin; 8- Louis Picamoles, 7- Arthur Iturria y 6- Wenceslas Lauret; 5- Yoann Maestri y 4- Sebastien Vahaamahina: 3- Cedate Gomes Sa, 2- Guilhem Guirado y 1- Jefferson Poirot.

Ingresaron: 16- Camille Chat, 17- Danny Priso, 18- Rabah Slimani, 19-Paul Gabrillagues, 20- Mathieu Babillot, 21- Antoine Dupont, 22- Anthony Belleau y 23- Benjamin Fall.

Entrenador: Jacques Brunel.

Argentina (13): 15- Emiliano Boffelli; 14- Bautista Delguy; 13- Matías Orlando y 12- Jerónimo de la Fuente; 11- Ramiro Moyano; 10- Nicolás Sánchez y 9- Gonzalo Bertranou; 8- Javier Ortega Desio, 7- Guido Petti y 6- Pablo Matera (C); 5- Tomás Lavanini y 4- Matías Alemanno; 3- Santiago Medrano, 2- Agustín Creevy y 1- Santiago García Botta.

Ingresaron: 16- Julián Montoya, 17- Juan Pablo Zeiss, 18- Lucio Sordoni, 19- Mariano Galarza, 20- Rodrigo Bruni, 21- Tomás Lezana, 22- Tomás Cubelli y 23- Matías Moroni.

Entrenador: Mario Ledesma.

Puntos en el primer tiempo: 1´ Try de Ramiro Moyano convertido por Nicolás Sánchez (Francia 0-7 Argentina). 7´ Penal de Baptiste Serin (Francia 3-7 Argentina). 9´ Penal de Nicolás Sánchez (Francia 3-10 Argentina). 25´ Try de Teddy Thomas (Francia 8-10 Argentina). 32´ Penal de Baptiste Serin (Francia 11-10 Argentina).

Puntos en el segundo tiempo: 5´ Penal de Nicolás Sánchez (Francia 11-13 Argentina). 8´ Try de Teddy Thomas convertido por Baptiste Serin (Francia 18-13 Argentina). 27´ Penal de Baptiste Serin (Francia 21-13 Argentina). 29´ Try de Guilhem Guirado convertido por Baptiste Serin (Francia 28-13 Argentina).

Árbitro: Glen Jackson (Nueva Zelanda).

Jueces de touch: Matthew Carley (Inglaterra) e Ian Davies (Gales).

Asistente de video: David Grashoff (Inglaterra).

Estadio: Pierre-Mauroy (Lille).

 

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