Ricardo Martínez, el portero que encandiló al mismísimo Zamora
Ricardo Martínez en su época como guardameta del Real Santander. Foto: Cedida por José Manuel Holgado y Raúl Gómez Samperio.

Ricardo Martínez, el portero que encandiló al mismísimo Zamora

Esta es la historia de uno de esos futbolistas, que aunque desconocido para la gran mayoría, escribió una página en la historia centenaria del club de su tierra, el Real Racing Club de Santander; un jornalero del mundo del balón, que marcó mi existencia y que esté donde esté siempre me acompañará en mi recuerdo y en mi corazón. Esta es la historia de mi abuelo y éste mi más sincero y sentido homenaje.

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Santiago Icigar

Un ya lejano 3 de noviembre de 1915, nació en la localidad cántabra de El Astillero, Ricardo Martínez Serrano, un niño destinado a escribir una página en la centenaria historia del club de su tierra y de su corazón, el Real Racing Club de Santander.

“Cardín”, como era conocido en el mundo del fútbol, se sintió atraído desde muy pequeño por el balompié y sobre todo, por la posición de portero, debido especialmente a su gran envergadura para la época, su seguridad bajo los palos, en unos tiempos en los que estaba permitido cargar contra el portero incluso en el área chica y por su gran potencia y agilidad, casi rozando lo felino.

Sus primeras patadas a un balón  las dio siendo un crío en El Astillero - pueblo futbolero por excelencia, cuna de dos grandes como Paco Gento y Manolo Preciado – jugando partidillos contra los ingleses que desembarcaban mineral de hierro en la ría astillerense.

El fútbol corría por sus venas, quizás motivado por su condición de sobrino de Tomás Benavente, uno de los fundadores de la SD Unión Club de Astillero.

Sus inicios en balompié

A la tierna edad de 11 años, Martínez engrosaba las filas del Astillero FC, equipo en el que permaneció durante dos años, antes de fichar por el Villaescusa FC.

En su nuevo equipo, Ricardo era el más joven con diferencia de la plantilla, jugando junto a futbolistas mucho más mayores y curtidos que el jovencísimo cancerbero, muchos de ellos incluso ya habían cumplido el servicio militar. Con ellos llegó a proclamarse subcampeón de la categoría regional, contra equipos de Selaya, Sarón o Pontejos.

Con 14 años, fichó por la SD Unión Club de Astillero, para formar parte de su equipo infantil. Cuatro años más tarde, levantaba el título de campeón de la Copa de Cantabria, como portero titular del equipo astillerense.

Una carrera marcada por la tragedia de la guerra

Su gran proyección en el mundo del fútbol se vería radicalmente interrumpida con el estallido en nuestro país, de la guerra civil. Como a tantos jóvenes españoles de aquella época sus sueños de convertirse en jugador profesional se vieron truncados por una guerra entre hermanos y de la que todavía hoy en día suenan ecos del horror vivido en aquellos años.

Ricardo fue hecho prisionero en una emboscada llevada a cabo por el bando nacional y enviado como preso político a prisión, entre los años 1938 y 1942; siendo trasladado de una prisión a otra en lugares tan diferentes como Córdoba, Madrid y Cantabria.

Durante esos 4 largos años en prisión, dedicó su tiempo a aprender el oficio de ebanista, que se convertiría en los años venideros en su gran pasión fuera del mundo del fútbol.

En prisión continuó jugando al fútbol con otros presos de distintas condiciones, con el fin de mantenerse activo a pesar de las circunstancias ajenas a su voluntad.

Contaba el propio Ricardo, que estando todavía en prisión, le llegó la oportunidad de hacer una prueba para jugar en el Atlético Aviación, como era conocido en aquella época el hoy Atlético de Madrid. La sorpresa se la llevó cuando se percató de que el encargado de supervisar la prueba, era el mítico guardameta Ricardo Zamora, apodado en su época “El Divino” y que durante los años 20 y 30 fue considerado como uno de los mejores jugadores del mundo, además de ser el primer portero mediático de la historia del fútbol español, jugando en equipos como el RCD Espanyol, el Real Madrid, el FC Barcelona y el OGC Niza.

En aquella época, Zamora era el entrenador del Atlético de Aviación, con quienes había conquistado 2 Ligas consecutivas ( 39-40 y 40-41 ), demostrando que era casi tan buen técnico como jugador.

El joven Ricardo llamó la atención de “El Divino”, bordando su prueba y demostrando que a pesar de su inactividad, seguía gozando de unas más que prometedoras condiciones para la práctica del fútbol. Sin embargo, su condición de preso político, unido a la negativa del alcaide de dispensarle un permiso especial para fichar por los atléticos, le privó de la oportunidad de su vida, de llegar a jugar en uno de los mejores equipos del fútbol español de la época.

El Real Santander llama a su puerta

Tras cumplir su encarcelamiento con resignación, Ricardo volvió a practicar el fútbol en el santanderino T.A.S.A., un conjunto de corte empresarial, que le sirvió para recuperar el tono competitivo perdido en parte durante sus años de presidio.

No tardó “Cardín” en llamar la atención de los ojeadores del Racing de Santander, por entonces denominado Real Santander; quienes no dudarían en fichar al joven talento cántabro, que debutaría en la Tercera División, equivalente a la actual Segunda B, un 6 de febrero de 1944, frente al Deportivo Tanagra. El resultado fue un abultado empate a tres tantos y cuya formación inicial sería la compuesta por: Martínez, Suárez, Chuci, Modesto, Izquierdo, Astobiza, Pedrín, Retamar, Soberón, Llona y Jandro.

Eran momentos duros en plena depresión; en el que los aficionados racinguistas no terminaban de asumir que su equipo estuviese jugando en la Tercera División. Fue una durísima campaña, en la que se enfrentaron a rivales teóricamente inferiores al Racing, pero en los que se crecían por la motivación extra de enfrentarse al conjunto montañés.

Aquella misma temporada, el Real Santander ascendería a la Segunda división, tras resultar victorioso en una promoción en la que se desembarazaron del CD Cacereño, del Club Ferrol y del CD Logroñés. Un gol de Soberón ante al Ferrol en los Campos de Sport del Sardinero, se convirtió en todo un homenaje para la afición que veía cómo su equipo retornaba a la división de plata.

En la temporada siguiente el Racing se reforzó con la idea de intentar retornar a la máxima categoría lo antes posible. Gabriel Andonegui era el técnico elegido por la directiva para tomar el mando del equipo, entrenador que a la larga sería el principal motivo por el que “Cardín” abandonaría la disciplina racinguista.

La aclimatación a la nueva categoría no fue sencilla para los racinguistas, que comenzaron la temporada ocupando los últimos puestos de la tabla; pero a medida que avanzaba la temporada, el equipo se fue entonando y a pesar de ser un conjunto irregular, finalizó la campaña en una discreta sexta posición.

 Cuentan las crónicas de la época, una curiosa historia recogida en las memorias de todo un mito como Telmo Zarra, máximo goleador de la historia de la Primera División Española, con 252 goles; de la Copa, con 81 tantos y del Athletic Club de Bilbao con 333; formando parte de la conocida como la “segunda delantera histórica” junto a Iriondo, Venancio, Panizo y Gaínza. Corría un 11 de noviembre de 1945 y aprovechando un parón liguero, el conjunto bilbaíno visitaba los antiguos Campos de Sport del Sardinero para jugar un amistoso frente al Racing de Santander. El encuentro finalizó con un 5 – 7 para los vascos y aquella tarde Zarra batió 5 veces la puerta defendida por “Cardín”. Uno de esos tantos, fue reconocido por el propio Telmo Zarra, como el mejor gol de toda su dilatada carrera como futbolista. El ariete vasco remató en plancha de cabeza un centro medido, hallándose fuera del área; conectando un auténtico obús que se dirigió inexorablemente a la escuadra defendida por Ricardo, cuya estirada no pudo desviar el potente testarazo del delantero internacional. El gol, fue recordado durante décadas en la vecina Bilbao, como el golazo que Zarra le había marcado al Racing; sin duda un gol para la leyenda del meta montañés.

La temporada 45 – 46 Martínez fue testigo del ensanchamiento de la tribuna de los Campos de Sport. En lo deportivo, el equipo se mantuvo en una discreta posición intermedia en la tabla y Ricardo comenzó a dejar de ser titular en el equipo, lo que produjo una creciente tensión con el técnico racinguista; que motivó la salida del guardameta al final de la campaña para firmar por el Cádiz CF.

Comienza una vida de trotamundos del fútbol

Tras una temporada en el club gaditano, retornó a Cantabria, para formar parte durante dos temporadas del Barreda Balompié.

En 1948, “Cardín” aceptó una buena oferta económica para desplazarse a Andújar y fichar por el Iliturgi CF; donde comenzó a trabajar en una empresa local, recomendado por su nuevo club. Sin embargo, motivado por el traslado de la sede de la empresa a Málaga; Ricardo decidió cambiar de equipo y firmar por el Atlético Malagueño, club en el que colgaría sus guantes en el año 1952.

Entrenador vocacional

Un nuevo traslado de su empresa, esta vez a Gijón, le impulsó a comenzar su nueva carrera como entrenador de fútbol, debido a que el gusanillo del balompié no le dejaba de perseguir. De esta manera, se hizo cargo del UC Ceares.

Más adelante, ya encontrándose en su tierra natal, prosiguió su carrera de entrenador en la SD Unión Club de Astillero. En los años siguientes dirigiría al Madrid CF; CD Castilla; CD Callealtera y el Liaño CF, que se convertiría en el último equipo de “Cardín” en su aventura en los banquillos.

Hay vida fuera del fútbol en activo

A pesar de no volver a entrenar por decisión propia, Ricardo no se desligaría del mundo del fútbol, sino que como presidente de la asociación de veteranos de la SD Unión Club, contribuyó decisivamente a la puesta en marcha en el año 2004, del primer campeonato regional de veteranos, con otros clubes como el CD Naval, la RS Gimnástica de Torrelavega y el Castro FC.

Su último homenaje se lo dedicó el Real Racing Club de Santander, el pasado 21 de septiembre del 2010; cuando el por entonces presidente de la entidad racinguista, Francisco Pernía, le invitó a visitar los nuevos Campos de Sport del Sardinero, para homenajearle y hacerle entrega de una camiseta del Racing con las firmas de todos los integrantes de la plantilla, como uno de los dos únicos supervivientes del Racing de la postguerra.

El pasado 11 de diciembre falleció en Santander, a la edad de 97 años, en el hospital Marqués de Valdecilla, en Santander.

Seguramente se encontrará esté donde esté, haciendo lo que más le gustaba, jugar y hablar de fútbol con sus amigos; disfrutando de lo que fue su auténtica vida y su pasión, enfundándose los guantes y colocándose en su hábitat natural, debajo de los tres palos que marcaron su existencia.

Desde estas líneas, mi más sincero homenaje, para este jornalero del fútbol, que era mi abuelo y que aunque desconocido para el gran público, no pudo coger en su día el tren del éxito, por un golpe del destino.

Descanse en paz.

Fotos interiores: Wikipedia ( Ricardo Zamora en acción en su época dorada ); El País ( Telmo Zarra en uno de sus partidos vistiendo la casaca rojiblanca ) y web oficial del Real Racing club de Santander ( Ricardo Martínez saludando al expresidente racinguista, Francisco Pernía ).

Fuentes: Agradecer su colaboración a los historiadores del Racing de Santander, José Manuel Holgado y Raúl Gómez Samperio; quienes nos han facilitado la información necesaria para elaborar este reportaje, con material inédito integrante del primer volumen sobre la historia centenaria del Racing de Santander, que próximamente verá la luz coincidiendo con el año del centenario verdiblanco.

 

 

 

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